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Ayudar o transmitir: El dilema de la labor periodística frente a los desastres naturales

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Familia mira las noticias en la TV en refugio temporal creado en un parque de la Bahía de Caráquez, Ecuador, luego del terremoto del 2016.
Familia mira las noticias en la TV en refugio temporal creado en la Bahía de Caráquez, Ecuador, luego del terremoto del 2016. Foto: Paul Salazar / Banco Mundial.

Han pasado 17 meses desde el terremoto que afectó la costa de Ecuador y dejó más de 600 personas fallecidas; 12 meses desde que el huracán Matthew causó más 900 muertos en Haití; 6 meses desde que una avalancha enterró a más de 300 personas en Colombia y 7 meses desde que el desbordamiento de ríos dejó sin vida a más de 90 personas en el Perú. En México, los dos últimos terremotos de septiembre se cobraron la vida de más de 300 personas; a estos números se le deben sumar las víctimas de los dos últimos grandes huracanes en el Caribe, Irma y María.

¿Cuál es la labor periodística frente a estos eventos? Todos estos fenómenos naturales fueron cubiertos ampliamente por los medios de comunicación y compartidos en las redes sociales. Por ejemplo, existen imágenes y testimonios del paso del huracán Irma por el Caribe, una cobertura periodística de más de 48 horas, con transmisión ininterrumpida que narraba minuto a minuto lo que estaba sucediendo.

A través del trabajo periodístico vivimos el dolor, la desesperación, la impotencia y el gran daño que causaron estos eventos climáticos. Esta labor de difusión hizo también que miles de personas en América Latina y el Caribe y en el mundo se conmovieran frente a lo que estaba sucediendo y decidieran apoyar de diferentes formas.

Muchas personas fueron rescatadas con vida también gracias al trabajo de los medios en diferentes lugares, otros recibieron ayuda y otros encontraron consuelo compartiendo su dolor a través de un micrófono. Cientos pudieron salvar sus vidas gracias a los anuncios en televisión y radio, debido al tiempo ganado para evacuar a sus familias y protegerse.

“La información salva vidas” es una de las premisas del porqué de la acción periodística en tiempos difíciles.

Sin embargo, no todo siempre es positivo. En muchas ocasiones la falta de ética en el trabajo de los periodistas, especialmente en la cobertura de este tipo de eventos, afecta a la dignidad humana y el respeto a los otros. ¿Dónde está el límite?

Esta fue la pregunta que trataron de responder los 150 periodistas reunidos en dos talleres, en Quito y Guayaquil, organizados por la Secretaría de Gestión de Riesgos con el apoyo de Naciones Unidas, el Banco Mundial y USAID/ OFDA.

Los periodistas tienen una enorme responsabilidad frente a la cobertura de situaciones de emergencia y desastres.  La selección adecuada de expertos y el uso de información de fuentes oficiales, así como el manejo oportuno y adecuado de la información, son algunos de los aspectos que se discutieron durante las sesiones.

Los asistentes tuvieron la oportunidad de escuchar a expertos y de participar en un ejercicio de rol play, a través del cual pudieron revivir momentos difíciles pero que requieren decisiones rápidas, como los del terremoto del 16 de abril del 2016.

El rol de los medios de comunicación ha sido fundamental para informar sobre el paso de los huracanes, sin embargo, si solo un 10% de la cantidad de noticias y tiempo que se ha dado para la cobertura de estos eventos se hubiese empleado en la prevención y preparación, más vidas se habrían podido salvar.

Este 13 de octubre se celebra el Día Internacional para la Reducción de Desastres y esta JORNADA nos recuerda la importancia  de trabajar en la mitigación, prevención y preparación. Reflexionar y estar preparados es clave saber cómo periodistas, comunicadores, ciudadanos y ciudadanas estamos contribuyendo de manera individual y colectiva para construir una cultura global en la reducción de desastres.

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