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Así siembran la tecnología los pequeños agricultores de Brasil

Diego Arias's picture
Cleyton, Osni and Zenaide Meyer
La familia Meyer de Anitápolis, Santa Catarina
 

Despertarme con el graznido de unos gansos frente a mi puerta no era lo que imaginaba para comenzar el día. El ordeño de las 6 de la mañana, cuando la temperatura se acercaba a los 0°C, se vislumbraba como una desalentadora tarea inicial en mi pasantía de 12 horas como agricultor familiar en Santa Catarina, Brasil.

Salí de la habitación con varias capas de ropa encima y fui recibido con un mate caliente servido por Zenaide Meyer. Junto a su esposo, Osni, y su hijo, Cleyton, Zenaide administra una granja en Anitápolis, un municipio rural a unos 100 kilómetros al oeste de Florianópolis, capital del estado.

El propósito de mi visita era entender cómo un agricultor familiar toma decisiones con respecto a la adopción de nuevas tecnologías. La producción láctea es la principal actividad de los Meyer, aunque también crían tilapias en lagunas artificiales, así como gallinas, cerdos, árboles frutales y maíz para alimentar a sus vacas.

En 20 minutos ya habíamos ordeñado 40 vacas con los nuevos equipos que adquirió la familia hace dos meses, con el apoyo del programa Santa Catarina Rural. Anteriormente, debían recurrir al lento y trabajoso proceso de ordeñar las vacas a mano. “Decidimos adoptar este sistema automatizado no solo para mejorar la productividad y calidad de la leche, sino también porque Zenaide y yo estábamos teniendo problemas de espalda”, dijo Osni.

En la estación de alimentación de las vacas, la familia también invirtió en mejoras, pero esta vez fue Cleyton quien introdujo una nueva tecnología que controla mejor la nutrición del ganado y ayuda a prevenir las dolencias a las que están expuestas por el ordeño.

Con apenas 20 años, Cleyton participó de un entrenamiento para jóvenes agricultores que también contó con el apoyo del programa. “Después del curso, pude ver que con una inversión relativamente pequeña en equipos nuevos podía ahorrar en alimento y también reducir el número de vacas que sufren infecciones”, explicó Cleyton.

Otras granjas familiares en Anitápolis adoptaron nuevas tecnologías en los últimos años. Como resultado parcial de esto, en la última década se triplicó la producción de leche y la ciudad es ahora uno de los principales centros lácteos de Santa Catarina.
 

Matrimonio infantil en el Caribe: la historia de mi nani (abuela materna)

Kavell Joseph's picture

Cuando uno piensa acerca del Caribe, se vienen a la mente cielos soleados y playas hermosas. Pero más allá del agua color turquesa se esconde una historia sobre el matrimonio de menores de edad, una práctica que aún persiste en toda la región.
 
Mi nani (abuela materna, en hindi) procedía de una familia de bajos ingresos de la isla de Trinidad. Mientras crecía, ella trabajó en una plantación de azúcar con sus hermanos. Sin embargo, la pobreza que sufrió y el trabajo manual que tenía que hacer no se comparó con lo que vivió después de la muerte de su madre.

Priorizar las inversiones en infraestructura: El camino de largo plazo de Panamá hacia las APP

Cledan Mandri-Perrott's picture

En Panamá, un entorno económico saludable y un apoyo institucional entusiasta proporcionaron el terreno de prueba ideal para el Marco de Priorización de Infraestructuras (IPF) del Banco Mundial. El crecimiento del PIB del país y el dinamismo económico en 2014 motivaron un ambicioso programa de inversión pública, acompañado de un gran número de propuestas de proyectos de infraestructura  presentadas al Ministerio de Economía y Finanzas. Aunado con el compromiso político de reducir el déficit fiscal, Panamá decidió implementar proyectos seleccionados durante un período estratégico de cinco años.

El mundo árabe podría ser un FACTOR DETERMINANTE en la lucha contra el CAMBIO CLIMÁTICO

Martin Heger's picture
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Mientras Marruecos se prepara para ser el país anfitrión de la próxima reunión mundial sobre cambio climático en noviembre de 2016, el mundo dirige su mirada hacia la región de Oriente Medio y Norte de África en busca de liderazgo en la lucha contra el cambio climático.

