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Honduras

Readaptación: una política de vivienda que salva vidas

Luis Triveno's picture
 USAID/OFDA, Auriana Koutnik/Flickr
Construcción de viviendas resistentes a terremotos en Perú. Imagen: USAID/OFDA, Auriana Koutnik/Flickr

Cuando un huracán, terremoto u otro desastre natural golpea a un país pobre, muchas veces las familias se enfrentan a una doble tragedia: la pérdida de seres queridos y de su activo más preciado (y muchas veces el único): su hogar. Tras el terremoto de magnitud 7,0 que azotó Haití en 2010, y mató a más de 260.000 personas, el 70% de las pérdidas de activos estuvieron relacionadas con la vivienda. 
 
Ecuador debe desembolsar miles de millones de dólares en costos de reconstrucción tras el terremoto de 7,8 en abril, que mató a 900 e hirió a casi 28.000 personas. Si Perú sufriese un terremoto de magnitud 8,0, alrededor del 80% de las pérdidas económicas potenciales estarían relacionadas con la vivienda.
 
Y si bien la furia de la naturaleza no distingue entre áreas urbanas y rurales, la mayor parte de las pérdidas causadas por un desastre se concentra en las ciudades, y afecta de manera desproporcionada a los pobres. Esto representa un gran desafío para los países de ingreso bajo y medio.
 
En América Latina y el Caribe, 200 millones de personas -1/3 de la población- vive en asentamientos informales, donde la mayoría de las viviendas no cumple con las normas de construcción y los seguros de vivienda son inexistentes. No debería sorprender que los distritos informales (es decir, los barrios más pobres) de la región sufran la mayor parte de las muertes relacionadas con los desastres naturales.
 
A pesar de esto, las políticas de vivienda orientadas a los pobres suelen enfocarse en ayudar a construir nuevas unidades, en lugar de readaptar las viviendas existentes para hacerlas más seguras (a veces ignorando el hecho de que suelen ser las construcciones, y no los terremotos, lo que mata a las personas).

Una mejor manera de construir – promoviendo infraestructuras sostenibles

Robert Montgomery's picture
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A medida que los países se preparan para reunirse en la cumbre del G-20 en Turquía la próxima semana, las necesidades de crecimiento y de infraestructura a nivel mundial serán una de las principales preocupaciones de los tomadores de decisiones. Y con razón: la infraestructura – las carreteras, los puentes, los puertos, las plantas de energía, el suministro de agua - impulsan el crecimiento económico en muchos países, facilitando la manufactura, los servicios y el comercio. Pero no es sólo una cuestión de construir más. Para lograr un buen desarrollo en un planeta estresado por el cambio climático y la disminución de los recursos naturales, la infraestructura tiene que ser sostenible.

¿Alguna vez dijiste #SoyEmprendedor? ¡Comparte tu historia!

Valerie Lorena's picture
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El viaje en barco desde Port Elizabeth a Kingstown, en el país caribeño de San Vicente y las Granadinas, es un trayecto de una hora que los lugareños hacen varias veces al día. Durante uno de estos viajes cotidianos, el barco de Kamara Jerónimo, un joven pescador sanvicentino, se quedó sin gasolina aproximadamente a seis millas de la ciudad de Bequia,  lo que se conoce localmente como el "Canal de Bequia". Mientras esperaba ayuda, bajo el sol inclemente y en medio de fuertes ráfagas de viento, nació la idea de desarrollar un barco movido por energía solar y eólica. Poco después, la idea se convirtió en prototipo; el barco movido por tecnología "verde" estaba en el agua, y su joven creador –de apenas 20 años-  se convirtió en ganador de concursos internacionales de innovación y en un modelo a seguir para otros jóvenes del Caribe.

