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Burundi

Artistas desentrañan historias sobre el desplazamiento en exposición realizada en el Banco Mundial

Juliana J Biondo's picture
Installation shot of Unpacked, a mixed media sculpture by Mohammad Hafez and Ahmed Badr. © Bassam Sebti/World Bank
Fotografía de la obra Unpacked, una escultura de técnica mixta de Mohammad Hafez y Ahmed Badr. © Bassam Sebti/Banco Mundial

El Grupo Banco Mundial aumenta el apoyo (i) a los refugiados, los desplazados y las comunidades que los acogen, y en este contexto el Programa de Arte del Banco Mundial organizó la exposición de arte multidimensional titulada Uprooted: The Resilience of Refugees, Displaced People and Host Communities (Desarraigados: La resiliencia de los refugiados, los desplazados y las comunidades de acogida) para aportar una perspectiva única. En esta exhibición se presentaron obras de artistas afectados por la crisis de refugiados, o de artistas que han sido refugiados.

Artist Marina Jaber from Iraq. © Bassam Sebti/World Bank
Artist Marina Jaber from Iraq. 

En la exposición Uprooted, que incluyó obras de arte visual (i) y actuaciones musicales, (i) participaron más de 30 artistas de Bangladesh, Pakistán, Colombia, Líbano, Iraq, Siria, Jordania, la República Centroafricana, Burundi y Guinea. Las obras de los artistas cuestionaron el impacto de la transitoriedad en las vidas de las personas y en las comunidades.

Una piedra angular de la exposición fue la construcción de una caseta para evocar los albergues que se encuentran en lugares como el campamento de refugiados de Azraq en Jordania. Todos los costados de la caseta fueron adornados con murales pintados por los siguientes artistas: Suhaib Attar de Jordania e hijo de padres refugiados palestinos; Marina Jaber de Iraq, un país con millones de desplazados internos; Diala Brisly, una refugiada de Siria, y Didier Kassai de la República Centroafricana, un país en el cual la violencia y la guerra han obligado a cientos de miles de personas a desplazarse.

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Valerie Lorena's picture


El viaje en barco desde Port Elizabeth a Kingstown, en el país caribeño de San Vicente y las Granadinas, es un trayecto de una hora que los lugareños hacen varias veces al día. Durante uno de estos viajes cotidianos, el barco de Kamara Jerónimo, un joven pescador sanvicentino, se quedó sin gasolina aproximadamente a seis millas de la ciudad de Bequia,  lo que se conoce localmente como el "Canal de Bequia". Mientras esperaba ayuda, bajo el sol inclemente y en medio de fuertes ráfagas de viento, nació la idea de desarrollar un barco movido por energía solar y eólica. Poco después, la idea se convirtió en prototipo; el barco movido por tecnología "verde" estaba en el agua, y su joven creador –de apenas 20 años-  se convirtió en ganador de concursos internacionales de innovación y en un modelo a seguir para otros jóvenes del Caribe.

En México, Daniel Gómez, un joven ingeniero, dirige una compañía multimillonaria de bio-diesel, originalmente concebida como un proyecto de investigación para su clase de química en la escuela secundaria. Gómez y sus socios - Guillermo Colunga, Antonio López, y Mauricio Pareja - fundaron SOLBEN (Soluciones en Bioenergía) poco después de cumplir 20 años.

Aunque Daniel y Kamara tienen diferentes niveles educativos, comparten una habilidad importante: la capacidad de identificar un problema, desarrollar una solución innovadora, y llevarla al mercado. En otras palabras, ser un empresario, una opción de ser económicamente activo que parece estar funcionando. Y no solo para unos pocos.

Los jóvenes de 15 a 29 años representan más de un cuarto de la población total del mundo. En promedio, tienen niveles de educación superior, se casan y comienzan familias más tarde que las generaciones de sus padres. Además, son conocidos por tener –más que nunca- acceso a, y conocimiento de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC).

Consolidar la paz y eliminar la violencia contra las mujeres y las niñas

Sri Mulyani Indrawati's picture
Sri Mulyani Indrawati habla con la abuela de un paciente en el hospital HEAL Africa. Cerise Stoltenberg / HEAL Africa

En algún lugar dentro del inmenso Hospital HEAL Africa, (i) en la ciudad de Goma ubicada en la región oriental del Congo, hay una pequeña sala donde las mujeres se recuperan de las lesiones que sufrieron durante partos complicados y ataques de violencia sexual. Cuando entré vi a Muwakeso, una anciana de aspecto frágil que estaba sentada en una silla junto a una cama. Me tomó un momento darme cuenta de que ella no era la paciente, sino que su nieta Sakina, de 3 años, que estaba acurrucada en la cama como un pequeño ovillo debajo de una sábana.
 
