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Climate Change

Poner a prueba la resiliencia del sector transporte de Argentina ante el cambio climático

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​¿Se imagina tener que evacuar su poblado en bote porque el único camino para ir a la escuela o por donde llegan los suministros está inundado?
 
Puede parecer una ficción, pero para algunos residentes de la provincia de Salta, en el norte de Argentina, se convirtió en una terrible realidad en febrero de 2018, después de que lluvias torrenciales hicieran desbordar los ríos Bermejo y Pilcomayo. Las inundaciones causaron una muerte, forzaron la evacuación de cientos de personas y arrasaron con un segmento de la ruta provincial 54, dejando al poblado de Santa Victoria del Este completamente aislado.
 

Conectar con las personas detrás de las computadoras: mi experiencia sobre la gestión de riesgos de inundaciones en Buenos Aires

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Tras pasar varios años frente a una computadora todos los días, comencé a sentirme lejos de aquellas personas que constituían la verdadera razón de mi trabajo, que tiene el objetivo de construir un medio ambiente más seguro, sano y próspero. Hasta que un día, las personas que conocía fueron afectadas directamente por los problemas en los que estaba trabajando, y mi trabajo pasó a tener otro significado y otra urgencia.

Como especialista sénior en agua y saneamiento del Banco Mundial, he estado en ambos lados del mostrador: como alguien que trabaja en temas de gestión de inundaciones, y también como una persona cuya vida ha sido afectada por las repercusiones de las mismas.

El rumbo de Bolivia hacia la resiliencia urbana

Melanie Kappes's picture
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A house after a flood in Bolivia. World Bank.

Imagine que vive en una ciudad que se inunda constantemente, e incluso durante semanas en algunas ocasiones, después de lluvias extremas.

Imagine que vive en esa ciudad inundada, donde usted y miles de sus vecinos deben encontrar un lugar donde quedarse hasta que el agua retroceda, y finalmente puede regresar a su hogar con el temor de encontrarlo destruido.

Así es la ciudad de Trinidad, ubicada en las tierras bajas amazónicas de Bolivia, y que sufre con frecuencia los embates de fuertes y prolongadas precipitaciones que provocan el desborde de ríos, lagunas y lagos, afectando a miles de familias.

En Bolivia, el 43% de la población vive en áreas de alto riesgo de inundación. Trinidad y otras ciudades ubicadas en tierras bajas experimentan inundaciones, mientras que, en La Paz, los frecuentes deslizamientos de tierra causan muertes y daños a viviendas e infraestructuras.

¿Cómo preparar a un país para enfrentar un desastre?

Diana Rubiano's picture
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Ecuador reconoce la importancia de la información y el compromiso de todos los sectores.

 
 Paul Salazar.
Familia Cruz-Castro tratando de rescatar sus enseres, en una de las casas derruidas luego del terremoto en Pedernales, Ecuador. Foto: Paul Salazar / Banco Mundial 

Los desastres son parte de nuestra vida, en cualquier parte del planeta. Desde que se tiene registro, las inundaciones, huracanes o terremotos han marcado la historia de la humanidad y su evolución. Pero nunca antes como ahora, hacer frente al impacto de estos fenómenos ha captado tanta atención para tratar de disminuir los daños materiales, pero sobre todo los humanos.

Gestionar los riesgos que conllevan los desastres naturales es una prioridad para muchos países de América Latina y el Caribe.

17 cursos sobre ciudades y desarrollo urbano disponibles en línea, y en español

Ana I. Aguilera's picture
ISTOCK

Gracias a Internet y los avances tecnológicos de la última década, hoy en día es posible estudiar en las universidades más prestigiosas del mundo a una fracción del costo o incluso de manera gratuita. El auge de los MOOCs (cursos masivos abiertos en línea, por sus siglas en inglés) en años recientes ha sido notorio, atrayendo a muchos que antes solo podían optar por el sistema de formación presencial, hasta el punto de llegar a competir por una buena parte del mercado en el sector educativo profesional.

