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Jóvenes

Día Internacional del Migrante: impulsar la prosperidad a través de la movilidad

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Estamos en la antesala del inicio de una era de mayor movilidad. Foto: © Dominic Chavez/Banco Mundial.

En todas partes existen historias y anécdotas de cómo los migrantes contribuyen a nuestras economías. En un informe del McKinsey Global Institute, (i) publicado recientemente, se dieron a conocer algunas cifras. Los migrantes representan solo el 3,4 % de la población en el mundo, pero generan el 9,4 % de la producción mundial, o unos USD 6,7 billones. Esto es casi tanto como el volumen de los PIB combinados de Francia, Alemania y Suiza. Al compararse con lo que habrían producido si se hubieran quedado en sus países de origen, ellos aportarían USD 3 billones, es decir, aproximadamente la producción económica combinada de India e Indonesia.

Aprovechar la tecnología para que todas las personas en el mundo cuenten con un documento de identificación

Arathi Sundaravadanan's picture

Event Replay

 

Muchas personas no lo piensan dos veces cuando se les pide que muestren su identificación al abrir una cuenta bancaria o incluso mientras esperan en largas filas para obtener una licencia o forma de identificación. Sin embargo, para los 1500 millones de personas en todo el mundo que no tienen una forma de identificación, este es el primer obstáculo que enfrentan para completar estas tareas básicas, pero importantes.

#EsPosible poner fin a la pobreza

Christine Montgomery's picture

Acabar con la pobreza está a nuestro alcance. El porcentaje de personas que viven en pobreza extrema en el mundo ha caído a más de la mitad desde 1990, gracias a los esfuerzos sostenidos de innumerables individuos, organizaciones y naciones.

Show us how #ItsPossible.

Djibouti: el lugar donde confluyen el desplazamiento forzado y la migración

Varalakshmi Vemuru's picture
En el contexto de una próxima reunión de alto nivel de la ONU para analizar los grandes desplazamientos de refugiados y migrantes, este blog ofrece una perspectiva en terreno acerca de la situación de Djibouti con respecto a los flujos de refugiados y migrantes. Para preparar el Proyecto de respuesta de desarrollo a los impactos del desplazamiento, visité el campo de refugiados de Ali Addeh en la región de Ali Sabieh, que ha albergado principalmente a refugiados de Somalia durante más de dos décadas. También visité la ciudad de Obock, que ha acogido a refugiados de Yemen en el campo de refugiados de Merkazi después de la crisis de 2015, y tomé contacto con migrantes del Cuerno de África que viven en la ciudad.
En Ali Addeh, se aprecian dos realidades sorprendentes. La primera se relaciona con las sequías que hicieron disminuir la cantidad de ganado que poseían los pastores de las comunidades de acogida locales. Esto los dejó más vulnerables y empobrecidos que los refugiados en los campamentos. Una refugiada que buscaba leña hizo hincapié en que las comunidades de acogida locales necesitaban urgente apoyo e intervenciones de desarrollo.
El puerto de Obock, punto de partida del viaje. (Foto: Benjamin Burckhart)

La segunda realidad se relaciona con la ausencia casi total de hombres y mujeres de entre 16 y 30 años de edad, tanto en los campos de refugiados como en las comunidades de acogida. En las conversaciones que sostuve, quedó claro que este grupo al ver las pocas oportunidades económicas en el entorno local se había trasladado a la capital en búsqueda de empleos informales, poco calificados y con baja remuneración. Cuando hicimos un seguimiento de estos jóvenes, encontramos que muchos quedaron varados en “Balbala”, un barrio precario contiguo a Djiboutiville, la ciudad capital. Sus pocas habilidades y la falta de recursos los habían dejado más vulnerables que antes. Algunos, por supuesto, habían continuado el viaje hasta Obock para explorar la posibilidad de viajar a Oriente Medio y Europa.

Por qué poner fin a la violencia es un imperativo del desarrollo

Ede Ijjasz-Vasquez's picture

Cada año, alrededor de medio millón de personas son víctimas de homicidios intencionales. Esto significa que se pierde una vida cada minuto debido a la violencia en todo el mundo.
América Latina y el Caribe es una de las regiones más afectadas por la violencia crónica. Hoy, en la región se registra una tasa promedio de 24 homicidios por cada 100 000 habitantes, es decir más del doble del umbral de violencia endémica que establece la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Si la violencia es una epidemia, los jóvenes constituyen, por una gran diferencia, el grupo más grande en situación de riesgo. En América Latina, el índice de homicidios de hombres de entre 15 y 24 años de edad llega a ser de 92 por cada 100 000 habitantes, casi cuatro veces el promedio regional. Los jóvenes de entre 25 y 29 años, predominantemente varones, son también los autores principales de delitos y actos de violencia, según un próximo informe del Banco Mundial.

