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revolución digital

¿Cómo pueden los países en desarrollo aprovechar al máximo la revolución digital?

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© Jonathan Ernst/Banque mondiale
© Jonathan Ernst/Banque mondiale

Las tecnologías digitales han transformado la economía mundial. No obstante, muchos países no experimentan aún en plenitud los beneficios de desarrollo derivados de las tecnologías digitales, como el crecimiento inclusivo y sostenible, una mejor gestión y una rápida prestación de servicios. Dada la magnitud de los cambios, en términos de ventajas competitivas, que las tecnologías digitales pueden ofrecer a quienes las adoptan, la adopción lenta o deficiente de estas innovaciones puede ser nefasta para las industrias, los Gobiernos, los individuos y los países. ¿Entonces, cómo los encargados de formular políticas pueden aprovechar exitosamente la revolución digital en favor del desarrollo? Esto es lo que motiva mi nueva publicación titulada Mastering Digital Transformation (Emerald, 2016). (i)

A través de mi vasta experiencia en el campo de la asistencia para el desarrollo, he visto cómo las diversas formas de falta de información han conducido a una planificación y una gestión de políticas en que no se consideran los hechos, empresas desconectadas, mercados ineficientes, una prestación de servicios deficiente, una falta de empoderamiento, corrupción, y otros problemas. La actual revolución de las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) ha sido ignorada durante mucho tiempo en las ideas y las prácticas del desarrollo. Los profesionales del desarrollo y los especialistas en materia de las TIC siguen desconectados. Estudié las experiencias de países que procuran la transformación digital y encontré lecciones y aportes fundamentales en varios libros.

La transformación digital no es una solución tecnológica, un plan de acción, un acontecimiento único o una estrategia única para todos los casos. Más bien, es un proceso de aprendizaje social, sostenido a lo largo del tiempo, que involucra a diversas partes interesadas. Su objetivo final es emplear la revolución digital mundial para satisfacer las prioridades socioeconómicas específicas de un país. Este proceso es una maratón, no una carrera a toda velocidad, y es impulsado por la visión, el liderazgo, la innovación, el aprendizaje y las alianzas entre el Gobierno, las empresas y la sociedad civil.