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Desarrollo urbano

Las lluvias de El Niño que se llevaron los caminos del Perú

Irene Portabales González's picture
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El papel de la infraestructura de transporte durante la emergencia causada por el fenómeno natural.
Ministerio de Defensa del Perú/Flickr
Ministerio de Defensa del Perú/Flickr
Las lluvias que este año han azotado el norte del Perú han sido 10 veces más fuertes que de costumbre. Esto ha llevado al desborde de ríos y a avalanchas de lodo en numerosas áreas del país y, en consecuencia, se ha declarado el estado de emergencia en 10 regiones.

La causa de estas fuertes lluvias es el Niño, un fenómeno natural caracterizado por el calentamiento anormal de la temperatura superficial del mar en el océano Pacífico ecuatorial central y oriental. Este fenómeno dura alrededor de 18 meses, se produce cada 2 a 7 años y explica la alteración de los patrones normales de precipitación y de circulación atmosférica tropical, que dan lugar a eventos climáticos extremos en todo el planeta.

El reto de construir más viviendas asequibles en el Perú

Zoe Elena Trohanis's picture
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Banco Mundial

¿Qué haría usted si no tuviera la oportunidad de adquirir una vivienda bien construida y ubicada en una zona segura? ¿Viviría con algún familiar? ¿Alquilaría un departamento? ¿O quizá lo arriesgaría todo e invertiría sus ahorros en construir su casa en un terreno vulnerable, expuesto a algún riesgo o desastre natural, e incluso sin el título de propiedad? Lamentablemente, estas son las decisiones que enfrentan muchas familias en el Perú, un país que registra el tercer déficit de vivienda más grande de América Latina.

¡Mujeres en marcha! Dos décadas de inclusión de género en caminos rurales en Perú

Ramon Munoz-Raskin's picture

¿Mujeres que trabajan en mantenimiento de los caminos rurales? Hasta hace poco, la idea era bastante inaudita en muchos países. Pero en Perú no lo es. Desde 1995, el gobierno peruano y el Banco Mundial han estado trabajando de la mano para asegurar que las trabajadoras puedan desempeñar un papel activo en el mantenimiento rutinario de los caminos rurales. Esto es parte de un esfuerzo más amplio para reducir la brecha de género en las áreas rurales y para mejorar el acceso de las mujeres a oportunidades sociales y económicas.

De barrios marginales a vecindarios: cómo la eficiencia energética puede transformar la vida de los pobres en las zonas urbanas

Martina Bosi's picture



La Villa 31, un icónico asentamiento urbano en el centro de Buenos Aires, alberga a unas 43.000 personas pobres de la ciudad. En Argentina, paradójicamente, los barrios marginales urbanos se denominan “villas”, una palabra ligada generalmente al lujo en muchas partes del mundo.

¿Cuál es el primer paso para organizar las ciudades del Perú?

Zoe Elena Trohanis's picture
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Traffic Jam in Lima Peru

Por trabajo me mudé con mi familia a Lima, Perú, hace 11 meses. Si nunca has visitado Lima, la ciudad es, en muchos aspectos, un lugar encantador - tiene unas vistas fantásticas del Océano Pacífico y se puede surfear en las playas locales, buena comida y barrios vibrantes, incluyendo un centro histórico con arquitectura virreynal y bellas iglesias. Sin embargo, Lima también es conocida por su terrible tráfico, por su crecimiento urbano no planificado, y por su informalidad.

Como especialista en desarrollo urbano, no puedo dejar de preguntarme cómo organizar mejor la ciudad para que sus habitantes puedan disfrutar más de todos los servicios y comodidades que Lima ofrece. ¿Es posible?

Para construir ciudades resilientes debemos considerar el problema de las viviendas precarias como una emergencia de vida o muerte

Luis Triveno's picture
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La escena es tan familiar como trágica: un devastador huracán o terremoto arrasa una zona poblada de un país pobre, causa muchas víctimas y satura los recursos y la capacidad de los equipos de rescate y de las salas de emergencia en los hospitales. El personal encargado de responder en primer lugar a una catástrofe debe recurrir al “triaje”: una estrategia médica para usar los recursos existentes de la manera más eficiente posible con el fin de salvar vidas y reducir, al mismo tiempo, el número de muertes.
Pero si los Gobiernos aplicaran el triaje al ámbito de las viviendas precarias, esta estrategia médica sería mucho menos frecuente, porque en el mundo en desarrollo las casas son la principal causa de muerte de personas y no los desastres.
 
