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Brasil

La violencia de género y la infección por el VIH, dos epidemias que se interconectan en Brasil

Kristin Kay Gundersen's picture

Cada 15 segundos, (i) una mujer es víctima de violencia en Brasil, (i) y el 23 % de todas las mujeres brasileñas (PDF, en portugués) sufre violencia durante algún periodo de su vida. Las consecuencias que experimentan las víctimas de la violencia de género son numerosas y evidentes, sin embargo no han sido abordadas de manera amplia en el país. Esto conduce a la siguiente pregunta: ¿Las víctimas de violencia de género tienen un mayor riesgo de contagiarse con el VIH en Brasil?


En Brasil, 730 000 personas viven con VIH, (i) el mayor número de habitantes en América Latina y el Caribe. Brasil se encuentra, además, entre los 15 países (i) que representan el 75 % del total de personas contagiadas con VIH en todo el mundo. Aunque la epidemia de VIH en Brasil se califica como estable a nivel nacional, la incidencia aumenta en varias regiones geográficas y entre subgrupos de mujeres. (i)
 
Las tasas de violencia contra la mujer son especialmente altas en las regiones sudoriental y meridional (PDF, en portugués) del país. Estas regiones también tienen la mayor prevalencia de VIH, representando el 56 % y el 20 % de todas las personas que viven con VIH (i) en Brasil, respectivamente. En Brasil, la violencia y el VIH están claramente vinculados. (i) El 98 % de las mujeres que viven con VIH en Brasil denuncia haber sufrido violencia durante su vida y el 79 % haber padecido violencia antes de recibir su diagnóstico de VIH.

A pesar de estas estadísticas, existen pocas investigaciones en Brasil sobre la relación entre la violencia contra la mujer y el VIH. Por ello, un equipo binacional de investigadores de la Universidad de California (San Diego), la Universidad de Campinas (São Paulo) y la Universidad de Rio Grande do Sul (Porto Alegre) llevó a cabo un novedoso estudio para investigar estas epidemias que se interconectan.
 
La investigación se centra en las regiones de Brasil que registran las tasas más altas de violencia contra la mujer y la mayor prevalencia de VIH: São Paulo en la región sudoriental y Porto Alegre en la región meridional.

 En la investigación se combinaron dos estudios poblacionales realizados en São Paulo y Porto Alegre y en los que se utilizaron metodologías de muestreo idénticas. Se seleccionaron mujeres de entre 18 y 49 años de edad en centros de salud pública, incluidas 2000 mujeres de São Paulo y 1326 de Porto Alegre. A estas mujeres se les consultó sobre la victimización y los factores socioecológicos en el acceso a servicios de salud preventiva, con el fin de recopilar datos exhaustivos acerca de estas materias.

Por qué poner fin a la violencia es un imperativo del desarrollo

Ede Ijjasz-Vasquez's picture

Cada año, alrededor de medio millón de personas son víctimas de homicidios intencionales. Esto significa que se pierde una vida cada minuto debido a la violencia en todo el mundo.
América Latina y el Caribe es una de las regiones más afectadas por la violencia crónica. Hoy, en la región se registra una tasa promedio de 24 homicidios por cada 100 000 habitantes, es decir más del doble del umbral de violencia endémica que establece la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Si la violencia es una epidemia, los jóvenes constituyen, por una gran diferencia, el grupo más grande en situación de riesgo. En América Latina, el índice de homicidios de hombres de entre 15 y 24 años de edad llega a ser de 92 por cada 100 000 habitantes, casi cuatro veces el promedio regional. Los jóvenes de entre 25 y 29 años, predominantemente varones, son también los autores principales de delitos y actos de violencia, según un próximo informe del Banco Mundial.

La violencia endémica se traduce también en menos productividad, peores resultados en materia de salud y elevados costos de seguridad. Los costos acumulados de la violencia son enormes (representan hasta el 10 % del PIB en algunos países), y tienen consecuencias negativas a largo plazo en materia de desarrollo humano, social, económico y sostenible.

