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Solo se Erradicará la Pobreza para 2030 si el Crecimiento es Compartido

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Migrant workers cook a meal Si bien el mundo ha atestiguado una rápida reducción de la pobreza extrema en estas décadas, todavía queda un amplio trecho hasta alcanzar la meta de erradicarla para 2030. Las estimaciones más recientes indican que mil millones de personas (un 14,5 % de la población mundial) vivían por debajo de la línea de 1,25 dólares por día en 2011. Las proyecciones de 2030 señalan que quizá no se alcance el objetivo de pobreza global aun en las circunstancias más optimistas. Las estimaciones del Banco Mundial muestran que, incluso si los países en vías de desarrollo crecieran al ritmo que mantuvieron (con una velocidad sin precedentes) de 2000 a 2010, las cifras de pobreza solo podrían disminuir del 14,5 % de 2011 a un 4,9 % en 2030, lejos aún del fin de la pobreza. Estas proyecciones dan por sentado un crecimiento con distribución neutral, es decir, que los ingresos de todas las personas de cada país crezcan en la misma proporción, por lo que la desigualdad permanecería sin cambios. Como ocurrió anteriormente, el crecimiento general será un impulsor principal para reducir la pobreza en el futuro, pero el carácter inclusivo de tal crecimiento también desempeñará un papel fundamental.

No es el “Cómo”; sino el “Por Qué”

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Casi no pasa una semana sin que escuche la frase: “no es el qué; sino el cómo”.  En el caso de la reforma de los subsidios a la energía en Oriente Medio y Norte de África (MENA), por ejemplo, la discusión no se ha centrado en si se deben reformar los subsidios (todos están de acuerdo en que los subsidios tienen que ser cambiados), sino en cómo se debe realizar tal reforma. Similares son las observaciones respecto a las regulaciones empresariales, la educación, la agricultura o la salud.  Confieso que yo mismo he escrito cosas  parecidas. Y hay numerosas propuestas semejantes en este blog.  

 Se necesitan reformas porque lo que existe en estos momentos es una política o un arreglo institucional que ha llegado a ser contraproducente. Pero antes de sugerir cómo cambiar esta situación, debemos preguntarnos por qué existe en absoluto esa política, por qué ha durado tanto tiempo y por qué no ha sido modificada. Sabemos, que estas políticas no surgieron por accidente, ni tampoco han permanecido porque alguien olvidó cambiarlas. Y es poco probable que sean modificadas solo porque un responsable de formular políticas lea un libro, artículo o una publicación en un blog titulada “Cómo reformar…”.

¿Cuáles son las Fuentes de la Corrupción?

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En un blog anterior analizamos los factores que han llevado el tema de la corrupción al centro del debate de políticas acertadas sobre gestión económica. Una pregunta relacionada se refiere a las fuentes de la corrupción: ¿de dónde proviene y qué factores la han impulsado y transformado en un obstáculo tan poderoso para el desarrollo económico sostenible? Los economistas parecen estar de acuerdo en que una importante fuente de corrupción se origina en la función distributiva del Estado. Para bien o para mal, el papel del Estado en la economía ha aumentado en gran medida durante el siglo pasado. En 1913, las 13 economías más grandes del mundo, que representaban la mayor parte de la producción económica mundial, tenían un coeficiente medio de gasto en relación con el producto interno bruto (PIB) de alrededor del 12%. En 1990, este coeficiente había subido al 43%, si bien muchos países superaban ampliamente el 50%. Este incremento estaba asociado a la proliferación de beneficios estatales y a diversas formas en que el Estado impone costos a la sociedad. Aunque un Estado más grande no tiene por qué tener  correlación  con mayores niveles de corrupción —los países nórdicos ilustran esto— se da el caso de que cuanto más grande es el número de interacciones entre funcionarios y ciudadanos particulares, tanto mayor es la cantidad de oportunidades en las que los últimos pueden tener la intención de pagar para recibir beneficios a los que no tienen derecho, o evitar responsabilidades o costos a los que están obligados.

¿Por Qué Hoy la Corrupción no es Tanto un Tabú Como Hace un Cuarto de Siglo?

