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¿Pueden los cambios de comportamiento apoyar a la conservación del agua? Estados Unidos, Colombia y Costa Rica creen que sí.

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Este blog es parte de la serie "Pequeños cambios, grandes impactos: aplicando #cienciasdelcomportamiento al desarrollo"


 

Si bien América Latina y el Caribe es rica en agua, el acceso a un suministro confiable y seguro sigue siendo elusivo en la mayoría de los países de la región.

Es más, muchos países y ciudades latinoamericanas importantes se enfrentarán a escasez de agua en la próxima década. Algunas respuestas a esta amenaza futura van desde inversiones en instalaciones de reciclaje de agua, hasta cambiar el comportamiento del consumidor.

La manera más común de cambiar el consumo desde el punto de vista conductual  es aumentando los precios, o llevando a cabo campañas de comunicación para fomentar la conservación de agua.
 
Sin embargo, ninguna solución tiene garantizado el éxito. En algunos casos, incluso son contraproducentes. El aumento de los precios, por ejemplo, tiende a incomodar a los usuarios que pagan poco (pero por agua de baja calidad).
 
De igual manera, las campañas de comunicación deficientes podrían causar pánico y aumentar el consumo y el almacenamiento de agua, algo que Bogotá enfrentó en 1997 cuando un túnel que suministraba este recurso a la ciudad se derrumbó y causó escasez.

El Informe sobre Desarrollo Mundial 2015: Mente, Comportamiento y Sociedad del Banco Mundial detalla las acciones ‘creativas’ que los funcionarios de Bogotá tomaron para hacer frente a las consecuencias negativas y no deseadas de la campaña de comunicación inicial. 

Para mejorar la comunicación, la ciudad tomó las siguientes medidas:

  • Entregó pegatinas (stickers) con una imagen de la estatua de San Rafael (nombre del reservorio de agua de emergencia del cual la ciudad dependía)
  • Publicó reportes diarios del consumo de agua de la ciudad en los periódicos de mayor circulación del país
  • Participó en campañas de entretenimiento que ilustran las maneras más efectivas de conservar el agua (como un anuncio en la televisión del alcalde tomando un baño junto con su esposa)
  • Publicó los nombres de hogares que no estaban cooperando, y recompensó a quienes sí cooperaban
  • Impuso sanciones a los negocios con los niveles más altos de consumo

Según el informe, estas acciones no sólo fueron efectivas en la reducción del consumo de agua, sino que los cambios de comportamiento que suscitaron se mantuvieron en los años siguientes.

Este tipo de acciones son conocidas como "nudges" (empujones): pequeñas intervenciones para promover el cambio de conductas a través de la aplicación de conocimientos de la economía del comportamiento.
 
A diferencia de la teoría económica más tradicional, la economía conductual no parte de la suposición de que las personas tienen información completa y solo buscan optimizar sus beneficios individuales.  Más bien, considera a las personas como tomadores de decisiones con información imperfecta, cuya racionalidad tiene límites y están motivados por preferencias tanto privadas como sociales.

Con esta perspectiva, la economía del comportamiento tiene enfoques de protección ambiental que pueden complementar o sustituir a los enfoques más tradicionales.  Su objetivo es cambiar la manera en que se muestra el contexto, de forma que se resalten las consecuencias de cada decisión que, de otro modo, pasarían desapercibidas. En otras palabras, ayuda a que las personas tomen mejores decisiones –en beneficio propio y de la sociedad.

En los países desarrollados, existe una fuerte evidencia de que los mensajes persuasivos han reducido el consumo de agua y el consumo de energía de una manera económicamente significativa. Aunque estos estudios difieren en términos de ubicación y contenido de los mensajes, se han encontrado que los mensajes que incluyen comparaciones sociales (por ejemplo, se compara tu consumo con el de tus vecinos) reducen sustancialmente el consumo en el corto y largo plazo.

En el contexto del agua, por ejemplo, un mensaje comparativo  fue implementado como un experimento aleatorio durante una sequía en un estado del sur de Estados Unidos. Los hogares que fueron expuestos a un único mensaje dirigido a que consuman menos agua, usaron menos agua que el grupo de control que no recibió tal mensaje – casi 5 por ciento en el primer año después de que el mensaje fuera enviado, y casi un 2 por ciento en el tercer año. Curiosamente, la reducción estimada del 5 por ciento es equivalente a la que se esperaría si los precios promedio aumentaran entre un 12 y 15 por ciento. 

Dado que los servicios públicos a menudo están fuertemente regulados, es difícil aumentar el precio más allá de la recuperación de costos (es decir, cubrir tanto los costos de la provisión del servicio como los costos de escasez). Por lo tanto los enfoques conductuales proporcionan un conjunto de políticas complementarias y efectivas para la conservación.

¿Pueden estas acciones resolver problemas de escasez de agua en zonas propensas a sequía? Posiblemente no, pero es una contribución a la solución – y una opción relativamente económica. Para el sistema de agua en el estudio, la intervención costó sólo 37 centavos de dólar por 1000 galones ahorrados en los primeros tres años después de que los mensajes fueron enviados.

Aunque se necesita más investigación sobre el poder de los mensajes con comparaciones sociales en los países en desarrollo, otros ensayos controlados aleatorios encontraron impactos similares. Un mensaje pro-social con comparación social en Colombia encontró una reducción del consumo de casi el 7 por ciento, mientras que en Costa Rica la reducción fue entre 4 y 6 por ciento.
 


















Por otra parte, los resultados experimentales muestran algo interesante en términos de la equidad: la mayor parte de la reducción provino, en gran medida, de los hogares de altos ingresos en vez de los más pobres. Otras investigaciones han encontrado que los hogares de altos ingresos en las zonas urbanas son menos sensibles a los cambios en los precios del agua residencial, por lo que los mensajes pro-sociales pueden ser complementarios a las políticas basadas en precios. El poder de este tipo de mensajes también se ha observado en otros contextos ambientales, como en el reciclaje y el cumplimiento de las leyes de parques nacionales.

Varios jefes de Estado han pedido cambios fundamentales en la forma en la que el mundo ver el tema del agua para que todos tengamos este vital recurso. Esto abre la puerta para un apoyo político de alto nivel a nuevos tipos de enfoques, incluso aquellos que ayudan a cambiar las percepciones, el comportamiento y las normas relacionadas con el agua.

Y mientras los “empujones”, por sí solos, no resolverán  los problemas globales relacionados al agua  -la conservación de los ecosistemas, la reducción de la contaminación, la mitigación del cambio climático y el alivio de la pobreza-  sí pueden contribuir de manera costo-efectiva a las soluciones. 
 
Es importante destacar que estas estrategias no requieren que se implementen nuevas leyes. Los científicos y profesionales del medio ambiente deberían examinarlas de cerca y hacer más esfuerzos para promover pruebas experimentales en la implementación de programas de conservación.

Mientras que el Banco Mundial, los gobiernos y los socios continúan experimentando y aplicando la ciencia del comportamiento a los programas y políticas públicas, compartiremos con ustedes a través de esta serie "Pequeños cambios, grandes impactos: aplicando #cienciasdelcomportamiento al desarrollo", los últimos desarrollos e ideas de la región. Únase a nosotros y comparta lo que piensa, su trabajo y sus ideas.

Publicación anterior de la serie: Políticas públicas con un verdadero rostro humano

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