Poner fin a la violencia no solo es un deber en los ámbitos del derecho y la justicia, sino también un imperativo del desarrollo.

La buena noticia es que la violencia se puede prevenir. Por ejemplo, ciudades como Medellín en Colombia y Diadema en Brasil lograron reducir considerablemente la tasa de homicidios en las últimas décadas, gracias a soluciones ajustadas a sus situaciones específicas y respaldadas por análisis de datos sólidos y un enfoque que incluye a “toda la sociedad”.

En este video, analizaremos por qué la violencia es una cuestión de desarrollo importante; cómo los países y las ciudades pueden combatir eficazmente la violencia y el delito, y qué iniciativas están llevando a cabo el Banco Mundial y sus asociados a fin de garantizar condiciones de seguridad y oportunidades para todos, en especial los jóvenes y las personas pobres que viven en zonas urbanas.


Enlaces relacionados:
Artículo: Violencia urbana: un problema con proporciones de epidemia
Artículo: La violencia en América Latina: ¿una epidemia peor que el ébola o el sida?
Blog: Obstáculos para el desarrollo: ¿qué datos sobre la fragilidad, los conflictos y la violencia están disponibles?


 

Así siembran la tecnología los pequeños agricultores de Brasil

Diego Arias's picture
Cleyton, Osni and Zenaide Meyer
La familia Meyer de Anitápolis, Santa Catarina
 

Despertarme con el graznido de unos gansos frente a mi puerta no era lo que imaginaba para comenzar el día. El ordeño de las 6 de la mañana, cuando la temperatura se acercaba a los 0°C, se vislumbraba como una desalentadora tarea inicial en mi pasantía de 12 horas como agricultor familiar en Santa Catarina, Brasil.

Salí de la habitación con varias capas de ropa encima y fui recibido con un mate caliente servido por Zenaide Meyer. Junto a su esposo, Osni, y su hijo, Cleyton, Zenaide administra una granja en Anitápolis, un municipio rural a unos 100 kilómetros al oeste de Florianópolis, capital del estado.

El propósito de mi visita era entender cómo un agricultor familiar toma decisiones con respecto a la adopción de nuevas tecnologías. La producción láctea es la principal actividad de los Meyer, aunque también crían tilapias en lagunas artificiales, así como gallinas, cerdos, árboles frutales y maíz para alimentar a sus vacas.

En 20 minutos ya habíamos ordeñado 40 vacas con los nuevos equipos que adquirió la familia hace dos meses, con el apoyo del programa Santa Catarina Rural. Anteriormente, debían recurrir al lento y trabajoso proceso de ordeñar las vacas a mano. “Decidimos adoptar este sistema automatizado no solo para mejorar la productividad y calidad de la leche, sino también porque Zenaide y yo estábamos teniendo problemas de espalda”, dijo Osni.

En la estación de alimentación de las vacas, la familia también invirtió en mejoras, pero esta vez fue Cleyton quien introdujo una nueva tecnología que controla mejor la nutrición del ganado y ayuda a prevenir las dolencias a las que están expuestas por el ordeño.

Con apenas 20 años, Cleyton participó de un entrenamiento para jóvenes agricultores que también contó con el apoyo del programa. “Después del curso, pude ver que con una inversión relativamente pequeña en equipos nuevos podía ahorrar en alimento y también reducir el número de vacas que sufren infecciones”, explicó Cleyton.

Otras granjas familiares en Anitápolis adoptaron nuevas tecnologías en los últimos años. Como resultado parcial de esto, en la última década se triplicó la producción de leche y la ciudad es ahora uno de los principales centros lácteos de Santa Catarina.
 

Una historia de resiliencia: Desde un viaje en un bote de goma en el mar a nadar en las Olimpíadas de Río

Bassam Sebti's picture


Un frío día en octubre de 2015, Rami Anis, de 24 años de edad, se subió a un bote de goma en el mar Egeo en Turquía. Su destino era Europa, y su meta era tener una vida mejor lejos de la guerra y el sufrimiento.

Al mirar a las personas que lo rodeaban en el bote, se horrorizó. Eran niños, hombres y mujeres. Nunca dejó de pensar que era probable que no lo consiguieran, aun cuando él es un nadador profesional.