Sakina fue sedada completamente para que no sintiera dolor tras la segunda de tres intervenciones quirúrgicas importantes a la que fue sometida para reconstruir partes inferiores de su cuerpo, luego que sufriera un ataque terrible hace aproximadamente un año. Muwakeso recuerda que cinco hombres vestidos de civil se acercaron a su casa y la golpearon. Antes de perder el conocimiento oyó que Sakina gritaba. La pequeña niña fue violada, pero Muwakeso no sabe por cuántos hombres y Sakina no puede decirlo.

Renovado compromiso con las mujeres comerciantes tras una visita a África occidental

Cecile Fruman's picture

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Recientemente regresé de un viaje a África occidental, durante el cual crucé en automóvil la frontera entre Benin y Nigeria por el puesto fronterizo de Seme. Mientras esperábamos que nuestros pasaportes fueran sometidos a prolongados controles y sellados, observé la intensa actividad de los numerosos coches, motocicletas y peatones que pasaban.

En efecto, la mayoría de las mujeres estaban de a pie, y eran las que debían soportar los exámenes más intensos. Mientras los hombres en motocicleta podían abrirse camino a embestidas, negándose a reducir la velocidad, todas las mujeres tenían que pasar por un paso estrecho donde eran sometidas a interrogatorios y requerimientos de documentos. Era bastante evidente que a las mujeres se les pedían sobornos que los hombres podían evitar pasando de largo. Había leído sobre cómo las mujeres padecen un acoso más intenso en los cruces fronterizos y esta experiencia me permitió comprobarlo muy vívidamente.

Me hizo estar agradecida por toda la labor que estamos realizando en el Grupo Banco Mundial para ayudar a las mujeres comerciantes en el continente africano.

Si quiere ayudar a combatir la violencia contra las mujeres, póngase en el lugar de las víctimas

Caren Grown's picture

Su nombre es Sarah. Usted vive en Nueva York, o tal vez en Nairobi, donde divide su tiempo entre cuidar a su familia y crear una pequeña empresa. Su vida es más cómoda que la de su madre, y las perspectivas de sus hijos son más favorables de lo que podría haber esperado. Hasta que un día su marido enfurece de celos y la golpea gravemente.

Poco después él está controlando sus llamadas telefónicas y sus movimientos, denigrándola y lastimándola. A veces se disculpa, y usted espera que las cosas mejoren. Pero cuando se entera de que va a abrir una cuenta bancaria a su nombre, le incendia su tienda, destruyendo su único camino hacia la independencia. ¿A quién puede recurrir, si sus amigos y familiares le dicen que es afortunada de tener un marido que trabaja, y la policía, los clérigos y los servicios jurídicos no la apoyan ni la amparan? Sus opciones son pocas y peligrosas, tanto para usted como para sus hijos.

Tasa media de fecundidad a nivel mundial se redujo a la mitad con 2,5 nacimientos por mujer entre 1960 y 2012

Emi Suzuki's picture

Había más de 7000 millones de personas en el planeta en 2013. Si bien esta es la cifra más alta de la historia, la tasa de crecimiento de la población ha ido disminuyendo de manera constante, en parte debido a la reducción de las tasas de fecundidad. El 11 de julio, se celebra el Día Mundial de la Población, y por esta razón me gustaría tratar el tema de las tasas de fertilidad, un componente clave del crecimiento de la población.
 

Figure 1

 

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Es momento de acabar con la pobreza

Joachim von Amsberg's picture
Burundi: Ayuda a los más pobres tras 10 años de guerra civil (i)
El fondo del Grupo del Banco Mundial ayuda a los más pobres en Burundi a recuperarse luego de una guerra civil que duró 10 años y dejo unos 300 mil muertos. En un programa, el mundo le cambió a un agricultor, luego de que este recibiera a una vaca que le proveé a el y a su familia, leche, fertilizantes e ingresos adicionales.
Si hubieras visto lo pobre que era antes, verías que las cosas están mejorando.

Cuando escucho historias como la de Jean Bosco Hakizimana, un agricultor de Burundi (i), cuya vida fue transformada por una vaca, me entusiasma el cambio que podemos lograr entre todos. Los ingresos de Jean Bosco están mejorando, sus hijos comen mejor, su esposa tiene alguna ropa bonita, y sus campos de mandioca están dando mejores cosechas, y todo gracias a la leche y el fertilizante que produce esta vaca.

Una historia similar se está desarrollando en más de 2.600 comunidades de todo Burundi, ofreciendo una nueva vida a un pueblo que alguna vez fue diezmado por la guerra civil. Estos programas agrícolas comunitarios patrocinados por la Asociación Internacional de Fomento (AIF), el fondo del Banco Mundial para los más pobres, demuestran que el desarrollo no tiene por qué ser tan complicado y que el esfuerzo colectivo puede marcar la diferencia.