La violencia endémica se traduce también en menos productividad, peores resultados en materia de salud y elevados costos de seguridad. Los costos acumulados de la violencia son enormes (representan hasta el 10 % del PIB en algunos países), y tienen consecuencias negativas a largo plazo en materia de desarrollo humano, social, económico y sostenible.

Poner fin a la violencia no solo es un deber en los ámbitos del derecho y la justicia, sino también un imperativo del desarrollo.

La buena noticia es que la violencia se puede prevenir. Por ejemplo, ciudades como Medellín en Colombia y Diadema en Brasil lograron reducir considerablemente la tasa de homicidios en las últimas décadas, gracias a soluciones ajustadas a sus situaciones específicas y respaldadas por análisis de datos sólidos y un enfoque que incluye a “toda la sociedad”.

En este video, analizaremos por qué la violencia es una cuestión de desarrollo importante; cómo los países y las ciudades pueden combatir eficazmente la violencia y el delito, y qué iniciativas están llevando a cabo el Banco Mundial y sus asociados a fin de garantizar condiciones de seguridad y oportunidades para todos, en especial los jóvenes y las personas pobres que viven en zonas urbanas.


Enlaces relacionados:
Artículo: Violencia urbana: un problema con proporciones de epidemia
Artículo: La violencia en América Latina: ¿una epidemia peor que el ébola o el sida?
Blog: Obstáculos para el desarrollo: ¿qué datos sobre la fragilidad, los conflictos y la violencia están disponibles?


 

Cumbre de la Juventud 2016 del Grupo Banco Mundial: Repensar la educación para el nuevo milenio

Jewel McFadden's picture



A través de la educación, las personas pueden adquirir habilidades y acceder a herramientas que necesitan para moverse en el mundo. Además, la educación es crucial para el desarrollo de un individuo y de una sociedad en general. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), cada año adicional de escolaridad aumenta los ingresos futuros de una persona en un 10 % en promedio en los países de ingreso bajo.

El Grupo Banco Mundial inició en 2013 la Cumbre de la Juventud para brindar a los jóvenes una plataforma donde expresar sus inquietudes e incentivarlos a difundir sus ideas sobre el desarrollo. Este año, la Cumbre de la Juventud pondrá en contacto a los jóvenes con expertos de la comunidad internacional del desarrollo, el sector privado, los Gobiernos, y los círculos académicos, con el objetivo de aportar puntos de vista, ideas y debates acerca del futuro de la educación.

Así siembran la tecnología los pequeños agricultores de Brasil

Diego Arias's picture
Cleyton, Osni and Zenaide Meyer
La familia Meyer de Anitápolis, Santa Catarina
 

Despertarme con el graznido de unos gansos frente a mi puerta no era lo que imaginaba para comenzar el día. El ordeño de las 6 de la mañana, cuando la temperatura se acercaba a los 0°C, se vislumbraba como una desalentadora tarea inicial en mi pasantía de 12 horas como agricultor familiar en Santa Catarina, Brasil.

Salí de la habitación con varias capas de ropa encima y fui recibido con un mate caliente servido por Zenaide Meyer. Junto a su esposo, Osni, y su hijo, Cleyton, Zenaide administra una granja en Anitápolis, un municipio rural a unos 100 kilómetros al oeste de Florianópolis, capital del estado.

El propósito de mi visita era entender cómo un agricultor familiar toma decisiones con respecto a la adopción de nuevas tecnologías. La producción láctea es la principal actividad de los Meyer, aunque también crían tilapias en lagunas artificiales, así como gallinas, cerdos, árboles frutales y maíz para alimentar a sus vacas.

En 20 minutos ya habíamos ordeñado 40 vacas con los nuevos equipos que adquirió la familia hace dos meses, con el apoyo del programa Santa Catarina Rural. Anteriormente, debían recurrir al lento y trabajoso proceso de ordeñar las vacas a mano. “Decidimos adoptar este sistema automatizado no solo para mejorar la productividad y calidad de la leche, sino también porque Zenaide y yo estábamos teniendo problemas de espalda”, dijo Osni.

En la estación de alimentación de las vacas, la familia también invirtió en mejoras, pero esta vez fue Cleyton quien introdujo una nueva tecnología que controla mejor la nutrición del ganado y ayuda a prevenir las dolencias a las que están expuestas por el ordeño.