En México, Daniel Gómez, un joven ingeniero, dirige una compañía multimillonaria de bio-diesel, originalmente concebida como un proyecto de investigación para su clase de química en la escuela secundaria. Gómez y sus socios - Guillermo Colunga, Antonio López, y Mauricio Pareja - fundaron SOLBEN (Soluciones en Bioenergía) poco después de cumplir 20 años.

Aunque Daniel y Kamara tienen diferentes niveles educativos, comparten una habilidad importante: la capacidad de identificar un problema, desarrollar una solución innovadora, y llevarla al mercado. En otras palabras, ser un empresario, una opción de ser económicamente activo que parece estar funcionando. Y no solo para unos pocos.

Los jóvenes de 15 a 29 años representan más de un cuarto de la población total del mundo. En promedio, tienen niveles de educación superior, se casan y comienzan familias más tarde que las generaciones de sus padres. Además, son conocidos por tener –más que nunca- acceso a, y conocimiento de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC).

Salvar la brecha

Juliana Guaqueta Ospina's picture

Uniminuto

Uno de cada cuatro jóvenes en América Latina no estudia ni trabaja, mientras que 55% de las empresas en la región reportan enfrentar dificultades para contratar fuerza de trabajo calificada. Salvar esta brecha es uno de los principales retos que enfrenta la región. América Latina necesita jóvenes calificados para estimular nuevos sectores económicos e impulsar la productividad, si la región quiere librarse de la desaceleración económica mundial y aprovechar las oportunidades que ofrece la globalización.
 
Durante la primera década de este siglo, América Latina experimentó un fuerte crecimiento económico basado en el comercio, el elevado precio de los productos básicos y un aumento en el consumo interno. Este crecimiento creó nuevas oportunidades de empleo en los sectores manufactureros, de servicios y otros, lo que impulsó a millones a integrarse a la fuerza de trabajo. Sin embargo, muchos de los empleos más atractivos y calificados permanecieron vacantes en parte porque las universidades latinoamericanas no lograron mantenerse a la par de la demanda.

Cuentos, murales y películas para derrotar a las pandillas en Honduras

Rocio Calidonio's picture
Marlon Ponce (Unidad Ejecutora del Proyecto Municipios más Seguros)

¿Te imaginas que un cuento pueda servir para prevenir actitudes violentas? En Honduras, los círculos de lectura están demostrando que las letras pueden tener más fuerzas que las pandillas. Lo descubrí hace poco al visitar una comunidad  del municipio norteño de La Ceiba, donde conocí a Diego Aguilar* .

“He aprendido a compartir con los demás niños y a aprovechar mi tiempo libre. También he aprendido a pintar y a reciclar”, me explicaba Diego. Mientras lo oía, me di cuenta del cambio que ha generado este tipo de iniciativas no solo en los niños sino en los habitantes de toda la comunidad.

Destinado a niños entre 7 y 12 años y jóvenes en riesgo social, estos talleres se realizan con cuentos educativos que promueven los valores, los derechos humanos y el interés por compartir historias personales.

Remesas: ¿aliadas contra la pobreza o freno para el crecimiento?

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Serapio vive en una aldea remota situada en el departamento hondureño de Olancho. Comparte su casa con otras 16 personas, incluidos 12 hijos y un nieto. Si bien dispone de una finca de cacao que le ayuda a mantenerse, es el dinero que recibe de sus hijos en Estados Unidos lo que proporciona el sustento a su familia.

Como él, miles de familias en la región viven de los envíos procedentes de otros países. Tanto es así, que en 2014 los flujos de remesas a América Latina alcanzaron los 66 mil millones de dólares, de los cuales alrededor de 16 mil millones fueron a parar a Centroamérica, donde su contribución al PIB es significativa. Concretamente, las remesas representan el 16.9% del PIB en Honduras, el 16.4% en El Salvador, el 10% en Guatemala y el 9,6% en Nicaragua.

