Los actuales impactos de "alentar" a las personas a pagar sus impuestos

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© Maria Fleischmann/World Bank
© Maria Fleischmann/Banco Mundial

La sostenibilidad es el santo grial del desarrollo. Muchas intervenciones logran un impacto positivo en el corto plazo, pero de alguna manera no logran ser sostenidas en el tiempo. Por esta razón vale la pena prestarle atención a la experiencia guatemalteca descrita en este blog, que nos enseña cómo las ciencias del comportamiento pueden conducir a un cambio duradero y sostenible.  

Todo comenzó en 2012 en Reino Unido con cambios simples en las cartas recordatorias enviadas a los contribuyentes morosos en el pago del impuesto sobre la renta. Los cambios fueron muy exitosos, induciendo pagos por £4.9 millones (alrededor de $6.5 millones) en una muestra de casi 120,000 contribuyentes morosos, que no se habrían recaudado sin la intervención. La entonces joven institución llamada “Behavioural Insights Team” (BIT) se daba a conocer en el mundo entero con esta intervención efectiva y de muy bajo costo que se basó en modificar los mensajes de las cartas que ya recibían los contribuyentes morosos. El mensaje que tuvo mayor efectividad decía: “9 de cada 10 personas en el Reino Unido pagan sus impuestos a tiempo. Usted forma parte de una pequeña minoría que aún no ha pagado”. Los expertos de las ciencias del comportamiento han podido demostrar que contarle a la gente lo que la mayoría hace, sobre todo cuando se trata de un comportamiento positivo, es una buena técnica para cambiar el comportamiento. 

Inspirados en esta intervención, la Superintendencia de Administración Tributaria (SAT) de Guatemala en colaboración con el Banco Mundial y el BIT se preguntaron si funcionaría también en un contexto tan diferente como el de Guatemala, donde la recolección de impuestos es un desafío y donde el cumplimiento de impuestos no es del 90 por ciento como en el Reino Unido, sino más bien cerca al 65 por ciento. En Guatemala la recaudación de impuestos es tan baja, que entre 2011 y 2015 equivalía tan solo al 12 por ciento del PIB, menos de la mitad del promedio en países de América Latina (26 por cierto) . Sólo había una forma de comprobar si esto funcionaría en Guatemala, donde había poco que perder —el costo era muy bajo— y en cambio, si salía bien, mucho por ganar.

Así, en 2015, decidieron diseñar una intervención simple en todo Guatemala para medir el impacto de mensajes específicos incluidos en las cartas que la SAT tenía como costumbre enviar a los contribuyentes morosos en el pago del impuesto sobre la renta. Los mensajes hacían referencia a normas sociales, a elecciones deliberadas o incluso al orgullo nacional, entre otros (ver tabla 1). El objetivo de este experimento era no solo incrementar el número de contribuyentes declarantes y el recaudo total del impuesto sobre la renta sino aprender, mediante métodos de evaluación de impacto, cuál era el mensaje más efectivo en el contexto guatemalteco.

¿Funcionó? Sí funcionó. No solo más guatemaltecos declararon, sino que los que declararon, lo hicieron en mayor cuantía. Aquellos que recibieron la carta con el mensaje de norma social—donde se resaltaba que eran parte de una minoría que no había presentado todavía su declaración—, y el mensaje que hacía referencia al no pago como una elección deliberada—donde se les advertía de una posible auditoría—, pagaron cuatro veces más en impuestos que aquellos que recibieron la carta original (ver tabla 1).

Tabla 1. Resumen de mensajes en las cartas para promover el pago de impuestos en Guatemala

La colaboración entre estas entidades resultó no solo en un aumento total en la recaudación, sino también en un cambio en la forma de pensar y actuar de los funcionarios de la SAT, quienes una vez terminada la colaboración con el Banco Mundial (BM) y BIT, y convencidos del impacto de lo que acababan de hacer, comenzaron a internalizar y adaptar la metodología basada en ciencias del comportamiento en sus operaciones del día a día y en la comunicación con los contribuyentes.

