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América Latina, Africa unen fuerzas en el manejo de riquezas naturales

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Tiene sentido que un país construido en base a la abundancia de minerales acoja un debate fundamental sobre cómo gestionar tales recursos.

Un grupo de expertos del Banco Mundial, yo incluido, nos reunimos en Johannesburgo la semana pasada con autoridades de alto nivel, representantes de la sociedad civil y académicos, para intercambiar experiencias y mejorar nuestra comprensión sobre los problemas teóricos y prácticos que enfrentan las economías dependientes de los recursos naturales. En su calidad de principal exportador de productos básicos, América Latina puede trasmitir muchas experiencias –positivas y negativas– sobre cómo administrar las riquezas de los recursos naturales a otras zonas en desarrollo.

De hecho, nuestro reciente informe insignia, Recursos Naturales en América Latina y el Caribe: ¿Más allá del ciclo de auge y caída? sirvió de base para la 'Conferencia de África y América Latina sobre la Gestión de las Riquezas de los Recursos Naturales: Intercambio de Experiencias Sur-Sur' .

Como sostiene el informe, los mercados de los productos básicos experimentaron el apogeo más generalizado y prolongado de su historia entre 2001 y 2008 y, luego de una breve interrupción debido a la crisis financiera y la recesión, nuevamente alcanzaron niveles récord.

Si bien es cierto que los precios pueden moderarse, el auge de la demanda en las economías de alto crecimiento (la proporción de importaciones de cobre de China aumentó del 2% en 1988 al 35% en 2009, y sigue subiendo) permite pronosticar niveles considerablemente mayores en los próximos años.

Para la mayoría de los consumidores pobres del mundo, los altos precios– sobre todo los de los alimentos – son una amenaza para su bienestar. Por otra parte, para los países en desarrollo ricos en recursos naturales, la situación representa una oportunidad única siempre y cuando logren prevenir los obstáculos que en el pasado transformaron esta aparente bendición en una "maldición de los recursos naturales".

En cuanto a las políticas, los Gobiernos deben lidiar con el doble desafío de mitigar los impactos adversos de la escasez entre los pobres, y también deben aplicar políticas sectoriales y macroeconómicas para velar porque esta prosperidad sea en realidad una bendición y no una maldición.

Hay mucho que aprender de las experiencias de otros países en desarrollo, particularmente de lo sucedido en América Latina. La región tiene un potencial enorme como proveedor de conocimientos para los países de otras zonas. Las naciones latinoamericanas han llevado la delantera en el diseño de sistemas de protección para los consumidores pobres, el mejoramiento del suministro de alimentos mediante la innovación tecnológica, las reformas a las políticas y prácticas comerciales y la adopción de mejores normativas e instituciones para controlar la inestabilidad en el precio de los productos básicos.

La experiencia de los países de ALC con las redes de protección social es bastante conocida gracias al centenar de evaluaciones de impacto realizadas a dichos programas, la transparencia de sus operaciones, la abundante información que ofrecen sus sitios web y su voluntad de compartirlas en todo tipo de foros, tanto mundiales como en el hemisferio Sur.

Una serie de países, particularmente México, pero también Brasil, Colombia, Chile y Jamaica, suelen organizar giras de estudio para otras naciones. Brasil cuenta con un programa exclusivo que ofrece asistencia técnica a África, especialmente en los países de habla portuguesa. Las naciones como Ghana, Mozambique, Senegal, Angola y Zambia están creando y aplicando programas de alivio de la pobreza con apoyo del Banco Mundial y con asesoría técnica de contrapartes brasileñas.

Los países de esta región también pueden ayudar a expandir la producción de alimentos para satisfacer la creciente demanda y reducir el hambre mundial. Hace 30 años, Brasil inició una revolución agrícola que transformó su región más improductiva (la árida zona de Cerrados) en una de las reservas de alimentos más grandes del mundo.

Debido a que este país tiene mucho en común con África (similitudes geográficas en cuanto a clima y suelos), esta revolución puede transferirse al continente africano si se facilita la cooperación científica y técnica entre ambas regiones. El Mercado de Innovación Agrícola África-Brasil es una iniciativa destinada a mejorar la productividad en este continente apoyando la creación de asociaciones entre organizaciones brasileñas y africanas. El Banco Mundial ha colaborado estrechamente con la nación carioca desde el origen de esta idea y hoy, los institutos agrícolas tanto de África como de Brasil han implementado totalmente la iniciativa. El Banco ofreció una donación de tres años por US$1,5 millones y en el primer año, se logró movilizar tres veces este monto de otros donantes.

El Banco Mundial está acumulando experiencia y facilitando este tipo de intercambio de conocimientos y en el futuro, puede hacer todavía mucho más para desarrollar tanto a una institución centrada en los servicios financieros como a un proveedor de paquetes más diversificados de servicios para el desarrollo a los países prestatarios.

 

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