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A aquellos de nosotros que nos han interesado los actos de corrupción durante la mayor parte de nuestras carreras, no nos cabe duda que en algún momento a fines de los años ochenta y principios de los noventa cambió la manera de pensar dentro de la comunidad del desarrollo respecto a la importancia de la corrupción en el proceso de desarrollo. Este cambio fue vacilante al comienzo; durante un tiempo la continua reticencia a enfrentar un tema que se considera tiene una gran dimensión política coexistió con crecientes alusiones a la importancia del “buen gobierno” para fomentar un desarrollo exitoso.

¿Cuáles fueron los factores que contribuyeron a esta evolución? Uno que me viene rápido a la mente esta vinculado con la caída del muro de Berlín y el consiguiente colapso de la planificación centralizada como una alternativa supuestamente viable al libre mercado. Fue obvio que deficiencias institucionales generalizadas, incluyendo una perniciosa combinación de autoritarismo (esto es, falta de rendición de cuentas) y de corrupción, condujeron al desplome de este tipo de planificación más que la adopción de políticas monetarias inadecuadas.

¿Puede algo Bueno Convertirse Eventualmente en Malo?

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Bicyclist on city street in Nepal ¿Puede algo bueno convertirse eventualmente en malo y hay un punto en que llega a ser demasiado? Cuando se piensa en el desarrollo de Nepal, las remesas parecen ser precisamente ese factor ambiguo. Sorprendentemente, a pesar de la creciente importancia de las remesas en todo el mundo y su nivel de reconocimiento cada vez más alto, nos falta una narrativa coherente sobre el crecimiento y desarrollo de los países muy dependientes de remesas (HRDCs, por sus siglas en inglés - por una vez, puede ser necesario un nuevo acrónimo) como Nepal.
 
Si bien las remesas tienen un impacto directo sin ambigüedades en el bienestar de los hogares, las pruebas sobre cómo afectan las variables macroeconómicas son inciertas. Por otra parte, su contribución al bienestar nacional a menudo no tiene suficiente reconocimiento en los mismos países que respaldan y se mezcla con un sentimiento de vergüenza colectiva y miedo a la dependencia. En este sentido, dejamos deliberadamente a un lado el espinoso tema de los derechos de los migrantes, puesto de relieve recientemente en un artículo de The Guardian (Qatar’s World Cup ‘Slaves’), y nos centramos en el efecto económico de los flujos de remesas.

Que coman dinero

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Este blog fue publicado originalmente en inglés aquí: "Future Development"

The Economist tiene un excelente artículo (i) esta semana acerca de darles transferencias de efectivo condicionadas o no condicionadas a los pobres para aliviar su pobreza.  Llamándolo “posiblemente la mejor pieza de periodismo sobre transferencias de efectivo que he visto hasta ahora”, Chris Blattman, (i) —uno de los investigadores cuya investigación ha aportado grano a este molino— se lamenta de que esta manera de escribir “tiende a hacer que el comité del Pulitzer se quede dormido en cama”.  Puede ser así, pero la idea es potencialmente transformadora.

Ya se estableció (i) desde hace algún tiempo que las transferencias de efectivo condicionadas para enviar a los niños al colegio o llevarlos a una revisión médica mejoran los resultados en salud y educación. Más recientemente, algunos estudios (i) muestran que las transferencias de efectivo no condicionadas podrían tener el mismo efecto. El trabajo (i) de Chris demuestra que darles efectivo a los jóvenes desocupados conduce a mayores ganancias de negocios que si se usara el dinero para realizar cursos de formación profesional para estas personas.

¿Cómo podemos reducir la desigualdad de los ingresos altos?

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Hay muchas maneras de pensar en la desigualdad de ingresos. Uno puede, por ejemplo, considerarla dentro de los límites de un determinado país y preguntar cómo se distribuye el ingreso hoy entre los 198 millones de ciudadanos de Brasil. También es posible mirar el ingreso promedio per cápita de todos los países del mundo (o de una región del mundo) y preguntar: ¿cuán desiguales son las diferencias de ingresos entre los países en un momento determinado en el tiempo? Podemos pensar en esto como desigualdad internacional. Uno también se puede abstraer de los límites nacionales y de los conceptos de ciudadanía, ver el mundo como una familia humana, y preguntar: ¿cómo se distribuye la renta entre sus 7000 millones de personas? A esto se lo puede llamar la desigualdad global de los ingresos.