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The Goal is Sacred Space

Naniette Coleman's picture
People in Saint-Louis, Senegal. © Ibrahima BA Sané/World Bank
Un grupo de mujeres y niños en Saint-Louis, Senegal. © Ibrahima BA Sané/Banco Mundial.

Se necesita una inversión enorme para alcanzar el ambicioso objetivo de poner fin a la pobreza extrema en 2030 e impulsar la prosperidad compartida. Según algunos cálculos, lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) tendría un costo de USD 4,5 billones anuales, y obviamente esto no lo podremos hacer solo con financiamiento público. Para ser más claro: los países podrán alcanzar los ODS y mejorar las vidas de sus ciudadanos si recaudan más ingresos internos y atraen más financiamiento privado y soluciones privadas que complementen y movilicen fondos públicos y asistencia oficial para el desarrollo. Este enfoque se denomina “maximizar el financiamiento para el desarrollo”.
 
Recientemente, miembros de equipos de proyectos presentaron cinco casos que respaldan dicho enfoque, compartiendo experiencias de la vida real y datos sobre el impacto en el desarrollo. Estos casos provienen de todo el mundo, desde Colombia a África occidental y las Islas Salomón, y me llenan de optimismo. Me gustaría compartir dos de esos ejemplos que realmente tuvieron resonancia.