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Hace doce meses, la escuela primaria Milome Brilliere en Puerto Príncipe seguía operando desde una estructura precaria hecha de lona y maderas viejas. Cuando estuvimos de visita hace unas semanas —parte de una misión para registrar el progreso alcanzado en la reconstrucción de Haití— se habían levantado nuevas paredes de cemento y finalmente contaba con un techo permanente.
Clémont Renold, un padre desempleado de tres hijos, se nos acercó y dijo: "Es un gran alivio", en alusión a la nueva escuela y del esfuerzo internacional por mejorar el sistema educativo de Haití.