Han pasado cuatro años desde que recogieron los resultados de ese primer experimento, y es una muy buena noticia ver que el proceso continúa al día de hoy. En todos los años siguientes, la SAT decidió repetir el experimento usando diferentes mecanismos de trasmisión. Además de enviar cartas físicas, añadieron el envío de correos electrónicos y mensajes de texto. Con cada experimento, la recaudación total del impuesto sobre la renta no solo seguía en aumento, sino que los efectos se sostenían en el tiempo, incluso 12 meses después de haber enviado los mensajes iniciales y sin necesidad de enviar un recordatorio.

El equipo ha podido observar de primera mano los efectos de la aplicación de técnicas conductuales al recaudo del impuesto sobre la renta , por lo que actualmente están explorando llevar a escala esta intervención y aplicar las técnicas a otras áreas de negocio de la SAT. Estos días trabajan en ideas para incrementar la recaudación de otros impuestos, como el IVA y en opciones para incrementar el recaudo del impuesto sobre circulación de vehículos.

Esta experiencia de utilización de técnicas de comportamiento que comenzó con un apoyo puntual del Banco Mundial y el BIT, pero que ahora forma parte de la forma de pensar y actuar de la autoridad fiscal de Guatemala, sirve como ejemplo para otros países con situaciones similares, donde la tasa de cumplimiento con el pago de impuestos es relativamente baja. Las medidas tradicionales para aumentar el recaudo son costosas, necesitan cambios en la legislación y no siempre dan resultados positivos. Aquí tenemos un ejemplo muy poderoso, simple y de bajo costo donde se demuestra la efectividad y sostenibilidad de las técnicas de las ciencias de comportamiento. 

Autores

Oscar Calvo-González

Economista y Líder de Sector del Departamento de Gestión Económica y Reducción de la Pobreza del Banco Mundial para América Latina y el Caribe

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Anonymous
08 de Diciembre de 2018

Me encanta este artículo. Es necesario promover la conducta de responsabilidad fiscal. Lastimosamente la conducta de corrupción, falta de transparencia y permisibilidad de evasión y elusión de la industria y del gran empresariado por parte de muchos gobiernos desincentivan desarrollar la conducta de compromiso fiscal en la ciudadanía.

Jose Luis Garcia Rios
04 de Enero de 2019

Quienes hemos trabajado toda la vida en el quehacer tributario especialmente en la administración de impuestos, lo hemos hecho bajo la premisa de que nuestra principal misión es conseguir el cumplimiento voluntario de las obligaciones. Así hemos evolucionado en la elaboración de estrategias apoyadas en adelantos tecnológicos que nos han permitido desarrollar mejores técnicas preventivas y disuasivas del incumplimiento, con altos costos de administración y aún mayores costos de cumplimiento.
Han transcurrido años desde cuando iniciamos nuestra tarea y hoy presenciamos el fracaso de muchas administraciones en el logro de la misión encargada ¿Es que tal vez nos ha superado la capacidad de evasión que hoy tienen los contribuyentes? ¿Es que tal vez la deplorable realidad económica obstruye nuestra tenacidad en el cobro? ¿Es que no hemos sabido hacer nuestra tarea…?
Tal vez hayamos equivocado el camino… ni la prevención ni la represión más severa pueden cambiar la voluntad de pago de una comunidad que por distintas razones socioculturales y económicas ha decidido no colaborar con una gestión que no comparte quizá por legítimas razones o por no tan legitimas…
Es por eso que cuando el nivel de incumplimiento excede los márgenes controlables, se hace prioritario investigar en sus orígenes para conocer sus causas con la finalidad de corregirlas…
El mayor avance tecnológico y la sofisticación de técnicas fiscalizadoras, tal vez logren mejorar la transparencia de la realidad económica y con ello optimizar la comprobación de indicios que lleven a la evasión, pero no contribuirán a modificar sustancialmente la voluntad de pago.
La voluntad de pago de la sociedad deriva de la formación de conciencia contributiva que responde en coherencia con la satisfacción que le proporcionan tanto la convivencia en que vive cuanto los beneficios que recibe del Estado y la calidad de vida que obtiene con ellos, ni las más duras facultades administrativas ni la mayor eficiencia de sus operaciones en utilizarlas alcanzaran para modificarla.