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Deportistas del equipo olímpico de refugiados: Un mensaje agridulce al mundo

Farhad Peikar's picture
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En el estadio Maracaná de Brasil, miles de espectadores estaban de pie, en puntillas, mientras que en el resto del mundo millones de jubilosos televidentes seguían las imágenes en directo del desfile del primer equipo olímpico de refugiados (identificado con el código ROT por el Comité Olímpico Internacional) durante la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016. Los 10 integrantes —seis hombres y cuatro mujeres— fueron seleccionados entre 43 posibles candidatos. El equipo está compuesto por cinco atletas de Sudán del Sur y uno de Etiopía, dos yudocas de la República Democrática del Congo y dos nadadores de Siria. Su inclusión en los actuales JJ. OO. ha sido uno de los momentos más esperanzadores del certamen, porque estos 10 deportistas, además de portar la bandera olímpica, llevaban consigo un mensaje de aliento a millones de jóvenes que han sido desalojados forzosamente de sus hogares.

Sin embargo, si bien hay mucho que celebrar y tantos a quienes congratular por esta iniciativa histórica sin precedente en el ámbito deportivo, en un mundo ideal no debería existir un equipo de esta naturaleza. Los escasos momentos de júbilo —exacerbados por nuestros gritos de aliento— no deberían ocultar la realidad del sufrimiento humano sin parangón que se vive en los campamentos de refugiados de todo el mundo. La mera existencia de un equipo como este nos recuerda que el mundo, en forma colectiva, ha sido incapaz de ayudar a más de 65 millones de desplazados (i) a regresar a sus hogares o a encontrar otro lugar que pueda convertirse en su hogar permanente. Estos deportistas representan a una comunidad que huye de conflictos regionales, guerras civiles, agresiones, genocidios, hambrunas, la pobreza y las enfermedades; algunas de estas situaciones están tan arraigadas, que parece difícil encontrar soluciones viables.

El ciclismo es cosa de todos

Leszek J. Sibilski's picture
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El maillot arco iris, el Giro de Italia, el Tour de Francia, o la Vuelta a España es lo que se nos viene a la mente cuando pensamos en el ciclismo. Sin embargo, el ciclismo de élite es sólo una pequeña parte de una rueda mucho más grande.
 
Según algunas estimaciones, ya hay más de dos billones de bicicletas en circulación en todo el mundo. Para el año 2050 ese número podría alcanzar los 5 billones. Más del 50 por ciento de la población sabe cómo montar en bicicleta. En China, el 37,2 por ciento de la población utiliza bicicletas. En Bélgica y Suiza, el 48 por ciento de la población las usa. En Japón, la cifra es del 57 por ciento, y en Finlandia del 60 por ciento. Holanda ostenta el récord de ser la nación con más bicicletas por habitante. También abundan los ciclistas en Noruega, Suecia, Alemania y Dinamarca. La capital danesa, Copenhague, es considerada como la mejor ciudad del mundo para los amantes de la bicicleta. Es conocida como la "Ciudad de los ciclistas", donde el 52 por ciento de la población utiliza una bicicleta para los desplazamientos diarios. Los ciclistas suelen gozar de mejor salud que aquellos viajeros que conducen vehículos de motor para ir a trabajar. Además tampoco se ven afectados por las decisiones de la OPEP sobre la producción de petróleo crudo o el precio del barril.

Demostración de la solidaridad pragmática a través de los deportes y más allá

Adam Russell Taylor's picture
Demonstrating Pragmatic Solidarity through Sports and Beyond
Los organizadores del Partido por la Paz presentan las camisetas de fútbol del papa Francisco. Crédito: Partido por la Paz.

El 1 de septiembre, las principales estrellas de fútbol de muchos credos se reunirán para jugar un decisivo Partido Interreligioso por la Paz (i)  apoyado por Connect4Climate (i) del Grupo del Banco Mundial. 
 
En su máxima expresión, el deporte posee el poder de sacar a relucir lo mejor del espíritu humano, especialmente en los momentos en que los atletas exhiben un notable trabajo en equipo y espíritu deportivo. Al reafirmar aspiraciones comunes, la religión y el deporte comparten la gran capacidad de reunir a las personas más allá de las fronteras de raza, nacionalidad, ingresos y otros aspectos. 

Si estás mirando la Copa Mundial de Fútbol, no querrás perderte esto

Pabsy Pabalan's picture
Team Burundi, Great Lakes Peace Cup
"El deporte tiene el poder de cambiar el mundo; tiene el poder de unir a la gente como pocas otras cosas".
- Nelson Mandela

Aunque no crecí viendo fútbol, debo reconocer que he desarrollado un interés por este deporte durante la presente Copa Mundial, una emocionante telenovela de un mes de duración. Y tal como yo, millones de personas estarán pegadas a sus televisores para ver el partido final de este domingo entre Argentina y Alemania. 

Por sobre las superestrellas y más allá de ellas, de los admiradores y de las polémicas, aprendí más sobre cómo este hermoso juego se usa para construir comunidades, superar divisiones sociales y culturales y promover la paz. Pareciera que los deportes tienen el poder de cambiar las vidas de las personas en el mundo, pero ¿cómo lo hacen?

“Marcar goles por la paz” es un documental sobre el poder sanador del fútbol. Cuenta las historias de Ismael, Safari y Okello —tres futbolistas aficionados africanos—, quienes compiten en la primera Copa por la Paz de los Grandes Lagos, (i) un torneo organizado por la región de África del Grupo del Banco Mundial.