En todo el mundo, la mayoría de las lesiones y muertes provocadas por las catástrofes naturales son el resultado de una calidad deficiente de las viviendas. En América Latina y el Caribe, por ejemplo, un tercio de la población −200 millones de habitantes− vive en asentamientos informales, con una alta densidad de unidades habitacionales potencialmente letales. En el caso del terremoto de magnitud 7.0 que afectó a Haití en 2010 y que causó la muerte de 260 000 personas, el 70 % de los daños estuvo relacionado con las viviendas. (PDF, en inglés) Del mismo modo, si un terremoto de magnitud 8.0 azotara a Perú, se estima que los daños en las viviendas provocarían el 80 % de las pérdidas económicas.

Sin embargo, la historia es diferente en los países ricos. En la última década, el 47 % de los desastres mundiales ocurrió en las naciones de ingreso alto, pero solo el 7 % de las muertes se atribuyó a dichas catástrofes.
 
Este es un problema con una solución conocida: para tener ciudades resilientes (i) es necesario tener viviendas resilientes. En la Plataforma Global para la Reducción del Riesgo de Desastres 2017, unos 5000 profesionales y representantes de círculos académicos, la sociedad civil y el sector privado debatirán cómo se puede aumentar la resiliencia urbana. (i)
Con el objetivo de reducir el impacto de los desastres en los más pobres y vulnerables y fortalecer su capacidad de recuperación, los Gobiernos deben centrar su atención en las viviendas precarias y poner en marcha programas dirigidos a prevenir que los daños en las casas causen lesiones, muertes y miseria económica innecesarias.
Los fondos para vivienda ya son escasos, por esta razón proponemos recurrir a los manuales médicos y adoptar una estrategia de triaje para disminuir los riesgos planteados por las viviendas, siguiendo la propuesta original del libro Peace of Mind in Earthquake Country, (i)y que comprende tres pasos:
 
En primer lugar, se deben identificar las viviendas donde no puede reducirse el riesgo y donde las intervenciones definitivamente salvarán vidas.
 
Las casas ubicadas en zonas de alto riesgo, como en una falla o en terrenos donde se producen desprendimientos de tierra, deben declararse inhabitables y los residentes tienen que ser reubicados. (i) Perú aprendió esta lección recientemente de la manera más dolorosa cuando deslizamientos de tierra e inundaciones destruyeron viviendas en lugares en que el riesgo no podía ser mitigado, causando la muerte de numerosas personas y afectando a más de 1 millón de habitantes.
 
En segundo lugar, se deben identificar las viviendas con riesgos estructurales muy elevados que podrían ser reparadas.
 
Los ingenieros expertos en construcción de viviendas, al igual que el personal de emergencia que sabe quiénes son las víctimas que necesitan atención inmediata, pueden observar un grupo de unidades habitacionales y determinar rápidamente cuáles presentan problemas estructurales. Por ejemplo, una casa de madera en Estados Unidos o Japón que no esté bien cimentada, que no tenga suficiente contrachapado en áreas críticas, y en que exista una chimenea de ladrillo, es probable que se derrumbe durante un terremoto. Si se abordaran estos tres riesgos, una estructura peligrosa como esta se podría convertir en un lugar lo suficientemente sólido, que incluso podría estar cubierto por una póliza de seguros.
 
Por último, se deben identificar las unidades habitacionales que presentan un riesgo estructural moderado a alto.
 
La buena noticia es que la gran mayoría de las viviendas precarias en el mundo en desarrollo se encuentran en zonas donde el riesgo puede ser mitigado. Estas casas han sido construidas con materiales y métodos de construcción seguros. Aplicar la estrategia de triaje en el sector de la vivienda −que tiene bajos costos iniciales− para identificar y reacondicionar estas casas podría salvar vidas.
 
No obstante, esta estrategia por sí sola no aumentará la resiliencia de las ciudades. Las políticas públicas de vivienda, incluso bien intencionadas y acompañadas de esta estrategia de triaje rentable, necesitan el apoyo de los sectores de la ingeniería, la construcción y los seguros. Toda política de vivienda, que procure aumentar la resiliencia, tendrá que incluir:
 
  1. Soluciones de bajo costo de mejoramiento de las viviendas, y eventualmente trabajos caseros de reparación o bricolaje;
  2. Mejores subsidios para la rehabilitación de viviendas;
  3. Incentivos para propietarios dispuestos a mejorar la seguridad física de sus hogares, y
  4. Préstamos asequibles y productos de seguros para aumentar y mantener la seguridad de las viviendas.
 
Anualmente, los propietarios invierten hasta 30 veces más en mejoras de sus viviendas que el gasto público destinado a programas habitacionales. Y, sin embargo, los recursos usados en renovar las viviendas constituyen una inversión que podría redundar en beneficios políticos, sociales y económicos significativos.
 
