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“Bootcamps”: aumentan las expectativas de las niñas en los campos de matemáticas, ciencia y tecnología

Juliana Guaqueta Ospina's picture
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A Laboratoria classroom in Peru
Laboratoria, organización sin fines de lucro que dirige cursos de seis meses para niñas de familias de bajos ingresos que enfrentan barreras para acceder a la educación superior. Foto: Laboratoria

Los cursos intensivos o “bootcamps” para aprender programación y otros conocimientos computacionales y conectar directamente a los estudiantes con las oportunidades de empleo son cada vez más populares. En Estados Unidos, ya existen más de 90 “bootcamps”, (i) y estos también se afianzan en América Latina, ayudando a cerrar las brechas de género y de habilidades que se observan en la región.

Hace poco, visité un “bootcamp” para niñas en Lima, Perú. Al entrar a la sala de clases, me impresionó ver a las estudiantes que afanosamente estaban programando. Ellas compartieron sus sueños conmigo: llegar a ser una programadora con amplios conocimientos para trabajar en un variado rango de tecnologías informáticas; convertirse en una diseñadora UX; aprender inglés, y trabajar en Facebook o Google.

Ellas estudian en Laboratoria, una organización sin fines de lucro que ofrece cursos de seis meses, con clases diarias de ocho horas de duración. Laboratoria se concentra en niñas de familias de bajos ingresos que enfrentan grandes obstáculos para acceder a la educación superior.

Oír sus historias de cómo superan estas barreras fue alentador e inspirador. Muchas de ellas crecieron pensando que para trabajar en el sector tecnológico necesitaban conocimientos de matemáticas que no estaban a su alcance. Algunas viven en las afueras de Lima y se demoran entre dos y tres horas en llegar a clases.

Gracias a los cursos, han aprendido a crear sus primeros sitios web, aplicaciones y juegos. Pueden entonces ingresar al mercado laboral con las habilidades técnicas que los empleadores piden. Del mismo modo, adquieren confianza para desempeñar trabajos que requieren conocimientos de matemáticas.

Laboratoria se financia con recursos de donantes externos y contribuciones de las estudiantes graduadas que ya trabajan. Al mismo tiempo, las empresas que contratan a las alumnas han empezado a pagar por el servicio de colocación laboral. Más del 75 % de las estudiantes consigue empleo como programadoras, lo que habitualmente les permite triplicar sus ingresos.

En un periodo de dos años, 400 niñas se han graduado de Laboratoria, y la organización se ha expandido a Chile y México. La fundadora, Mariana Costa Checa, dio a conocer la historia del emprendimiento en la Cumbre Mundial de Emprendedores realizada en la Universidad de Stanford en junio pasado. Participó en un panel (i) con el creador de Facebook, Mark Zuckerberg, que fue moderado por el entonces presidente de Estados Unidos, Barack Obama.

Iniciativas de este tipo son muy bien acogidas en América Latina. De acuerdo a un reciente informe del Banco Mundial, 1 de cada 5 jóvenes en la región no trabaja ni va a la escuela. Se les conoce como “ninis” (ni estudian ni trabajan). “El perfil típico del nini en América Latina es una mujer que no ha terminado la educación secundaria y vive en un hogar urbano pobre localizado en el 40 % inferior de la distribución del ingreso”, según la publicación.

En las últimas evaluaciones (i) PISA de la OCDE en las áreas de ciencia, matemáticas y lectura, América Latina fue una de las regiones que obtuvo los peores resultados. Aproximadamente la mitad de los estudiantes secundarios latinoamericanos aún no logra el nivel mínimo de suficiencia en matemáticas y ciencia. En un estudio (PDF, en inglés) de la OCDE sobre estos resultados se concluyó que si bien las diferencias de género en ciencia tienden a ser pequeñas, las niñas todavía tienen poca representación en la proporción de aquellos con mejor rendimiento en dicho campo.

Después de mi viaje a Laboratoria, me dirigí a Argentina para visitar un “bootcamp” en Buenos Aires llamado Digital House (DH). Según un artículo publicado en el diario argentino La Nación, el sector de TI local solo puede cubrir alrededor de la mitad de los 7000 puestos de trabajo que se necesitan cada año. DH fue fundado por empleadores que se sentían frustrados con la escasez de calificaciones observada entre los graduados universitarios. Aumentar las expectativas de las niñas para que participen en campos relacionados con la tecnología es también una prioridad para DH, donde aproximadamente la mitad de los estudiantes son mujeres.

DH ha forjado valiosas alianzas entre los sectores público y privado. Tuve la suerte de ver su hackatón, un evento de dos días auspiciado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de Argentina. En el encuentro, los estudiantes participaron en una competencia para desarrollar aplicaciones relacionadas con innovaciones financieras.

Estos dos emprendimientos, con modelos de negocios distintos y dirigidos a grupos demográficos diferentes, son igualmente prometedores. Ambos empoderan a los estudiantes para que transformen sus vidas y participen en la revolución digital, la que aún es muy remota para muchos.

Creo que los “bootcamps”, al incentivar los emprendimientos, ayudar a reducir la falta de personal calificado y aumentar las expectativas entre las niñas de lo que pueden hacer en los campos de las matemáticas, la ciencia y la tecnología, son una iniciativa positiva que debería ser promovida en todos los mercados.
 
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