Para muchos latinoamericanos, especialmente aquellos dedicados a la gestión pública, estudiar en las mejores universidades del mundo solía ser un sueño inalcanzable, pero ahora es posible. Si bien los temas y cursos de formación son cada vez más diversos y asequibles, la mayoría son en inglés y existe poco contenido disponible en español.

Para atender esta problemática, en los últimos años diversas instituciones y bancos de desarrollo multilaterales han liderado esfuerzos para crear y hacer disponible este tipo de contenidos y cursos en línea a funcionarios públicos, académicos, estudiantes, ONGs y el público general. A través de alianzas con el Instituto Tecnológico de Monterrey, la Universidad de Los Andes en Colombia y otras de las universidades más prestigiosas de la región, el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y CAF ofrecen una gran variedad de cursos en línea para ampliar la formación de profesionales en el campo del desarrollo sostenible de ciudades, disponibles a través de plataformas como EdX y Coursera.

La resiliencia de la pampa argentina se fortalece en la cuenca del río Salado

Victor Vazquez Alvarez's picture


Después de varios días de lluvia en la provincia de Buenos Aires, no es extraño encontrar en la prensa nacional noticias e imágenes de campos anegados en la cuenca del río Salado. No llamaría tanto la atención si no fuera porque en esta zona al sur de Buenos Aires se produce el 25% de la carne y grano de Argentina. Y es que, por su geomorfología totalmente llana, en esta área del país los procesos de drenaje después de las lluvias son muy lentos, así que los campos permanecen inundados durante meses y los daños en la producción agropecuaria son cuantiosos.

Para construir ciudades resilientes debemos considerar el problema de las viviendas precarias como una emergencia de vida o muerte

Luis Triveno's picture
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La escena es tan familiar como trágica: un devastador huracán o terremoto arrasa una zona poblada de un país pobre, causa muchas víctimas y satura los recursos y la capacidad de los equipos de rescate y de las salas de emergencia en los hospitales. El personal encargado de responder en primer lugar a una catástrofe debe recurrir al “triaje”: una estrategia médica para usar los recursos existentes de la manera más eficiente posible con el fin de salvar vidas y reducir, al mismo tiempo, el número de muertes.
Pero si los Gobiernos aplicaran el triaje al ámbito de las viviendas precarias, esta estrategia médica sería mucho menos frecuente, porque en el mundo en desarrollo las casas son la principal causa de muerte de personas y no los desastres.
 
En todo el mundo, la mayoría de las lesiones y muertes provocadas por las catástrofes naturales son el resultado de una calidad deficiente de las viviendas. En América Latina y el Caribe, por ejemplo, un tercio de la población −200 millones de habitantes− vive en asentamientos informales, con una alta densidad de unidades habitacionales potencialmente letales. En el caso del terremoto de magnitud 7.0 que afectó a Haití en 2010 y que causó la muerte de 260 000 personas, el 70 % de los daños estuvo relacionado con las viviendas. (PDF, en inglés) Del mismo modo, si un terremoto de magnitud 8.0 azotara a Perú, se estima que los daños en las viviendas provocarían el 80 % de las pérdidas económicas.

Sin embargo, la historia es diferente en los países ricos. En la última década, el 47 % de los desastres mundiales ocurrió en las naciones de ingreso alto, pero solo el 7 % de las muertes se atribuyó a dichas catástrofes.
 
Este es un problema con una solución conocida: para tener ciudades resilientes (i) es necesario tener viviendas resilientes. En la Plataforma Global para la Reducción del Riesgo de Desastres 2017, unos 5000 profesionales y representantes de círculos académicos, la sociedad civil y el sector privado debatirán cómo se puede aumentar la resiliencia urbana. (i)
Con el objetivo de reducir el impacto de los desastres en los más pobres y vulnerables y fortalecer su capacidad de recuperación, los Gobiernos deben centrar su atención en las viviendas precarias y poner en marcha programas dirigidos a prevenir que los daños en las casas causen lesiones, muertes y miseria económica innecesarias.
Los fondos para vivienda ya son escasos, por esta razón proponemos recurrir a los manuales médicos y adoptar una estrategia de triaje para disminuir los riesgos planteados por las viviendas, siguiendo la propuesta original del libro Peace of Mind in Earthquake Country, (i)y que comprende tres pasos:
 
En primer lugar, se deben identificar las viviendas donde no puede reducirse el riesgo y donde las intervenciones definitivamente salvarán vidas.
 
