Syndicate content

Gobierno

No es el “Cómo”; sino el “Por Qué”

Shanta Devarajan's picture
Esta página en: English | Français | العربية

Casi no pasa una semana sin que escuche la frase: “no es el qué; sino el cómo”.  En el caso de la reforma de los subsidios a la energía en Oriente Medio y Norte de África (MENA), por ejemplo, la discusión no se ha centrado en si se deben reformar los subsidios (todos están de acuerdo en que los subsidios tienen que ser cambiados), sino en cómo se debe realizar tal reforma. Similares son las observaciones respecto a las regulaciones empresariales, la educación, la agricultura o la salud.  Confieso que yo mismo he escrito cosas  parecidas. Y hay numerosas propuestas semejantes en este blog.  

 Se necesitan reformas porque lo que existe en estos momentos es una política o un arreglo institucional que ha llegado a ser contraproducente. Pero antes de sugerir cómo cambiar esta situación, debemos preguntarnos por qué existe en absoluto esa política, por qué ha durado tanto tiempo y por qué no ha sido modificada. Sabemos, que estas políticas no surgieron por accidente, ni tampoco han permanecido porque alguien olvidó cambiarlas. Y es poco probable que sean modificadas solo porque un responsable de formular políticas lea un libro, artículo o una publicación en un blog titulada “Cómo reformar…”.

¿Cuáles son las Fuentes de la Corrupción?

Augusto Lopez-Claros's picture
Esta página en: English | Français

En un blog anterior analizamos los factores que han llevado el tema de la corrupción al centro del debate de políticas acertadas sobre gestión económica. Una pregunta relacionada se refiere a las fuentes de la corrupción: ¿de dónde proviene y qué factores la han impulsado y transformado en un obstáculo tan poderoso para el desarrollo económico sostenible? Los economistas parecen estar de acuerdo en que una importante fuente de corrupción se origina en la función distributiva del Estado. Para bien o para mal, el papel del Estado en la economía ha aumentado en gran medida durante el siglo pasado. En 1913, las 13 economías más grandes del mundo, que representaban la mayor parte de la producción económica mundial, tenían un coeficiente medio de gasto en relación con el producto interno bruto (PIB) de alrededor del 12%. En 1990, este coeficiente había subido al 43%, si bien muchos países superaban ampliamente el 50%. Este incremento estaba asociado a la proliferación de beneficios estatales y a diversas formas en que el Estado impone costos a la sociedad. Aunque un Estado más grande no tiene por qué tener  correlación  con mayores niveles de corrupción —los países nórdicos ilustran esto— se da el caso de que cuanto más grande es el número de interacciones entre funcionarios y ciudadanos particulares, tanto mayor es la cantidad de oportunidades en las que los últimos pueden tener la intención de pagar para recibir beneficios a los que no tienen derecho, o evitar responsabilidades o costos a los que están obligados.

¿Por Qué Hoy la Corrupción no es Tanto un Tabú Como Hace un Cuarto de Siglo?

Augusto Lopez-Claros's picture
Esta página en: English | Français

A aquellos de nosotros que nos han interesado los actos de corrupción durante la mayor parte de nuestras carreras, no nos cabe duda que en algún momento a fines de los años ochenta y principios de los noventa cambió la manera de pensar dentro de la comunidad del desarrollo respecto a la importancia de la corrupción en el proceso de desarrollo. Este cambio fue vacilante al comienzo; durante un tiempo la continua reticencia a enfrentar un tema que se considera tiene una gran dimensión política coexistió con crecientes alusiones a la importancia del “buen gobierno” para fomentar un desarrollo exitoso.

¿Cuáles fueron los factores que contribuyeron a esta evolución? Uno que me viene rápido a la mente esta vinculado con la caída del muro de Berlín y el consiguiente colapso de la planificación centralizada como una alternativa supuestamente viable al libre mercado. Fue obvio que deficiencias institucionales generalizadas, incluyendo una perniciosa combinación de autoritarismo (esto es, falta de rendición de cuentas) y de corrupción, condujeron al desplome de este tipo de planificación más que la adopción de políticas monetarias inadecuadas.