El papel de Nueva Zelandia en la mejora de los niveles de vida en el mundo

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Crecí en Palmerston North en la década de 1960 durante un periodo de generosas inversiones públicas en salud y educación. Formé parte de una generación que se benefició de excelentes servicios de salud infantil y de desarrollo de la primera infancia, como leche gratuita en la escuela, Playcentre (una organización que opera centros de enseñanza preescolar dirigidos por los padres) y Plunket (una organización que brinda servicios de apoyo a padres de recién nacidos). Tuvimos oportunidades que nuestros padres no tuvieron: mi mamá y mi papá abandonaron la escuela al final de lo que entonces era el sexto año escolar, pero estaban decididos a que sus cuatro hijos completaran la educación secundaria.

Hoy, ocupo el cargo de vicepresidenta de Desarrollo Humano del Grupo Banco Mundial, y superviso operaciones de financiamiento y proyectos por valor de más de NZD 15 000 millones (USD 10 000 millones) al año, y en gran medida esto se debe a que tuve la suerte de crecer en un país estable y próspero que realizó inversiones eficaces en salud, nutrición y educación, especialmente para la primera infancia.

La historia de éxito de Nueva Zelandia se cuenta a menudo en términos de sus exportaciones de cordero, lana, kiwi y productos agrícolas. Pero el mayor activo de nuestro país siempre ha sido nuestra población que fue preparada para hacer cosas increíbles en Aotearoa (el nombre de Nueva Zelandia en maorí) y en el escenario mundial. Algunos ciudadanos destacados son el científico Alan MacDiarmid, ganador del Premio Nobel; el cineasta Taika Waititi, y la compañía internacional de danza Black Grace.

El propio desarrollo de Nueva Zelandia y su historial de inversiones en el fortalecimiento del capital humano, para usar el vocabulario del Banco Mundial, significa que nuestro país tiene mucho que compartir con el mundo y especialmente con los países de ingreso bajo.

Más allá del intercambio de conocimientos, una de las maneras más eficaces de demostrar solidaridad con los países más pobres del mundo es a través de la Asociación Internacional de Fomento (AIF), el fondo del Banco Mundial para los países más pobres, que está examinando su próximo paquete de financiamiento para un periodo de tres años con nuestros 55 países donantes asociados.

Creciendo en Nueva Zelandia: Annette Dixon (izquierda) con su hermano Glenn, alimentando corderos mientras se hospedaba con su familia en una granja.
Crecer en Nueva Zelandia: Annette Dixon (izquierda) con su hermano Glenn, alimentando a los corderos en una granja familiar.

Nueva Zelandia ha sido miembro de la AIF desde hace más de 40 años. En este tiempo, la AIF ha logrado grandes resultados ayudando a los países a salir de la pobreza, y muchos de estos países ahora son donantes de la AIF y asociados comerciales de Nueva Zelandia.

Pero los países que siguen siendo pobres hoy suelen ser extremadamente frágiles y luchan por invertir en su propia población, teniendo que lidiar al mismo tiempo con conflictos de larga duración y los efectos del cambio climático.

La AIF combate la pobreza extrema creando oportunidades para las personas de los países más pobres del mundo mediante donaciones y préstamos en condiciones concesionarias.  En la actualidad, es el segundo mayor donante en la región del Pacífico, apoyando 61 proyectos con casi NZD 2350 millones (USD 1500 millones). Desde 2011, el número de operaciones en el Pacífico se ha triplicado con creces, en tanto que los desembolsos han aumentado más de seis veces.

Muchas de estas donaciones y préstamos se otorgan de conformidad con el Proyecto de Capital Humano, una iniciativa del Banco Mundial para ayudar a los países a invertir más y de manera más eficaz en las personas. A nivel mundial, casi el 60 % de los niños que nacen hoy llegará a ser, en el mejor de los casos, la mitad de productivo de lo que podría ser si tuviera educación completa y plena salud , y más de la mitad de los niños de 10 años que viven en países en desarrollo no puede leer.

Lograr avances en el ámbito del capital humano es un objetivo central en el camino de la región del Pacífico hacia el desarrollo sostenible.

En Tonga, la AIF ayuda a 10 500 jóvenes a alcanzar su máximo potencial apoyando al Gobierno en la entrega de transferencias en efectivo para que los padres puedan mantener a sus hijos en la escuela secundaria. También trabajamos para mejorar los cursos de enseñanza técnica y profesional para aumentar la empleabilidad de los graduados, no solo en Tonga sino también en Australia y Nueva Zelandia.

En Papua Nueva Guinea, con el apoyo de la AIF más de 18 000 jóvenes desfavorecidos completaron su capacitación laboral, realizaron prácticas laborales y abrieron cuentas bancarias. Además, se crearon más de 800 000 días de empleo en diversos proyectos, incluidas iniciativas para mejorar la infraestructura.

