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Por qué invertir en la gente es la receta para el crecimiento y la solidaridad humana

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Hace poco pronuncié un discurso en la Universidad de Columbia, y se puede decir que pasé toda mi vida preparándome para ello. Estudié Antropología; fui médico y cuidé a personas pobres en los lugares más pobres del mundo; ocupé el cargo de presidente de una universidad, y ahora tengo el honor de ser el actual presidente del Grupo Banco Mundial.
 
Toda esta experiencia me ha llevado a creer que combatir la pobreza es la misión más fundamental que toda organización puede tener, y que poner fin a la pobreza extrema es algo que finalmente podemos hacer.
 


Mis raíces, que se remontan a la Corea de la posguerra, me convencieron que ningún país es una causa perdida. Nací en 1959 en un país que entonces era uno de los más pobres en el mundo. La mayoría de la riqueza minera y de la industria se encontraba a lo largo de la frontera en el norte. Menos del 20 % de la población sabía leer y escribir. Hoy, Corea del Sur es uno de los países más avanzados en el mundo. Su economía no se basa en los recursos naturales, sino en los talentos, las competencias y los conocimientos de su población.

Creo que todo país pobre tiene hoy el potencial de salir de la pobreza como lo hizo Corea. Cada persona pobre merece una oportunidad de superar la pobreza, de la misma manera que 1100 millones de habitantes lo han hecho en los últimos 25 años. No obstante, 800 millones de personas viven aún con menos de USD 1,90 al día. ¿Cómo pueden ellas también escapar de la pobreza extrema?