Napoleao Dequech (no verificado)

Febrero 28, 2012

No es ningún secreto que el desarrollo de capacidades está incluido en las bases del proceso sostenible de desarrollo de un país. De acuerdo con PNUD, desarrollo de capacidades es el proceso por el cual individuos, organizaciones y sociedades obtienen, fortalecen y mantienen la capacidad de definir y alcanzar sus propios objetivos de desarrollo a través del tiempo. Ningún objetivo de desarrollo se logrará sin la aplicación de un proceso nacional de desarrollo de capacidades a largo plazo.

Lo que aparenta ser simple en teoría, el desarrollo de capacidades en la práctica ha sido uno de los mayores desafíos para los países del sur. La cooperación Sur-Sur surge por tanto como una alternativa para apoyar a los países a conducir su propio proceso de desarrollo de capacidades.

Uno de los objetivos de esta cooperación es compartir y transferir el conocimiento y know-how existente entre los países con "desafíos similares" y adaptarlo a las necesidades de estas naciones. Esto tiene como meta acelerar el proceso de desarrollo de capacidades en los países candidatos a la cooperación, a través de una mayor eficiencia en la generación de resultados debido a la proximidad de las realidades de los países "donadores" y "receptores".

En este contexto, Brasil se ha convertido en un socio potencial para apoyar el desarrollo de capacidades en los países africanos, especialmente en la lucha contra el hambre, seguridad alimentaria y desarrollo rural.

En las últimas décadas, Brasil ha aumentado sus capacidades a nivel individual y organizacional, que han permitido al país lograr resultados impresionantes en el desarrollo rural, seguridad alimentaria, así como en la lucha contra el hambre. Un ejemplo es el esfuerzo multisectorial que resultó en la reducción de la pobreza hasta el punto en el cual el país está en camino cierto para reducir el hambre por la mitad hasta el año 2015, cumpliendo con la primera meta de los ODM; además del modelo de agricultura familiar, responsable por la diversidad alimentaria nacional y el 70% del total de alimentos consumidos en el país, así como la generación de cerca del 75% de los empleos en las zonas rurales de Brasil.

Esto llamó la atención del mundo y en especial de los países africanos, que enfrentan retos socio- económicos y se identifican con Brasil no sólo por vínculos históricos y culturales, sino también por condiciones geográficas y climáticas comparables.

Sobre la base de las evidencias y el potencial tan evidente, la política exterior brasileña, a través de la Agencia de Cooperación de Brasil (ABC), ha estado prestando especial atención a las oportunidades de cooperación entre Brasil y los países africanos. Siguiendo esta tendencia, en mayo de 2010 se llevó a cabo el "Diálogo Brasil-África sobre Seguridad Alimentaria, Hambre y Desarrollo Rural", al que asistieron representantes de 45 países africanos, ONGs y organismos internacionales. Este evento dio lugar a la creación de un Plan de Acción que se centra claramente en la transferencia de conocimientos y know-how en el sector agrícola, así como la transferencia de la experiencia brasileña en la creación de políticas que han permitido al país lograr resultados considerables en cuanto a la reducción del hambre.

Diversos ministerios brasileños e instituciones, como Embrapa (Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria), Emater (Empresa de Asistencia Técnica y Extensión Rural), Senar (Servicio Nacional de Aprendizaje Rural) y Esaql (Luiz de Queiroz - Escuela Superior de Agricultura), son responsables por el desarrollo de avanzadas tecnologías agrícolas y la creación de capacidades individuales, que son aplicables a diferentes lugares de Brasil con diversas condiciones sociales, geográficas y climáticas. Varias de estas instituciones están dispuestas a apoyar a los países africanos a desarrollar sus propias capacidades. Algunos proyectos ya están cursando, como se cita en el informe del Banco Mundial. (Bridging the Atlantic)

Se reconoce los retos numerosos que deben superarse para lograr resultados eficientes en el desarrollo de capacidades en el sector rural, así como en la lucha contra el hambre en el marco de la cooperación sur-sur. Muchos de estos desafíos podrán ser superados con el incremento de la participación de otros países desarrollados y organizaciones multilaterales, cuando encuentren su rol en esta cooperación.

Al mismo tiempo, el aumento en el intercambio de información entre Brasil y África jugará un papel clave en esta cooperación, evitando esfuerzos innecesarios en el futuro e incrementando las oportunidades. Al fin y acabo, a pesar de que Brasil y África tienen muchas similitudes, no son idénticos.

Por este motivo, mientras sea mayor la cantidad de información y conocimiento sobre los países que participan en esta cooperación, más considerables serán las posibilidades de éxito.