El número mágico es el 55. Por cierto, 175 partes (174 países, más la Unión Europea) firmaron el Acuerdo de París en abril pasado en Nueva York. Pero esto no es suficiente. No solamente importa la cantidad de países que firmaron el documento, sino también cuántos países finalmente lo ratificarán. Solo una vez que el Acuerdo de París sea ratificado, este comienza a operar y a ser legalmente vinculante. Y aquí es cuando el 55 (el número mágico) entra en escena. Tiene importancia en dos aspectos. Por lo menos 55 partes tienen que ratificar el Acuerdo de París​, y una cantidad suficiente de países tiene que incorporarse para que las emisiones colectivas sobrepasen el 55 % de las emisiones mundiales.

Sierra Leona: El impacto del ébola en la educación

Shawn Powers's picture
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Con la colaboración de Kali Azzi-Huck, Anusha Ramakrishnan y Yinan Zhang.
Retrato de Selina Dougas, quien perdió a su hermana mayor, Hawa Komo, a causa del ébola. La imagen fue tomada en la escuela primaria Cape Community en Freetown, Sierra Leona, el 22 de junio de 2015. Fotografía: © Dominic Chavez/Banco Mundial.


La crisis del ébola que azotó África occidental en 2014‑15 provocó la muerte de más de 11 000 personas, causó alteraciones económicas y sociales en gran escala y dejó decenas de miles de niños huérfanos. En Sierra Leona, las escuelas cerraron durante ocho meses, por lo que se perdió un año de aprendizaje. Con el cierre de las escuelas y la prohibición de las reuniones públicas, los habitantes del país, que habían vivido años de guerra civil, eran conscientes de las dificultades que conllevaría para los jóvenes la pérdida de oportunidades educativas. El Gobierno, en colaboración con los asociados donantes, puso en marcha diversas iniciativas para mitigar estas pérdidas.

Agricultura mundial: El desafío de adoptar sistemas agrícolas inteligentes con respecto al clima

Juergen Voegele's picture
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El Programa de Productividad  de Agricultura de África Occidental. Foto: © Dasan Bobo / Banco Mundial

Tal vez usted no lo sepa, pero la agricultura y los cambios de uso de la tierra ya son responsables del 25 % de las emisiones de gases de efecto invernadero. Este es un dato estadístico importante a la luz de dos retos inexorables que enfrenta el planeta: cómo hacer realidad las promesas que se hicieron en el histórico Acuerdo de París sobre Cambio Climático firmado en diciembre de 2015, y cómo alimentar a la creciente población mundial.

Invertir en la gestión de riesgos financieros antes de las crisis ayuda a atenuar las necesidades de recuperación posteriores a los desastres

Gloria M. Grandolini's picture
Una niña en un centro de evacuación en Filipinas en el año 2009. Fotografía: Jerome Ascano/Banco Mundial.

Dado que los desastres (i) naturales pueden producirse en cualquier momento y en cualquier lugar, hacer preparativos a largo plazo es mucho más eficaz que tratar por todos los medios de responder a una crisis. Me di cuenta de ello cuando el huracán Mitch hizo estragos en Honduras y mi abuela debió ser evacuada porque el río había llegado hasta el primer piso de su casa.

A medida que el cambio climático exacerba los fenómenos meteorológicos en gran parte del planeta, los países recurren al apoyo del Grupo Banco Mundial para mejorar su resiliencia física y financiera a los desastres.

Estamos trabajando cada vez más con los Gobiernos para fortalecer la planificación financiera y la gestión de riesgos antes de que ocurran los desastres, y no solo con el fin de reunir fondos para ayudar a los países a recuperarse luego de la catástrofe.

Los instrumentos basados en el mercado —como los seguros— pueden servir para amortiguar el efecto de los desastres naturales, ayudando a los países a evitar lo peor del impacto financiero de las crisis.

