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conflicto y fragilidad

El empleo, la mejor manera de escapar de la fragilidad

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 Why Jobs are Key, World Bank Live.

Sí, efectivamente hay alrededor de 65 millones de refugiados, personas que buscan asilo y desplazados internos en todo el mundo. Sí, efectivamente los conflictos continúan sin cesar, provocando una excesiva miseria humana. Sí, efectivamente necesitamos de manera urgente soluciones políticas.

No obstante, existe un consenso cada vez mayor que crear empleos para que la gente pueda trabajar —dondequiera que se encuentren— es fundamental como medio de escape de la fragilidad y de prevención de nuevos conflictos. Expertos y responsables de formular políticas coincidieron en que necesitamos concentrarnos ahora en esa tarea, durante un evento titulado “Por qué el empleo es fundamental para escapar de la fragilidad”,(i) que se efectuó el viernes en el marco de las Reuniones Anuales del Grupo Banco Mundial y el FMI en la ciudad de Washington.

¿Cómo logramos dar acceso a la energía a los desplazados?

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Vista aérea del campamento de refugiados de Zaatari en Jordania. Foto: Departamento de Estado de EE. UU.

“Abandonarás todo lo que más has amado: esa es la primera flecha que dispara el arco del exilio”, escribió Dante en su libro La Divina Comedia.

Para la mayoría de los 65 millones de personas desplazadas, que se estima existen hoy en el mundo, la vida es una lucha cotidiana. Después de sobrevivir a una travesía tumultuosa con la esperanza de comenzar de nuevo, ¿cómo una persona desplazada puede empezar a sanar sus heridas y echar raíces en una tierra nueva y extraña?

Desplazamiento forzado: ¿Qué puede aportar la comunidad del desarrollo para ayudar a los desplazados y a las comunidades de acogida?

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A diario vemos nuevas imágenes de personas que tratan desesperadamente de escapar de las condiciones en que viven y de sus países a pesar de tener al frente un pronóstico peligroso e implacable. En el mundo, existen diversas situaciones que están contribuyendo a este movimiento de personas sin precedente, e incluyen:
  • El desplazamiento forzado debido a la guerra, el conflicto y la persecución;
  • La migración involuntaria como consecuencia de la pobreza, el deterioro de los medios de subsistencia o los efectos del cambio climático que han destruido y degradado sistemas de mantenimiento de la vida, y/o incluso
  • La migración voluntaria de espíritus indómitos que no han podido aceptar las cosas como están y buscan mejores oportunidades económicas y sociales.

Para entender mejor el desplazamiento forzado, dirigí un equipo del Banco Mundial y ACNUR que publicó el informe titulado en inglés “Forced Displacement and Mixed Migration” (Desplazamiento forzado y migración mixta) sobre el Cuerno de África, una región con una población estimada de 242 millones de habitantes y que abarca ocho países: Djibouti, Eritrea, Etiopía, Kenya, Somalia, Sudán del Sur, Sudán y Uganda. Estas naciones acogen en conjunto a más de 9,5 millones de personas desplazadas, entre ellos más de 6,5 millones de desplazados internos y aproximadamente 3 millones de refugiados.

La migración dentro y fuera del Cuerno de África es impulsada por factores humanos y naturales, tales como el cambio climático, la degradación ambiental y, por supuesto, el conflicto.

El estudio reforzó el carácter regional que tiene el desplazamiento forzoso en el Cuerno de África, con un evidente “efecto secundario" en la región de la violencia y la inseguridad al interior de los países. En Sudán del Sur, por ejemplo, episodios de conflictos violentos han causado un aumento en la cantidad de refugiados en Uganda, Etiopía, Kenya y Sudán.

Los jóvenes y la consolidación de la paz: una “función de teatro” a la vez

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Según Aristóteles “los buenos hábitos adquiridos en la juventud marcan la diferencia”, y ¡qué gran diferencia está haciendo un grupo de jóvenes libaneses (hombres y mujeres) que abogan por la paz!

Sus edades fluctúan entre los 16 años y los 25 años. Son pobres y están desempleados. En el pasado lucharon, literalmente, unos contra otros en Trípoli, una ciudad libanesa dividida por grupos sectarios. Los suníes del barrio de Bab al-Tabbaneh y los alauíes del barrio de Jabal Mohsen se enfrentaron en reiteradas ocasiones.

Pero a comienzos de 2015, el Gobierno declaró un cese al fuego que puso fin a las series interminables de feroces enfrentamientos y restauró la calma en la ciudad.

En ese momento fue cuando representantes de una organización sin fines de lucro libanesa, que promueve la paz mediante el arte, fueron hasta Trípoli para realizar un tipo diferente de “reclutamiento”: uno en favor de la paz. March (i) congregó a los jóvenes para que fueran parte de ¡una obra de teatro!

El grupo organizó audiciones en las que pudieron participar más de 100 jóvenes de los dos barrios, y 16 de ellos fueron seleccionados: ocho de cada “bando”. La idea era simple: escribir y producir una comedia que se basara en sus vidas, y que fuera interpretada por aquellos que quisieran ser actores y presentada en todo Líbano. El proyecto los juntó e hizo que dejaran de ser actores de la guerra para convertirse en actores de teatro.

Fragilidad, conflicto y desastres naturales: ¿Un planteamiento único sobre la resiliencia?

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Un representante de la Unión Europea (EU) evalúa los daños en un edificio de departamentos
en Ucrania. Crédito: UE.

Es una idea simple pero esencial: las guerras y los desastres están vinculados, y los nexos existentes deben ser analizados para mejorar las vidas de millones de personas en todo el mundo.

De manera alarmante, el número total de casos de desastres —y las pérdidas económicas asociadas a estos— continúa aumentando. Esta tendencia ha sido impulsada por el crecimiento de la población, la urbanización y el cambio climático, subiendo los daños económicos de USD 50 000 millones en los años ochenta a entre USD 150 000 millones y USD 200 000 millones anuales en la actualidad. Pero hay otro dato: más de la mitad de las personas que sufren impactos de peligros naturales vive en Estados frágiles o afectados por conflictos.