Un proyecto que lleva esperanza a los pequeños productores rurales de Honduras

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Omar Rodríguez es del municipio de Las Capucas, en el departamento hondureño de Copán. Hace 15 años su carácter inquieto lo llevó a Tegucigalpa. Tenía una misión clara: aprender sobre técnicas de comercialización para encontrarle compradores al café cultivado en su zona. Por eso, en 2000 se matriculó en Mercadotecnia y Negocios Internacionales en la capital hondureña.

“En ese momento teníamos un mercado, pero era local”, nos explicaba Omar en marzo, cuando visitamos la cooperativa.

Lo hizo inspirado por el trabajo de su abuelo, el promotor de este cultivo en Las Capucas. “Él inició las primeras plantaciones de café con dos granos, cuatro semillas. Tiempo después llegó a tener hasta 10 manzanas”, nos contaba Omar, al recordar lo difícil que era en esa época convencer a los productores de que creyeran en el futuro. “Muchos de ellos querían vender las tierras pero mi abuelo logró convencerles de que fueran pacientes y plantaran café”.

Hoy, quince años más tarde, en esta zona se encuentra una de las cooperativas de café más conocidas del país,  no solo por la calidad de su producto sino por su capacidad de exportación. El café de Capucas se consume en Alemania, Inglaterra, Holanda, Bélgica, Suiza, Italia y EEUU. Siempre en forma de café especial a tostadores que valoran su calidad y el hecho de estar producido por pequeños productores rurales.

Así trabajamos para cerrar la brecha entre ricos y pobres en Centroamérica

Humberto López's picture



Reina vive con sus tres hijos y su hermano en una de las decenas de colinas de Tegucigalpa. En su casa el agua llega solo algunos días y hay escasez de muebles. El trabajo esporádico que tiene en escuelas de la capital no le deja mucho dinero después de comprar la comida para sus hijos. Desde su casa se ven algunos de los principales centros comerciales de la ciudad. En ellos abundan restaurantes y tiendas de moda, a los que Reina no puede ir. Son para otra clase social.
 
Desafortunadamente, esta imagen no es una excepción en Honduras, el país que -según los datos armonizados del Banco Mundial- tiene los niveles de desigualdad económica más altos de Latinoamérica.
 
Tampoco es una rareza en Centroamérica, donde la desigualdad, además de ser elevada, es altamente persistente. De hecho, a diferencia de América Latina, que empezó la primera década del siglo con niveles más altos de desigualdad y la terminó con niveles más bajos, en Centroamérica se mantuvo constante. O lo que es lo mismo, el cambio neto en el coeficiente de Gini (un concepto estadístico usado para medir la desigualdad económica) fue casi cero.
 

Orquesta Sinfónica Don Bosco, cuando la música es sinónimo de esperanza

Humberto López's picture

Andrea Rodríguez. Gabriel Munguía. Guillermo Esquivel. Alicia Azuzena. Daniela Lozano. Brandon Gómez. Carlos Caminos. Jorge Gutiérrez. Ariel Castillo. Todos vienen de un mismo país: El Salvador.
 
Tienen distintas historias; viven en diferentes barrios; y sin embargo, hay algo que los une. Forman parte del Coro y la Orquesta Sinfónica Don Bosco, un proyecto apoyado por el Banco Mundial (BM) que les abrió las puertas a confiar en un futuro mejor; y a nosotros nos ha enseñado que la música, además de despertar talentos, puede convertirse en un instrumento de prevención de violencia.
 
Pero no solo eso. También nos ha mostrado que cuando hay determinación, resolución, y compromiso, comunidades en dificultades serias pueden -con muy poquito apoyo- llegar a ser un claro ejemplo de éxito rotundo.

El Banco Mundial presente en la VII Cumbre de las Américas

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El Vicepresidente del Banco Mundial para América Latina y el Caribe, Jorge Familiar, participó de la VII Cumbre de las Américas, donde los mandatarios hablaron sobre la importancia de prosperidad con equidad de la región.
 
Banco Mundial presente en la VII Cumbre de las Américas

 

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