Los Gobiernos ya están invirtiendo en la rehabilitación de escuelas donde los niños pasan solo un tercio de su tiempo. ¿Por qué no invierten en hacer más seguras las estructuras donde los niños pasan dos tercios de su tiempo?
 
Además, las compañías de seguros podrían obtener ganancias cuantiosas al ofrecer productos dirigidos a los propietarios, cuyas viviendas presentan un nivel de seguridad estructural aceptable.
 
El mejoramiento estructural de las viviendas es una iniciativa beneficiosa para todas las partes involucradas.
 
Enlaces relacionados:
 

Construir viviendas más asequibles y resilientes en América Latina y el Caribe

Julian Palma's picture

Versión en inglés


Entre 2010 y 2017, Chile sufrió el impacto de 10 catástrofes naturales. Dichos desastres afectaron más de 340,580 viviendas y la reconstrucción costó USD 3.600 millones, según el Ministerio de Vivienda y Urbanismo de Chile. De acuerdo con las evaluaciones de daños y pérdidas ocasionadas por los desastres, el sector vivienda es uno de los más afectados a causa de eventos climáticos y de otros tipos, principalmente inundaciones, terremotos, deslizamientos e incendios forestales. En el periodo comprendido entre 1990 y 2011, las pérdidas mínimas asociadas con el sector vivienda en 16 países de América Latina y el Caribe alcanzaron unos USD 53 mil millones.
 
En la región de América Latina y el Caribe, una cuarta parte de la población vive en barrios pobres, asentamientos informales que se caracterizan por la prevalencia de viviendas de baja calidad. Las familias que residen en estos asentamientos informales corren mayor riesgo de sufrir los impactos de desastres naturales. Los programas gubernamentales destinados a proveer vivienda nueva no siempre alcanzan a las poblaciones en los quintiles más bajos. Sin acceso a alternativas de vivienda asequible, los hogares no tienen otra opción más que construir progresivamente sin asesoramiento técnico y frecuentemente  en zonas propensas a los desastres naturales.

Transformando el núcleo de la prosperidad económica y social de Argentina, sus ciudades

Ondina Rocca's picture
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Nueve de cada diez argentinos viven en pueblos y ciudades, haciendo de Argentina uno de los países más urbanizados del mundo. Es más, uno de cada dos argentinos, junto a dos tercios de las empresas argentinas, se ubican en las cinco regiones metropolitanas más grandes (Buenos Aires, Córdoba, Rosario, Mendoza y San Miguel de Tucumán). Como resultado, las ciudades juegan un papel muy importante en el camino hacia un desarrollo sostenible de la Argentina.
 

Readaptación: una política de vivienda que salva vidas

Luis Triveno's picture
 USAID/OFDA, Auriana Koutnik/Flickr
Construcción de viviendas resistentes a terremotos en Perú. Imagen: USAID/OFDA, Auriana Koutnik/Flickr

Cuando un huracán, terremoto u otro desastre natural golpea a un país pobre, muchas veces las familias se enfrentan a una doble tragedia: la pérdida de seres queridos y de su activo más preciado (y muchas veces el único): su hogar. Tras el terremoto de magnitud 7,0 que azotó Haití en 2010, y mató a más de 260.000 personas, el 70% de las pérdidas de activos estuvieron relacionadas con la vivienda. 
 
Ecuador debe desembolsar miles de millones de dólares en costos de reconstrucción tras el terremoto de 7,8 en abril, que mató a 900 e hirió a casi 28.000 personas. Si Perú sufriese un terremoto de magnitud 8,0, alrededor del 80% de las pérdidas económicas potenciales estarían relacionadas con la vivienda.
 
Y si bien la furia de la naturaleza no distingue entre áreas urbanas y rurales, la mayor parte de las pérdidas causadas por un desastre se concentra en las ciudades, y afecta de manera desproporcionada a los pobres. Esto representa un gran desafío para los países de ingreso bajo y medio.
 
En América Latina y el Caribe, 200 millones de personas -1/3 de la población- vive en asentamientos informales, donde la mayoría de las viviendas no cumple con las normas de construcción y los seguros de vivienda son inexistentes. No debería sorprender que los distritos informales (es decir, los barrios más pobres) de la región sufran la mayor parte de las muertes relacionadas con los desastres naturales.
 
A pesar de esto, las políticas de vivienda orientadas a los pobres suelen enfocarse en ayudar a construir nuevas unidades, en lugar de readaptar las viviendas existentes para hacerlas más seguras (a veces ignorando el hecho de que suelen ser las construcciones, y no los terremotos, lo que mata a las personas).

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