Las casas ubicadas en zonas de alto riesgo, como en una falla o en terrenos donde se producen desprendimientos de tierra, deben declararse inhabitables y los residentes tienen que ser reubicados. (i) Perú aprendió esta lección recientemente de la manera más dolorosa cuando deslizamientos de tierra e inundaciones destruyeron viviendas en lugares en que el riesgo no podía ser mitigado, causando la muerte de numerosas personas y afectando a más de 1 millón de habitantes.
 
En segundo lugar, se deben identificar las viviendas con riesgos estructurales muy elevados que podrían ser reparadas.
 
Los ingenieros expertos en construcción de viviendas, al igual que el personal de emergencia que sabe quiénes son las víctimas que necesitan atención inmediata, pueden observar un grupo de unidades habitacionales y determinar rápidamente cuáles presentan problemas estructurales. Por ejemplo, una casa de madera en Estados Unidos o Japón que no esté bien cimentada, que no tenga suficiente contrachapado en áreas críticas, y en que exista una chimenea de ladrillo, es probable que se derrumbe durante un terremoto. Si se abordaran estos tres riesgos, una estructura peligrosa como esta se podría convertir en un lugar lo suficientemente sólido, que incluso podría estar cubierto por una póliza de seguros.
 
Por último, se deben identificar las unidades habitacionales que presentan un riesgo estructural moderado a alto.
 
La buena noticia es que la gran mayoría de las viviendas precarias en el mundo en desarrollo se encuentran en zonas donde el riesgo puede ser mitigado. Estas casas han sido construidas con materiales y métodos de construcción seguros. Aplicar la estrategia de triaje en el sector de la vivienda −que tiene bajos costos iniciales− para identificar y reacondicionar estas casas podría salvar vidas.
 
No obstante, esta estrategia por sí sola no aumentará la resiliencia de las ciudades. Las políticas públicas de vivienda, incluso bien intencionadas y acompañadas de esta estrategia de triaje rentable, necesitan el apoyo de los sectores de la ingeniería, la construcción y los seguros. Toda política de vivienda, que procure aumentar la resiliencia, tendrá que incluir:
 
  1. Soluciones de bajo costo de mejoramiento de las viviendas, y eventualmente trabajos caseros de reparación o bricolaje;
  2. Mejores subsidios para la rehabilitación de viviendas;
  3. Incentivos para propietarios dispuestos a mejorar la seguridad física de sus hogares, y
  4. Préstamos asequibles y productos de seguros para aumentar y mantener la seguridad de las viviendas.
 
Anualmente, los propietarios invierten hasta 30 veces más en mejoras de sus viviendas que el gasto público destinado a programas habitacionales. Y, sin embargo, los recursos usados en renovar las viviendas constituyen una inversión que podría redundar en beneficios políticos, sociales y económicos significativos.
 
Los Gobiernos ya están invirtiendo en la rehabilitación de escuelas donde los niños pasan solo un tercio de su tiempo. ¿Por qué no invierten en hacer más seguras las estructuras donde los niños pasan dos tercios de su tiempo?
 
Además, las compañías de seguros podrían obtener ganancias cuantiosas al ofrecer productos dirigidos a los propietarios, cuyas viviendas presentan un nivel de seguridad estructural aceptable.
 
El mejoramiento estructural de las viviendas es una iniciativa beneficiosa para todas las partes involucradas.
 
Enlaces relacionados:
 

Los granjeros, ingenieros, trabajadores de la salud y docentes que están ayudando a reconstruir Haití luego del huracán Matthew

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Visitamos la región más afectada para conocer cómo sus comunidades se recuperan tras la tormenta del 4 de octubre de 2016.

Dos meses después de que el huracán Matthew devastara las provincias meridionales de Haití, ya están en marcha los esfuerzos de reconstrucción. En algunas áreas se pueden observar paneles de metal corrugado brillando bajo el sol, que tapan los agujeros de los techos arrancados por el huracán el 4 de octubre de 2016.

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