Con apenas 20 años, Cleyton participó de un entrenamiento para jóvenes agricultores que también contó con el apoyo del programa. “Después del curso, pude ver que con una inversión relativamente pequeña en equipos nuevos podía ahorrar en alimento y también reducir el número de vacas que sufren infecciones”, explicó Cleyton.

Otras granjas familiares en Anitápolis adoptaron nuevas tecnologías en los últimos años. Como resultado parcial de esto, en la última década se triplicó la producción de leche y la ciudad es ahora uno de los principales centros lácteos de Santa Catarina.
 

Matrimonio infantil en el Caribe: la historia de mi nani (abuela materna)

Kavell Joseph's picture

Cuando uno piensa acerca del Caribe, se vienen a la mente cielos soleados y playas hermosas. Pero más allá del agua color turquesa se esconde una historia sobre el matrimonio de menores de edad, una práctica que aún persiste en toda la región.
 
Mi nani (abuela materna, en hindi) procedía de una familia de bajos ingresos de la isla de Trinidad. Mientras crecía, ella trabajó en una plantación de azúcar con sus hermanos. Sin embargo, la pobreza que sufrió y el trabajo manual que tenía que hacer no se comparó con lo que vivió después de la muerte de su madre.

Deportistas del equipo olímpico de refugiados: Un mensaje agridulce al mundo

Farhad Peikar's picture
También disponible en: Inglés

En el estadio Maracaná de Brasil, miles de espectadores estaban de pie, en puntillas, mientras que en el resto del mundo millones de jubilosos televidentes seguían las imágenes en directo del desfile del primer equipo olímpico de refugiados (identificado con el código ROT por el Comité Olímpico Internacional) durante la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016. Los 10 integrantes —seis hombres y cuatro mujeres— fueron seleccionados entre 43 posibles candidatos. El equipo está compuesto por cinco atletas de Sudán del Sur y uno de Etiopía, dos yudocas de la República Democrática del Congo y dos nadadores de Siria. Su inclusión en los actuales JJ. OO. ha sido uno de los momentos más esperanzadores del certamen, porque estos 10 deportistas, además de portar la bandera olímpica, llevaban consigo un mensaje de aliento a millones de jóvenes que han sido desalojados forzosamente de sus hogares.

Sin embargo, si bien hay mucho que celebrar y tantos a quienes congratular por esta iniciativa histórica sin precedente en el ámbito deportivo, en un mundo ideal no debería existir un equipo de esta naturaleza. Los escasos momentos de júbilo —exacerbados por nuestros gritos de aliento— no deberían ocultar la realidad del sufrimiento humano sin parangón que se vive en los campamentos de refugiados de todo el mundo. La mera existencia de un equipo como este nos recuerda que el mundo, en forma colectiva, ha sido incapaz de ayudar a más de 65 millones de desplazados (i) a regresar a sus hogares o a encontrar otro lugar que pueda convertirse en su hogar permanente. Estos deportistas representan a una comunidad que huye de conflictos regionales, guerras civiles, agresiones, genocidios, hambrunas, la pobreza y las enfermedades; algunas de estas situaciones están tan arraigadas, que parece difícil encontrar soluciones viables.

Los jóvenes y la consolidación de la paz: una “función de teatro” a la vez

Bassam Sebti's picture

 

Según Aristóteles “los buenos hábitos adquiridos en la juventud marcan la diferencia”, y ¡qué gran diferencia está haciendo un grupo de jóvenes libaneses (hombres y mujeres) que abogan por la paz!

Sus edades fluctúan entre los 16 años y los 25 años. Son pobres y están desempleados. En el pasado lucharon, literalmente, unos contra otros en Trípoli, una ciudad libanesa dividida por grupos sectarios. Los suníes del barrio de Bab al-Tabbaneh y los alauíes del barrio de Jabal Mohsen se enfrentaron en reiteradas ocasiones.

Pero a comienzos de 2015, el Gobierno declaró un cese al fuego que puso fin a las series interminables de feroces enfrentamientos y restauró la calma en la ciudad.

En ese momento fue cuando representantes de una organización sin fines de lucro libanesa, que promueve la paz mediante el arte, fueron hasta Trípoli para realizar un tipo diferente de “reclutamiento”: uno en favor de la paz. March (i) congregó a los jóvenes para que fueran parte de ¡una obra de teatro!

El grupo organizó audiciones en las que pudieron participar más de 100 jóvenes de los dos barrios, y 16 de ellos fueron seleccionados: ocho de cada “bando”. La idea era simple: escribir y producir una comedia que se basara en sus vidas, y que fuera interpretada por aquellos que quisieran ser actores y presentada en todo Líbano. El proyecto los juntó e hizo que dejaran de ser actores de la guerra para convertirse en actores de teatro.


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