Cómo un fuerte plan de ayuda impulsa a las mujeres en pobreza extrema a construir un futuro mejor

|

Disponible en:

La pobreza extrema se ha reducido de más de un tercio de la población mundial hace 30 años a menos de un décimo en la actualidad, pero no es el caso de las personas que viven en medio de una guerra.

En esta situación, los esfuerzos mundiales aún no han podido cambiar el rumbo y la cantidad de personas que viven en la pobreza, lamentablemente, está aumentando.

A menos que haya una acción decidida para revertir esta tendencia, para 2030 más de la mitad de los pobres extremos del mundo estarán concentrados en estos focos de violencia e inestabilidad.  

En Afganistán, por ejemplo, más de la mitad de la población se encuentra por debajo de la línea nacional de pobreza. Las probabilidades están en contra de las personas más pobres que jamás lograron escapar de su condición. Una instantánea de los hogares apoyados por un proyecto financiado por el Banco Mundial en la provincia de Balkh pone de relieve el alcance del desafío.

El jefe de familia –y casi siempre es un hombre− en cinco de cada seis hogares no sabe leer ni escribir. Cuatro de cada cinco hogares viven con menos de USD 30 por persona al mes. Dos tercios de ellos están endeudados, mientras que el resto apenas sobrevive.

Si es mujer, la vida es aún peor. En estas aldeas, un desalentador 4 % puede leer y escribir. Dos de cada tres mujeres a cargo de una familia están deprimidas. Y solo la mitad de las niñas en edad escolar puede asistir a la escuela y estudiar allí.En el Banco Mundial, hemos buscado nuevas maneras de abordar este problema profundo y cada vez más amplio de cómo escapar de un ciclo aparentemente interminable de pobreza que se retroalimenta . Y descubrimos que pueden suceder cosas buenas cuando se adopta un enfoque de “gran impulso”.

Piense en el lanzamiento de un cohete espacial, que necesita un impulso masivo de energía para ayudar a atravesar la atmósfera e ingresar en una nueva trayectoria en la que, una vez que logra escapar, tiene el impulso para seguir avanzando. Del mismo modo, ¿qué pasaría si elimináramos, todos a la vez, los múltiples obstáculos que enfrentan los pobres? ¿Les ayudaría esto a escapar de la trampa de la pobreza? 

Las pruebas demuestran que podemos marcar una diferencia para las personas más marginadas del mundo. Y mientras trabajamos en la próxima reposición de recursos de la AIF, tenemos la oportunidad de integrar estas lecciones en nuestros programas que se centran en países afectados por la fragilidad y el conflicto.
Kristalina Georgieva
Kristalina Georgieva
Directora general del Banco Mundial

Como parte de nuestro programa para fomentar el crecimiento, algunas de las familias más pobres de 80 aldeas de la provincia de Balkh participaron en un sorteo público para participar en un plan de apoyo.

Se les entregó a las mujeres un único paquete de ayuda de “fuerte impulso” que incluía una transferencia de ganado, generalmente vacas, y ocasionalmente ovejas y cabras, un subsidio para consumo de USD 15 al mes por un año, capacitación, acceso a cuentas de ahorro y fomento del ahorro, servicios de atención médica, y orientación y monitoreo a través de visitas periódicas cada dos semanas.

Dos años más tarde −un año después de que cesó el programa− el nivel de vida de las familias que recibieron el paquete de “fuerte impulso” había mejorado notablemente. Un tercio había aumentado sus gastos y un quinto había superado la línea de pobreza.

El bienestar psicológico, la cantidad de horas dedicadas a trabajar, la inclusión financiera y el empoderamiento de las mujeres también aumentaron.

Las mujeres subempleadas anteriormente obtuvieron –y conservaron− oportunidades económicas que habitualmente se les niegan. Y, como a los hombres, en promedio, les estaba yendo mejor, el programa también redujo la brecha entre hombres y mujeres, contribuyendo a la igualdad de género y aportando mejoras para el hogar en general.

Estamos entusiasmados con los importantes beneficios sociales y económicos que un enfoque de “fuerte impulso” puede ofrecer en algunos de los lugares más complicados del mundo.

Se ha probado en países como Etiopía, India y Bangladesh, pero es particularmente alentador verlo funcionar en un entorno frágil como Afganistán. Puede ser que los impactos fueran mayores que en situaciones más estables porque las restricciones son muy severas, y cuando procesamos los números queda claro que es probable que los beneficios superen su costo.

Aunque será necesario continuar con la tarea, queda claro el potencial de apuntar a grandes inversiones para el desarrollo limitadas en el tiempo. Ayudando a las mujeres a lograr el empoderamiento financiero y con la asistencia adecuada, se puede revertir el aumento de la pobreza concentrada en los lugares más frágiles y peligrosos del mundo. 

Las pruebas demuestran que podemos marcar una diferencia para las personas más marginadas del mundo. Y mientras trabajamos en la próxima reposición de recursos de la AIF, tenemos la oportunidad de integrar estas lecciones en nuestros programas que se centran en países afectados por la fragilidad y el conflicto.

 

Publicado originalmente en Thompson Reuters Foundation News

Únase a la conversación