Además de apoyar el capital humano, la AIF invierte en todo el Pacífico para establecer sistemas y crear infraestructura que resista mejor los impactos derivados del cambio climático, impulsar la integración regional, ayudar a fortalecer las políticas de deuda y la gestión de esta, y se encuentra preparada para dar acceso al financiamiento cuando ocurren las crisis. La misión de la AIF está estrechamente vinculada con la política de reposicionamiento del Pacífico, impulsada por Nueva Zelandia, para apoyar la resiliencia de los países de la región frente al cambio climático, mejorar la gobernanza y cerrar las brechas de género.

Nueva Zelandia es un país pequeño, pero se destaca en el terreno internacional. Si bien depende de instituciones mundiales como el Banco Mundial, también las fortalece con su presencia y puntos de vista. Manteniéndonos juntos, podemos continuar impulsando la prosperidad compartida. Esto es válido no solo en el Pacífico, sino también a nivel mundial. Con cada dólar que se recibe de los donantes, la AIF puede comprometer USD 3 para los países beneficiarios.  Esto a su vez se traduce en esfuerzos liderados por los países que crean mejores niveles de vida y una mayor estabilidad, beneficiando a todos. En el primer año de implementación del Proyecto de Capital Humano, (PDF, en inglés) 63 países de ingreso bajo y mediano han suscrito la iniciativa para invertir más en sus ciudadanos.

Gambia, por ejemplo, priorizó un programa que permite a los hogares más pobres cubrir las necesidades básicas invirtiendo al mismo tiempo en la educación infantil. Pakistán puso en marcha una política emblemática para reducir la desigualdad utilizando datos y tecnologías. Y Malí anunció reformas importantes que establecerán la gratuidad de los servicios de salud para los niños menores de 5 años y las mujeres embarazadas.

Tuve la suerte de nacer en un momento en que Nueva Zelandia podía invertir en la crianza de los niños Kiwi. Eso hizo que mis posibilidades de vida fueran mucho mayores que las de una niña nacida hoy en Chad, un país con una de las tasas de mortalidad infantil más altas del mundo. Todos los niños merecen recibir la ventaja inicial que proviene de la inversión en el desarrollo en la primera infancia, la salud y la educación. 

Mostrando solidaridad con las naciones más pobres del mundo a través de la AIF, Nueva Zelandia puede aprovechar su experiencia y voz para difundir sus historias exitosas en el ámbito del desarrollo humano, y continuar usando su mana (prestigio) para ayudar a generar mayor estabilidad y prosperidad en todo el mundo.

Este artículo de opinión se publicó originalmente en The Herald. (i)

Annette Dixon es vicepresidenta de Desarrollo Humano del Grupo Banco Mundial

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Martha Isabel González Córdova
22 de Noviembre de 2019

Gracias por el articulo, es excelente y muy pertinente para que los educadores, como yo, reflexionemos y nos dispongamos a brindar día con día los conocimientos de manera impecable a nuestros educandos, para que puedan obtener las mejores herramientas conceptuales, procedimentales y actitudinales para que alcancen el mayor nivel de excelencia en su vida para afrontarla con seguridad.
El capital humano es lo más valioso que tenemos en el planeta y es el único capital que puede lograr un desarrollo sostenible. Los educadores tenemos una gran responsabilidad para lograr la mejor formación del ser humano que exige la nueva era.

Saludos cordiales desde Honduras, Centroamérica

Dina Guerrero
25 de Noviembre de 2019

Annette, vuestra información es muy importante. Su experiencia y la disposición de ayudar a países pobres la enaltece.
Creo que es vital cuidar a nuestro capital humano representado por nuestros niños cuidando que nuestra próxima generación goce de buena salud para que aproveche al máximo su educación que es la mejor inversión de una persona en su desarrollo y el desarrollo de su pais. Soy una ciudadana peruana muy interesada en estos temas. Hasta pronto.

Jose Rafael Acosta
25 de Noviembre de 2019

felicidades para annette por el gran desarrollo profesional en su vida .
viendo la visión del banco mundial y el gran aporte a las naciones a través del fondo de fomento y viendo que viene
una cartera de intervención en los próximos tres años , me uniria sin ninguna tipo de impedimento al apoyo a nivel de
asesoramiento para jóvenes que intervienen en el comercio del mercado binacional de Haiti y Republica Dominicana
tambien seria muy interesante el soporte de los jóvenes microempresarios que intervienen en varios renglones de
producción agroindustrial en al zona Montañosa de la República Dominicana y Haitiana , gracias .

Maribel Suazo
25 de Noviembre de 2019

Interesante articulo. El intercambio de experiencias, las historias de exito, entendida en lo que funciono y lo que no funciono, ayuda mucho en un mundo de desarrollo. Como encontrar salidas propias en cada pais, como iniciar un proceso de abajo hacia arriba , ya que muchas veces el conocimiento y recursos no llegan a los sectores con mas necesidades .