Es necesario aumentar ahora las medidas relativas al cambio climático

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En los próximos meses, los Gobiernos de todo el mundo estarán preparando los aportes de sus países a la lucha colectiva contra el cambio climático. Estos planes serán la base de un nuevo acuerdo internacional sobre el clima que se analizará en París en el plazo de un año. Esta aspiración colectiva es hoy más importante que nunca. Todos tenemos la responsabilidad de tomar las decisiones que reducirán los riesgos creados por décadas de emisiones de gases de efecto invernadero y marcar el comienzo de una era de desarrollo económico más limpio, inclusivo y que cree más empleos.

Los científicos han alcanzado un extraordinario consenso. Creemos que con estas pruebas, tenemos una base sólida para actuar en este ámbito. Esa es una buena noticia, porque las medidas relativas al cambio climático deben aumentar ahora mismo.
 
Durante las negociaciones de las Naciones Unidas (ONU) sobre el clima en Lima (COP20) que se realizan esta y la próxima semana, parece que el estancamiento puede estar atenuándose. Estados Unidos y China —los dos mayores emisores del mundo— establecieron un sólido camino el mes pasado cuando los presidentes Barack Obama y Xi Jinping se comprometieron de manera conjunta a reducir las emisiones. Sus promesas, junto con el compromiso de la Unión Europea y el apoyo de los donantes para el Fondo Verde para el Clima, son un buen augurio en el marco de las conversaciones de Lima. Pero siempre se consideró que esta era la Conferencia de las Partes (COP) relacionada con el financiamiento, y hasta la fecha no hemos logrado el acercamiento necesario para resolver cómo financiar la transición hacia una eliminación del carbono en gran escala y una capacidad de resiliencia que perdure en el tiempo.
 
En la Cumbre de Alto Nivel sobre el Cambio Climático convocada por el secretario general de la ONU en septiembre, durante el debate sobre cómo financiamos las actividades en este ámbito, se observaron avances realizados por grupos del sector privado y el centro de atención estuvo en una serie de iniciativas subnacionales. Al mismo tiempo, una importante coalición de 74 países y más de 1000 empresas manifestó su apoyo a la fijación del precio del carbono. Esta alianza ahora está concentrada en su tarea. Reunirá a las empresas y los Gobiernos para que aprendan de las estructuras de fijación del precio del carbono existentes y encuentren formas eficaces para alentar decisiones empresariales sostenibles. Se centrará en cómo los mercados de carbono conectados a nivel mundial pueden emerger y de qué manera adecuar los precios.
 
Por este motivo hablaremos en Lima sobre cómo aplicaremos los factores económicos adecuados y qué deben incluir los países en sus aportes nacionales. Si la demanda es fuerte, los precios serán sólidos y el financiamiento podrá fluir.
 
En este contexto, seguiremos respaldando el Fondo Verde para el Clima y, junto con nuestros colegas de los otros bancos multilaterales de desarrollo, ofreciendo maneras de dirigir su capital inicial de US$9700 millones hacia acciones de mitigación y adaptación de alto impacto y con un elevado nivel de movilización de recursos. Hablaremos de nuestro compromiso de medir, informar y crear criterios comunes acerca de cómo usamos el financiamiento para el desarrollo y el clima con el fin de ayudar a que los flujos del financiamiento para el clima sean más transparentes y, en consecuencia, permitan aumentar la confianza.
 
Estaremos de acuerdo en que resulta evidente que debemos integrar la resiliencia en el desarrollo y que necesitamos una inyección de nuevo financiamiento para el desarrollo si queremos satisfacer las claras necesidades de aquellos que son los más vulnerables frente al cambio climático.
 
El Día del Paisaje tendrá lugar el 6 y el 7 de diciembre en el marco de la COP. Estamos encantados de que las comunidades dedicadas al uso del suelo en general se estén uniendo. Si el objetivo es claramente disminuir el nivel de carbono para 2100, entonces la manera de gestionar los paisajes y el valor que damos a la naturaleza y los ecosistemas tendrán que cambiar y ser una prioridad en la agenda. 
 
Creemos que las políticas gubernamentales, la planificación y las prácticas comerciales pueden ayudar a controlar la deforestación y mejorar las técnicas de manejo del suelo. En el Grupo Banco Mundial, estamos ayudando a los países a cambiar el uso habitual del suelo por un desarrollo inteligente en relación con el clima que integre la silvicultura y la agricultura. Los pagos basados en resultados que proporcionan un valor adicional a los países que reducen con éxito la deforestación y la degradación forestal ofrecen enseñanzas prometedoras. Los programas que apoyan el trabajo en estas áreas deben ser más simples y estar mejor coordinados si queremos avanzar a escala. Estamos muy contentos con el número de países que están listos para realizar avances.
 
Hablaremos de todas estas áreas de acción en Lima, y centraremos todas nuestras conversaciones en el impacto sobre los más pobres. Cada trabajo de investigación que encargamos o realizamos nos dice que debemos comenzar ahora a fortalecer la capacidad de adaptación en todas las decisiones que se tomen en materia de desarrollo.
 
La semana pasada publicamos el tercer informe de la serie Bajemos la temperatura. (i) El calentamiento actual del mundo ya es de 0,8 °C por encima de los niveles preindustriales, y estamos viendo los efectos del cambio climático a medida que los glaciares desaparecen y los fenómenos extremos son más comunes. Los estudios indican que, si seguimos haciendo lo de siempre, los adolescentes de hoy tendrán que vivir en un planeta con mayores olas de calor, sequías, aumento del nivel del mar, e inseguridad hídrica y alimentaria en muchas regiones. Esto afectará su salud, los cultivos y las empresas, así como la habitabilidad. Si no se adoptan medidas, los costos seguirán aumentando.
 
Las pruebas dan que pensar.
 
Hace unos días estaba explicando la trama de la nueva película “Interestelar” a mi hijo pequeño. Después de escuchar atentamente esta historia de saqueo de la Tierra, el fracaso de los sistemas alimentarios y una misión espacial para encontrar un entorno hospitalario en otra galaxia, se volvió hacia mí y me dijo, “entonces no era ciencia ficción en realidad”. Su reacción me dejó muda.
 
No es necesario que lleguemos al punto de un mundo distópico. Hay lugar para que cada país inicie la transición hacia un desarrollo más limpio; para que cada encargado de formular políticas tome decisiones; para que cada país realice aportes. Y también existe una responsabilidad colectiva de gestionar la economía del planeta que debe ser asumida ahora por los líderes económicos mundiales para dar un mayor impulso en la dirección correcta.

Autores

Rachel Kyte

Vicepresidenta y enviada especial para el Cambio Climático del Grupo Banco Mundial

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