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COP23

Hagamos un trato para crear ciudades resilientes

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Jiangxi (China), 1 de julio de 2017: En China oriental, la ciudad de Jiujiang se vio afectada por intensas lluvias y muchas zonas urbanas resultaron inundadas. Los vehículos quedaron a merced de las aguas y los ciudadanos se abrían paso por los peligrosos caminos anegados.
Fotografía: humphery/Shutterstock.com.


Por primera vez en la historia, viven más personas en las ciudades (i) que en las zonas rurales. Si bien las ciudades representan la promesa de un futuro mejor, la realidad es que muchas de ellas no están a la altura de las expectativas. Con demasiada frecuencia carecen de los recursos para proporcionar incluso los servicios más básicos a sus habitantes y no pueden brindar a los ciudadanos protección eficaz contra los embates de los desastres naturales ni del cambio climático.

Esto se relaciona en gran medida con la falta de infraestructura adecuada contra el impacto de las inundaciones, el aumento del nivel del mar, los deslizamientos de tierra o los terremotos. La mayoría de las ciudades necesita mayor protección contra las inundaciones, viviendas mejor construidas y una planificación más adecuada del uso de la tierra. Pero incluso cuando las ciudades saben lo que deben hacer para ser más resilientes, con mucha frecuencia no tienen acceso al financiamiento necesario para lograr esa meta.

La erosión marina: el impacto del cambio climático que afecta la infraestructura costera y el empleo

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La vida de las comunidades costeras en África occidental está cambiando rápidamente. En algunas zonas, el litoral se ve afectado por un proceso erosivo de hasta 10 metros al año. Las tormentas más intensas y el aumento del nivel del mar están destruyendo viviendas, caminos y edificios que fueron emblemáticos para muchas generaciones.

Hace poco estuve en África occidental para ver los efectos de la erosión costera. Para entender lo que está sucediendo, realizamos un viaje por tierra a través de tres países: desde Cotonú, la capital de Benin, pasando por la costa de Lomé (Togo) y luego por Keta y Accra (Ghana). Estos tres países, que se encuentran entre los más afectados por este problema, proporcionan un panorama de la situación en el resto del litoral, desde Mauritania a Senegal y Nigeria.