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Finanzas y desarrollo del sector financiero

Por qué las empresas propiedad de mujeres podrían poner fin a la pobreza (y los números lo corroboran)

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En la República Democrática del Congo, Kany Mafuta tiene una pequeña empresa que produce harina de yuca. La demanda de su producto está en auge, pero no tiene los recursos para comprar nuevos equipos y ampliar la producción. Kany obtuvo un pequeño préstamo de un programa financiado por el Grupo Banco Mundial, y cuando buscó otras fuentes de capital, los bancos locales solo podían ofrecerle créditos con altas tasas de interés. Con capital adicional, Kany podría llegar a nuevos clientes, ayudar a cubrir una demanda insatisfecha de raíz de yuca y crear empleos que tanto se necesitan en un país con una tasa de desempleo extraordinariamente alta.

La historia de Kany repercute desde San Francisco a Shanghai y Senegal. Independientemente de que estén en la República Democrática del Congo produciendo harina de yuca o en Dakota del Norte produciendo harina de trigo, las emprendedoras enfrentan muchos obstáculos similares.

En el mundo, los emprendimientos propiedad de mujeres representan un poco más del 30 % de las empresas formales registradas. Necesitamos aumentar de manera considerable ese número, dado que las empresas de las mujeres crean empleos, y en última instancia nos ayudan a alcanzar mucho más rápido nuestro objetivo de poner fin a la pobreza extrema.

En América Latina y el Caribe el mercado manda

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En términos generales, está claro que las economías latinoamericanas y caribeñas sortearon con relativamente poco perjuicio los azotes de la crisis financiera global. Tras superar la turbulencia económica de 2008-09, el PIB de la región volvió a alcanzar tasas positivas y robustas en 2010.

Es más, este resurgimiento se vio reflejado en el sector privado. El valor agregado, como porcentaje del PIB, retornó a un crecimiento positivo en 2010 después de tasas negativas en 2009. En este período, el consumo del sector público se mantuvo a niveles relativamente fijos.

En otras palabras, si se quiere entender las tendencias económicas de América Latina y el Caribe, hay que mirar al sector privado.