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China

¿Alguna vez dijiste #SoyEmprendedor? ¡Comparte tu historia!

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El viaje en barco desde Port Elizabeth a Kingstown, en el país caribeño de San Vicente y las Granadinas, es un trayecto de una hora que los lugareños hacen varias veces al día. Durante uno de estos viajes cotidianos, el barco de Kamara Jerónimo, un joven pescador sanvicentino, se quedó sin gasolina aproximadamente a seis millas de la ciudad de Bequia,  lo que se conoce localmente como el "Canal de Bequia". Mientras esperaba ayuda, bajo el sol inclemente y en medio de fuertes ráfagas de viento, nació la idea de desarrollar un barco movido por energía solar y eólica. Poco después, la idea se convirtió en prototipo; el barco movido por tecnología "verde" estaba en el agua, y su joven creador –de apenas 20 años-  se convirtió en ganador de concursos internacionales de innovación y en un modelo a seguir para otros jóvenes del Caribe.

En México, Daniel Gómez, un joven ingeniero, dirige una compañía multimillonaria de bio-diesel, originalmente concebida como un proyecto de investigación para su clase de química en la escuela secundaria. Gómez y sus socios - Guillermo Colunga, Antonio López, y Mauricio Pareja - fundaron SOLBEN (Soluciones en Bioenergía) poco después de cumplir 20 años.

Aunque Daniel y Kamara tienen diferentes niveles educativos, comparten una habilidad importante: la capacidad de identificar un problema, desarrollar una solución innovadora, y llevarla al mercado. En otras palabras, ser un empresario, una opción de ser económicamente activo que parece estar funcionando. Y no solo para unos pocos.

Los jóvenes de 15 a 29 años representan más de un cuarto de la población total del mundo. En promedio, tienen niveles de educación superior, se casan y comienzan familias más tarde que las generaciones de sus padres. Además, son conocidos por tener –más que nunca- acceso a, y conocimiento de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC).

Perspectivas de crecimiento para América Latina: ¿hechas en China?

Tatiana Didier's picture

Mercado en El Salvador. Foto: edfuentesg

Turbulencia global. Perspectivas de crecimiento que anuncian otra recesión. Crisis en la Eurozona. Y sobre el tapete, el papel de China como motor de crecimiento y recuperación global. 

Aunque la situación actual parece preocupante para Latinoamérica -y para el resto del mundo-, las perspectivas de crecimiento de la región deben tener en cuenta los méritos obtenidos por su fortaleza a largo plazo, y no tanto en la incertidumbre actual.

Y este es el porqué. Los últimos diez años han sido muy positivos para varios países de América Latina y el Caribe. Han sido testigos de la consolidación de un marco macrofinanciero estable y resistente, tasas de crecimiento relativamente elevadas, y avances en la agenda equitativa.

 

La prosperidad de América Latina no solo depende de China

Augusto de la Torre's picture

La prosperidad de América Latina no puede ser exclusivamente “Hecha en China”. La región tiene como asignaturas pendientes cerrar las brechas de productividad, educación e infraestructura para poder aspirar a un crecimiento sostenido, y así alcanzar niveles de desarrollo y bonanzas similares a los que gozan las ahora potencias asiáticas.

Tales afirmaciones provienen del más reciente informe del Banco Mundial sobre perspectivas económicas para América Latina, que vaticina una relativa resistencia de la región a la expansiva crisis financiera global. Tales defensas provienen justamente de una cada vez más estrecha relación económica de América Latina con China, que le permitió convertirse en uno de los polos de mayor crecimiento mundial.

Pero, ¿hasta qué punto esa relación es la fórmula ganadora a largo plazo? El economista en jefe del Banco Mundial para la región, Augusto de la Torre, dice en este video blog que América Latina no debe cifrar todas sus esperanzas en China: