Los sueldos más altos pueden empeorar la corrupción

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Para los economistas, es extremadamente redundante plantear que la corrupción tiene orígenes económicos: los estudios clásicos y contemporáneos han sostenido desde hace mucho tiempo que los sueldos más altos son mejores para combatir la corrupción. Sin embargo, debido a las obvias dificultades para hacer una reforma normativa real en los países en desarrollo, los investigadores y los responsables de formular políticas han visto escasas pruebas que arrojen luz sobre esta declaración; especialmente en los países africanos donde a menudo los sueldos son bajos y la corrupción todavía es una gran preocupación.

Sobre la base de la investigación que estoy realizando (i) con Jeremy Foltz, creo que los sueldos más altos pueden realmente empeorar la corrupción.

La corrupción en pequeña escala en África occidental sofoca la actividad de transporte comercial en las carreteras. Irónicamente, estos caminos fueron creados para permitir que países como Ghana y Burkina Faso cosecharan los celebrados beneficios del comercio internacional. Sin embargo, mientras los economistas tienden a ocupar mucho tiempo —como nosotros deberíamos hacerlo— en aranceles, cuotas y otras barreras económicas, este tipo de corrupción nos está enseñando que las barreras comerciales pueden ser políticas también.

El problema es que los funcionarios policiales y aduaneros, así como otros, sobornan a los conductores cuando estos viajan hacia y desde los puertos, aprovechando a menudo el hecho de que los transportistas siempre tienen prisa por llegar a su destino.

Para los conductores, la opción más fácil de ahorrar tiempo es apretar los dientes y dar el soborno para poder pasar la barrera, y después probablemente sentirse decepcionados cuando deben enfrentar una próxima “parada”. Un funcionario puede pedir un regalito; otro oficial puede pedir otro poquito para impedir que el viento se lleve la licencia del conductor de sus manos. Cualquiera sea la colorida expresión, los ciudadanos ghaneses siempre han sabido que los bajos estándares de vida pudieron haber ayudado a que la corrupción en pequeña escala ganase terreno con el tiempo. Los Gobiernos de Ghana han tratado con muchas dificultades de implementar reformas que ayuden a mejorar las condiciones laborales de los policías a lo largo de los años.

Repentinamente, el 1 de julio de 2010, ser policía se convirtió en algo muy importante. Gracias a una nueva reforma normativa, los sueldos de los funcionarios policiales se duplicaron de la noche a la mañana. Como uno se puede imaginar, no todos en Ghana estaban muy felices con esto: varios sindicatos de la salud y de otros servicios públicos realizaron demostraciones y amenazaron con irse a la huelga como respuesta. En teoría esta medida muy generosa terminaría con el pedido de sobornos en las carreteras y los haría innecesarios. Esta propuesta lógicamente consistente ganó popularidad en la medida en que gran parte del país esperaba que por lo menos algo bueno saliera de ella.

La falta de aumentos salariales para los funcionarios que no eran policías en Ghana así como en Burkina Faso, nos permitió ver lo que la reforma normativa significó para los sobornos en un simple cuasiexperimento. Sobre la base de las encuestas realizadas a los conductores de camiones que viajan entre Uagadugú (la capital de Burkina Faso) y Tema (un puerto importante en Ghana), analizamos qué cantidad fue dada a qué funcionario, y cuánto tiempo duró la interacción en que se produjo el acto de corrupción. Como nuestros datos consideraban la política salarial, podíamos explorar qué efecto tenía realmente la iniciativa en los comportamientos y en los resultados del soborno.

Para nuestra sorpresa, descubrimos exactamente lo contrario de lo que la mayoría de los ghaneses con los que habíamos conversado anticipaban —y, para ser justos, gran parte de las teorías económicas. No solo la policía pasó más tiempo sobornando a los conductores después de recibir sueldos más altos, sino que, además, obtuvieron mucho más dinero tras el mejoramiento salarial. En vez de llevar a  (si el lector nos lo permite) una fuerza policial más educada, los sueldos más altos parecían dar lugar a un mayor deseo de cometer actos de corrupción. Aunque nos alentaron inicialmente a que localizáramos un aumento paralelo en el número de camiones que no pagaron cohechos, nos sentimos descorazonados al darnos cuenta de que los actos de soborno no cambiaron realmente. Esto se debió en parte a que el mejoramiento de los salarios de los policías también aumentó el número de las “paradas” en las carreteras. Lo que es todavía peor, el costo agregado del soborno subió notoriamente después del incremento salarial de los funcionarios policiales.

En la Conferencia Anual sobre África (ABCA) 2015 del Banco Mundial, (i) una cosa que pareció llamar la atención del público fue la triste constatación de que los transportistas considerados en nuestros datos tenían siempre todos sus papeles en orden. De modo que en ningún caso las cantidades extorsionadas se podían justificar diciendo que eran culpa de los conductores. Los asistentes a la ABCA también parecieron estar de acuerdo en que una pieza fundamental que falta es tener instituciones más sólidas y supervisar los entornos en que se desenvuelven los funcionarios de la policía.

En vez de una conclusión directa, la corrupción en pequeña escala crea un dilema interesante en materia de políticas: ¿se les debería pagar a los funcionarios corruptos de manera apropiada porque es lo que corresponde hacer, o se deberían considerar las consecuencias negativas también?

Aunque se necesita mayor investigación para hacer avanzar este debate, creemos que sería bueno que los encargados de formular las políticas en África abordaran el problema de una manera más integral.

Esta es la primera publicación de una serie de blogs de invitados, que se basan en los informes presentados en la Conferencia Anual sobre África 2015 del Banco Mundial, (i) titulada “Enfrentar el conflicto y la fragilidad en África”.

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