Readaptación: una política de vivienda que salva vidas

Luis Triveno's picture
 USAID/OFDA, Auriana Koutnik/Flickr
Construcción de viviendas resistentes a terremotos en Perú. Imagen: USAID/OFDA, Auriana Koutnik/Flickr

Cuando un huracán, terremoto u otro desastre natural golpea a un país pobre, muchas veces las familias se enfrentan a una doble tragedia: la pérdida de seres queridos y de su activo más preciado (y muchas veces el único): su hogar. Tras el terremoto de magnitud 7,0 que azotó Haití en 2010, y mató a más de 260.000 personas, el 70% de las pérdidas de activos estuvieron relacionadas con la vivienda. 
 
Ecuador debe desembolsar miles de millones de dólares en costos de reconstrucción tras el terremoto de 7,8 en abril, que mató a 900 e hirió a casi 28.000 personas. Si Perú sufriese un terremoto de magnitud 8,0, alrededor del 80% de las pérdidas económicas potenciales estarían relacionadas con la vivienda.
 
Y si bien la furia de la naturaleza no distingue entre áreas urbanas y rurales, la mayor parte de las pérdidas causadas por un desastre se concentra en las ciudades, y afecta de manera desproporcionada a los pobres. Esto representa un gran desafío para los países de ingreso bajo y medio.
 
En América Latina y el Caribe, 200 millones de personas -1/3 de la población- vive en asentamientos informales, donde la mayoría de las viviendas no cumple con las normas de construcción y los seguros de vivienda son inexistentes. No debería sorprender que los distritos informales (es decir, los barrios más pobres) de la región sufran la mayor parte de las muertes relacionadas con los desastres naturales.
 
A pesar de esto, las políticas de vivienda orientadas a los pobres suelen enfocarse en ayudar a construir nuevas unidades, en lugar de readaptar las viviendas existentes para hacerlas más seguras (a veces ignorando el hecho de que suelen ser las construcciones, y no los terremotos, lo que mata a las personas).

Modernización de los pronósticos meteorológicos y la planificación para casos de desastre con el objeto de salvar vidas

Lisa Finneran's picture

© Angela Gentile/World Bank

¿Hace calor afuera? ¿Debería llevar un paraguas?
 
La mayoría de nosotros no pensamos mucho más que eso cuando normalmente escuchamos el informe del tiempo. Sin embargo, la información meteorológica cumple una función mucho más crucial que simplemente proporcionar datos sobre si debemos llevar un paraguas o usar filtro solar. Puede ayudar a gestionar los efectos del cambio climático, prevenir pérdidas económicas y salvar vidas cuando ocurren fenómenos atmosféricos extremos. 

Deportistas del equipo olímpico de refugiados: Un mensaje agridulce al mundo

Farhad Peikar's picture
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En el estadio Maracaná de Brasil, miles de espectadores estaban de pie, en puntillas, mientras que en el resto del mundo millones de jubilosos televidentes seguían las imágenes en directo del desfile del primer equipo olímpico de refugiados (identificado con el código ROT por el Comité Olímpico Internacional) durante la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016. Los 10 integrantes —seis hombres y cuatro mujeres— fueron seleccionados entre 43 posibles candidatos. El equipo está compuesto por cinco atletas de Sudán del Sur y uno de Etiopía, dos yudocas de la República Democrática del Congo y dos nadadores de Siria. Su inclusión en los actuales JJ. OO. ha sido uno de los momentos más esperanzadores del certamen, porque estos 10 deportistas, además de portar la bandera olímpica, llevaban consigo un mensaje de aliento a millones de jóvenes que han sido desalojados forzosamente de sus hogares.

Sin embargo, si bien hay mucho que celebrar y tantos a quienes congratular por esta iniciativa histórica sin precedente en el ámbito deportivo, en un mundo ideal no debería existir un equipo de esta naturaleza. Los escasos momentos de júbilo —exacerbados por nuestros gritos de aliento— no deberían ocultar la realidad del sufrimiento humano sin parangón que se vive en los campamentos de refugiados de todo el mundo. La mera existencia de un equipo como este nos recuerda que el mundo, en forma colectiva, ha sido incapaz de ayudar a más de 65 millones de desplazados (i) a regresar a sus hogares o a encontrar otro lugar que pueda convertirse en su hogar permanente. Estos deportistas representan a una comunidad que huye de conflictos regionales, guerras civiles, agresiones, genocidios, hambrunas, la pobreza y las enfermedades; algunas de estas situaciones están tan arraigadas, que parece difícil encontrar soluciones viables.


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