“Porque con el mar no puedes jugar”, dijo el refugiado sirio.

Pero el 11 de agosto, en vez de estar preocupado de nadar en el mar, Rami participará en las competencias de natación en las olimpíadas. Él arribó de manera segura a Bélgica después de días de realizar un viaje desgarrador, desde Estambul a Esmirna; y luego de Esmirna a Grecia, antes de emprender una caminata a través de Macedonia, Serbia, Croacia, Hungría, Austria, Alemania y, finalmente, llegar a Bélgica.

Rami competirá en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro de 2016, como integrante del equipo olímpico de refugiados —el primero de su tipo— y marchará con la bandera olímpica inmediatamente antes de la nación anfitriona, Brasil, durante la ceremonia de apertura.

Las tecnofinanzas correctamente reguladas aumentan la inclusión y combaten los delitos cibernéticos

Joaquim Levy's picture

Luceildes Fernandes Maciel is a beneficiary of the Bolsa Família program in Brazil. © Sergio Amaral/Ministério do Desenvolvimento Social e Agrário

Las tecnofinanzas—o FinTech en inglés— están cambiando el sector financiero (i) en todo el mundo. También están facilitando que los servicios financieros lleguen a las familias de bajos ingresos que no han tenido los recursos para poder pagarlos o tener acceso a ellos. Las posibilidades y el impacto son muy amplios, como lo es el potencial de mejorar las condiciones de vida en los países en desarrollo.

Las finanzas comienzan a funcionar de modo diferente; hay nuevas maneras de recopilar, procesar y usar la información, que es la moneda principal del sector financiero. Un conjunto totalmente nuevo de actores empieza a operar en este sector. Por consiguiente, todas las áreas financieras —incluidos los sistemas de pago y la infraestructura, el crédito para los consumidores y las pymes, y los seguros— están cambiando.

Energía renovable, energía solar y proyectos de gran magnitud: Tendencias destacadas en nuevos datos sobre la participación privada en infraestructura

Clive Harris's picture

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Muchos de ustedes ya conocen la base de datos sobre la participación privada en el sector de infraestructura (PPI), (i) que administra el Grupo de alianzas público-privadas. Como un recordatorio para quienes no lo saben, esta base de datos es un recurso muy completo que incluye más de 8000 proyectos con participación privada en 139 economías de ingreso mediano y bajo en el periodo comprendido entre 1990 y 2015, y que abarca los sectores del agua, la energía, el transporte y las telecomunicaciones.

La inversión público-privada puede ayudar a reducir el déficit de infraestructura

Joaquim Levy's picture

TransMilenio buses near the Simon Bolivar station in Bogotá, Colombia. © Dominic Chavez/World Bank

El desarrollo de infraestructura se vuelve más interesante en un mundo en que la mayor parte de las principales economías registra un lento crecimiento y tasas de interés muy bajas. Construir infraestructura de buena calidad ayuda a estimular la actividad económica y la creación de empleos en el corto plazo y a aumentar el potencial y la capacidad de crecimiento de los países en el mediano plazo. También contribuye a elevar los niveles de confianza, un aspecto fundamental para la estabilidad macroeconómica.

Las políticas de vivienda que cambian las vidas de los latinoamericanos

Luis Triveno's picture

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Para mejorar el acceso a la vivienda en las zonas urbanas, desde los años ochenta varios países de América Latina han decidido apostar por los subsidios para la cuota inicial de la compra de una vivienda nueva. ¿Han funcionado? ¿Han llegado a las familias que más lo necesitan? ¿Podrán utilizarse para promover la renovación urbana que tanto necesitan nuestras ciudades?

Para responder estas preguntas e intercambiar experiencias, los funcionarios precisamente a cargo de diseñar e implementar políticas de vivienda en 8 países de América Latina (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, México, Paraguay y Perú) se reunieron recientemente en Washington DC con representantes del Banco Mundial, Cities Alliance, The Urban Institute y del Programa de Housing Finance de Wharton.


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