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Empresas líderes mexicanas…¿y por qué no?

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¿Por qué no hay más industrias punteras y empresarios innovadores en México? Siempre me ha parecido un poco sorprendente que no sea así. 

La proximidad con Estados Unidos facilita el acceso a los consumidores más voraces y adinerados del planeta, y que los jóvenes mexicanos se gradúen en universidades norteamericanas. 

Los flujos de inversión estadounidense hacia México deberían facilitar la difusión de tecnología y abrir la oportunidad para la integración de las empresas mexicanas en las cadenas globales de valor. 

Sin embargo, la inmensa mayoría de los proveedores de las empresas multinacionales instaladas en México son, a su vez, empresas extranjeras.

En China, las empresas son capaces de hacer ingeniería reversa de los productos y procesos de las multinacionales y comenzar a producir localmente en menos de una década. ¿Por qué no en México?

El problema no es que haya pocas empresas, de hecho hay muchas…vamos, muchísimas. Pero la mayoría no son realmente empresas, sino unidades de producción de subsistencia o autoempleo ante la falta de perspectivas de empleo remunerado.

Si México tuviese la misma proporción de empresas medianas y grandes que Estados Unidos, se estima que podría más que duplicar su productividad, lo que se traduciría en un incremento substancial del ingreso por habitante.

¿Una cuestión cultural?

Muchos colegas mexicanos me dicen que la falta de empresarios con visión innovadora se debe a “cuestión cultural”. Se prefiere no crecer a fin de mantener el control familiar de la empresa o permanecer en la informalidad. 
 

Bueno, entiendo que los microempresarios de subsistencia bastante tienen con subsistir, pero ¿y los demás? Todo el mundo admira las ideas de Bill Gates o Steve Jobs,  pero ellos se hicieron multimillonarios solo cuando listaron sus empresas en bolsa, en lugar de permanecer comoditos en la informalidad de su garaje.

Lo que si sabemos es que en países donde la cultura  empresarial innovadora es vibrante -como en Corea, Israel, Alemania o Finlandia- hay importantes esfuerzos concertados del sector productivo y el gobierno, que puede jugar un importante papel como proveedor de información, facilitador y regulador, a fin de crear un clima propicio a la innovación. 
 
Esto incluye el acceso al financiamiento, un marco regulatorio predecible,  libre competencia, seguridad jurídica e infraestructura adecuada. 

El gobierno también puede desarrollar programas efectivos de apoyo a las empresas con potencial de crecimiento y capacidad de generar empleo de calidad.

Vanguardia social y productiva

México ha sido pionero en  el desarrollo y evaluación de programas sociales como “Oportunidades”, que ha sido copiado –con nombre y todo- hasta en Nueva York (“Opportunity”). ¿Por qué no pasar también a la vanguardia en el diseño de programas efectivos y rigurosos para promover la democratización de la productividad?

Intenté averiguar cuanto se gasta México en programas de apoyo a las empresas, pero parece que nadie lo sabe exactamente, dado que las responsabilidades están compartidas entre varias instancias a nivel federal y estatal. 

Solo recientemente se han puesto en marcha iniciativas para recopilar información sobre todos los programas existentes,  y las conclusiones que emergen es que hay muchos, pero con objetivos solapados y que ofrecen montos pequeños. 

Todo esto me hizo recordar una fotografía que tenía un directivo de TELECOM como protector de pantalla en su computadora. Se veían cinco antenas en una misma calle de una localidad rural. Al parecer, diferentes entes gubernamentales habían instalado cada uno una antena para dar cobertura a dependencias  dentro de su área.

Dos estaban sin servicio o con fallas. Otra ni siquiera se sabía qué organismo la había puesto, pero daba igual porque, además, ¡tampoco funcionaba!  El directivo tenía esta foto para recordarse la importancia de coordinar y planificar adecuadamente. ¡No pude evitar pedírsela!

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