Nepal necesita su ayuda

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Saurav Rana/Banco Mundial
A estas alturas, ya todos ustedes habrán oído sobre el gran terremoto y las numerosas réplicas que han afectado a Nepal (i) durante los últimos días. Mientras escribo esto, se produce otro temblor, 36 horas después del sismo original.
 
Tengo suerte que mi familia está bien. Hemos sido afortunados. La mayoría de las personas en Katmandú están acampando en improvisadas tiendas de campaña que han sido levantadas en varios lugares al aire libre en toda la ciudad: escuelas, barracas del ejército y campos abiertos. Algunas de estas han sido armadas por rescatistas mientras que otras han sido erigidas por los habitantes locales. En algunos sitios, los muertos están siendo cremados solamente a cinco metros de donde las personas están durmiendo. La lluvia empeora la situación en un tiempo que ya de por sí es emocionalmente difícil. Esto solo es en Katmandú.
 
Saurav Rana/Banco Mundial

Las zonas rurales, donde el 80 % de los nepalíes vive, están devastadas. Pueblos enteros han desaparecido; han quedado enterrados debido a los derrumbes provocados por los numerosos sismos. Donde esto no ha sucedido, las casas de las aldeas —construidas principalmente de barro y madera—, han quedado convertidas en polvo, dejando a sus habitantes expuestos a diversos elementos. Esto está ocurriendo en algunos de los lugares montañosos de más difícil acceso.
 
El número de muertos aumenta cada hora. Aunque mi familia y yo estamos a salvo, los familiares de muchos de mis amigos han fallecido. Muchas personas que conocemos han perdido sus hogares. A la nieta de uno de nuestros trabajadores le tienen que amputar una pierna. Mi "Didi", quien me cuidó cuando niño y es como una segunda mamá para mí, perdió a su primo cuando fue aplastado al colapsar su casa. Ella ni siquiera sabe cómo empezar a lamentar su muerte, sabiendo que aún tiene que mantenerse a salvo tanto ella como muchos otros a su alrededor.

El patrimonio cultural que hemos perdido es igualmente inimaginable. Templos y plazas palaciegas de siglos de antigüedad están reducidas a polvo. Imaginen las Dos Torres en Bolonia o el Monumento a Washington en la ciudad de Washington en ruinas. Esta pérdida es desmoralizadora.
 
La comunidad internacional ha reaccionado prontamente y las medidas de socorro están en pleno desarrollo. Aviones militares IL-76 y Hércules han estado volando día y noche para llevar suministros y personal y materiales de socorro. Katmandú, situada en el valle del mismo nombre, tiene solo dos carreteras principales que conectan a la ciudad con el resto del mundo: una con China y otra con India. Los daños sufridos por estas vías, que han sido informados, limitan lo que puede ser llevado a la ciudad por tierra.
 
 
Saurav Rana/Banco Mundial
Sin embargo, esto es solo el comienzo. Los desafíos mayores aún no se presentan. La temporada de los monzones empezará en un mes. Los meses lluviosos son sinónimos de brotes de varias enfermedades, entre ellas la disentería, el cólera y la hepatitis. Debido a la destrucción de las viviendas de muchas personas, los abarrotados campamentos continuarán sirviendo de refugio en los próximos meses. Tales lugares, atestados de personas y con deficientes condiciones de higiene, pueden convertirse en caldo de cultivo para enfermedades, especialmente en Katmandú, donde el agua potable es escasa incluso en circunstancias normales.
 
Este es mi pedido para todos los que lean esto.

La respuesta inicial ha sido absolutamente fantástica y ha levantado nuestro ánimo, pero la ayuda tendrá que ser sostenida en el tiempo. La asistencia no se podrá limitar solo a la reconstrucción sino que también deberá ser dirigida a la prevención de brotes de enfermedades, lo cual será más preponderante durante los meses de los monzones.
 
Vamos a necesitar agua limpia, medicamentos, ropas impermeables y apoyo en infraestructura para construir campamentos higiénicos para las personas que han perdido sus viviendas.
 
Tener que enfrentar potenciales brotes epidémicos será más arduo con este tipo de devastación. Por favor, apoyen a las organizaciones que están realizando labores de socorro en Nepal y también ayuden a crear conciencia acerca de los inminentes problemas de salud y saneamiento.
 
He sentido mucho miedo en los últimos días. Por primera vez, he tenido que enfrentar mi propia mortalidad: sentado, esperando en las quietas y escalofriantes noches que haya otra réplica. Pero también superando esta ansiedad para ayudar a mi familia y a todos en casa, y después, cuando estén a salvo, ayudar al resto del país.
 
Necesitamos su ayuda. Nepal los necesita.

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