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Cómo cerrar la brecha de infraestructura

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El otro día tuve la oportunidad de participar en la Conferencia Anual de la CAF sobre infraestructura, que se llevó a cabo en Ciudad de México. Allí se presentó un nuevo informe sobre el estado de la infraestructura en América Latina y el Caribe (ALC). La conferencia, que contó con la asistencia de muchos de los responsables de la toma de decisiones y formadores de opinión en la región, se organizó en torno a los hallazgos del informe.

A partir de estas interesantes discusiones, saqué varias conclusiones: (1) existe una convergencia en varios de los temas clave y (2) el Banco Mundial tiene importantes mensajes muy específicos sobre el tema.

El actual clima macroeconómico -menos favorable- desaceleró las inversiones en infraestructura en la región. En este contexto, infraestructura significa transporte, energía, TIC y agua (incluidos el suministro de agua, saneamiento y recursos hídricos).

La brecha de financiamiento en infraestructura persiste. Dependiendo del cálculo, América Latina necesitaría elevar su inversión actual en esta área (alrededor de 3 por ciento) a 6 por ciento del PIB para alcanzar un desarrollo sostenible. Esto significaría unos US$180.000 millones por año. En el actual escenario, es difícil dilucidar de dónde podrían provenir estos fondos.

En América Latina, como en el resto del mundo, la mayor parte de la infraestructura se financió con fondos públicos. Alrededor del 70 por ciento provino de las arcas públicas, 20 por ciento del sector privado y 10 por ciento de donaciones. Dado que el crecimiento se ha desacelerado, será muy difícil que el financiamiento público aumente, por lo que existe la necesidad de atraer otras fuentes de financiamiento.

Sin embargo, la región enfrenta un obstáculo adicional. Aunque este financiamiento estuviera disponible, ALC adolece de una escasez continua de proyectos financiables.

La debilidad institucional es, claramente, el mayor obstáculo: los inversores —ya sean del sector privado, fondos de pensión o fondos soberanos— buscan estabilidad y confianza, así como marcos claros que les permitan operar. ALC ha avanzado, pero queda claro que, por ejemplo, los países de Asia oriental convergen hacia los estándares de la OCDE a un ritmo mucho más rápido.

Para que ALC pueda acelerar el paso e incorporar la infraestructura a su modelo de crecimiento -ver último informe del BM (i)- , sus países necesitarán incentivos específicos para evaluar sus marcos normativos, estímulos institucionales y capacidad de planificación, además de despolitizar las decisiones de inversión.

La sostenibilidad ambiental y social de las inversiones en infraestructura constituye parte central de esto. Asimismo, la conferencia abordó el asunto del incremento de costos derivado de la necesidad de mejorar la capacidad de recuperación ante el cambio climático. El capítulo sobre ALC de nuestro reciente informe “Bajemos la Temperatura” reveló que el cambio climático derivará en más inundaciones; más sequías, más olas de calor, y un aumento significativo en el nivel del mar, afectando a grandes ciudades costeras como Río o Barranquilla. El derretimiento de los glaciares sigue avanzando y los países andinos tratan de encontrar la forma de asegurar el suministro de agua que tanto necesitan sus ciudades en expansión.

Todo esto aumentará aún más la necesidad de una adecuada planificación de sólidos marcos institucionales, de financiamiento y mecanismos innovadores de inversión. El desafío radica en que las debilidades actuales en el sector de infraestructura ya son muy significativas, de modo que los países enfrentan un grave problema a mediano plazo para incorporar estos desafíos relacionados con el cambio climático.

Los debates que tuvieron lugar durante la conferencia reafirmaron mi convicción de que el Banco Mundial puede jugar un papel único a la hora de ayudar a los países de ALC a superar estas deficiencias. Podemos ayudar a nuestros clientes a construir ese puente hacia incluir la dimensión de la pobreza en las inversiones de infraestructura, los servicios y la accesibilidad. Sabemos que la infraestructura (correctamente dimensionada y construida) multiplica el crecimiento, y que el crecimiento lleva a una reducción en la pobreza (i), pero también sabemos que para salir de la pobreza, los pobres necesitan infraestructura focalizada a sus necesidades particulares.

ALC avanzó significativamente en el acceso a servicios básicos en la mayoría de las dimensiones: suministro de agua, electricidad, carreteras y, cada vez más, internet y servicios de telefonía celular. Sin embargo, aún existe una brecha en saneamiento y muchos servicios son de baja calidad. Este es un desafío significativo: apoyar a los pobres y vulnerables con mejores servicios de infraestructura. Después de todo, si bien hoy en día más de un tercio de la población de ALC es de clase media, uno de cada cuatro ciudadanos vive con menos de cuatro dólares diarios.

Por eso, priorizar y mejorar tanto inversiones dirigidas a los pobres como inversiones que fomenten el crecimiento (que también tienen un impacto positivo en reducción de la pobreza) será de gran importancia. Adicionalmente, el particular énfasis del Banco Mundial en el 40 por ciento más pobre, constituye una contribución esencial al debate general sobre infraestructura en la región.

Los ministros de economía de ALC hicieron de la infraestructura un tema clave de las Reuniones Anuales del Banco Mundial/FMI, que este año tendrán lugar en Lima. Allí estaremos para impulsar esta discusión.

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