Syndicate content

Senegal pone a prueba el financiamiento del carbono para conectar a las personas a la electricidad

Kirtan Chandra Sahoo's picture
Esta página en: English | Français
La Sra. Sokhna Ndaw nos muestra su heladera en la aldea de Dioly, ubicada en la comunidad de Diokoul Mbelbouck en la región de Kaffrine.

En marzo de 2016, visité junto con unos colegas varias aldeas de la región de Kaffrine, en Senegal, donde se han otorgado licencias a empresas privadas para que suministren servicios comerciales de electricidad. Las conversaciones que mantuvimos con los habitantes nos permitieron llegar a dos conclusiones muy claras. El costo inicial de conexión a la red era demasiado elevado para muchas personas pobres y el costo de la electricidad que ofrecían las empresas privadas (o “concesionarias”) era, en varios casos, más alto que el del servicio ofrecido por el Gobierno en zonas aledañas.

Aproximadamente 1100 millones de personas en todo el mundo todavía carecen de acceso a la electricidad, lo que afecta gravemente su vida y sus medios de subsistencia. Incluso en las zonas rurales donde existen servicios eléctricos y soluciones relacionadas con la electricidad, los pobres a menudo no pueden acceder a ellos por un motivo de costos. Como consecuencia, en los hogares pobres se emplean fuentes de energía menos onerosas, pero más contaminantes, como madera, carbón y lámparas de queroseno, para tareas cotidianas básicas como cocinar y necesidades esenciales como iluminación y calefacción, lo que contribuye al cambio climático y genera un impacto negativo en su salud y educación.

Los Gobiernos han enfrentado el problema de la asequibilidad de distintas maneras. Una solución habitual es subsidiar el costo de la electricidad para los pobres de las zonas rurales. Si bien esta medida sin duda mejora la accesibilidad, conectarse a la red sigue siendo demasiado caro para quienes se encuentran en la base de la pirámide. Los países africanos en general, y Senegal en particular, no son la excepción. Incluso después de tres años de concesiones en manos de empresas privadas, hasta el momento se han efectuado apenas 9600 conexiones nuevas, lo que evidencia el gran desafío que se avecina.

Para hacer frente a este tipo de problemas, los países buscan soluciones financieras específicas: este fue el motivo de nuestra visita a Senegal. Estábamos conversando con la Agencia Senegalesa de Electrificación Rural (ASER) sobre una nueva manera de utilizar vales para ayudar a las personas a pagar el costo inicial de la instalación de los equipos y la conexión a la electricidad.
 
Cuando se pasa de una fuente de energía más contaminante a una más limpia, se reducen las emisiones de gases de efecto invernadero y se generan créditos de carbono que son adquiridos por la Iniciativa del Carbono para el Desarrollo (Ci-Dev) del Banco Mundial, (i) generando así un flujo de ingresos que, a su vez, ayuda a pagar el sistema de vales. Tanto este uso de los vales como el financiamiento del carbono para pagarlos e incentivar la reducción de las emisiones son únicos en el sector eléctrico.

Es muy emocionante ver la oportunidad de diseñar una solución que no solo ayuda a los pobres a conectarse a la electricidad sino que también brinda incentivos financieros para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Está claro que el acceso a la energía eléctrica cambia la vida de las personas. Una de las personas que entrevistamos durante nuestra visita a Dioly, la Sra. Sokhna Ndaw, nos mostró su heladera, donde almacena las bebidas gaseosas y los helados que vende en la aldea. 

Otro caballero, que había emigrado a Dubai en busca de empleo, había regresado a su lugar de nacimiento y establecido un molino harinero cuando se habilitó el acceso a la electricidad. Al escuchar sus historias recordé mi infancia en Odisha, India, donde la electricidad llegó a mi aldea cuando estaba en la escuela secundaria. Nuestra familia no podía conectarse porque era demasiado caro: nuestro vecino no permitía que los cables eléctricos atravesaran su propiedad, y para desviarlos se requería pagar por postes y cables adicionales que encarecerían mucho toda la inversión. Cuando era niño, me preguntaba por qué el Gobierno sencillamente no ofrecía electricidad gratuita para todos.

Las ideas en torno a la sostenibilidad han avanzado con los años, pero el desafío de muchos pobres continúa. Al ver personas en Senegal con los mismos problemas que yo enfrenté hace más de tres décadas en India, comprendí que en algunos sectores los avances en materia de desarrollo no se producen con suficiente rapidez. 

Nueve meses después de nuestra visita, estamos de vuelta en Dakar, en esta oportunidad para firmar un contrato de compraventa entre ASER y el Banco Mundial por los créditos de carbono que generará el proyecto. Según el diseño actual del plan, el subsidio a la conexión se entregará directamente a los hogares mediante “vales de efectivo”. Las familias presentan los vales ante las concesionarias privadas en parte de pago por los costos iniciales de cambiarse a una energía eléctrica más limpia suministrada por la red o bien a través de tecnologías sin conexión a la red (por ejemplo, una minirred alimentada por paneles solares). La concesionaria, a su vez, presenta el vale ante ASER para recibir un reembolso con fondos de Ci-Dev.

La solución favorece a los pobres. Si bien beneficia a todos los hogares rurales de una zona atendida, los más pobres pueden cubrir una proporción mayor del cargo de conexión con el vale: hasta el 85 % aproximadamente, según el nivel de servicio que elijan, acorde a sus necesidades y posibilidades. Los vales de efectivo canjeables brindan a los hogares la facultad de elegir lo que sea más adecuado para ellos. 
 
Si bien se trata de un programa piloto, resulta alentador que el Gobierno de Senegal esté apreciando el potencial del financiamiento del carbono para generar nuevas soluciones que ayuden a los pobres. Estoy ansioso por regresar a Dioly y ver cómo está funcionando, y replicar el concepto en otros lugares si resulta exitoso.

Añadir nuevo comentario