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Construir viviendas más asequibles y resilientes en América Latina y el Caribe

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Entre 2010 y 2017, Chile sufrió el impacto de 10 catástrofes naturales. Dichos desastres afectaron más de 340,580 viviendas y la reconstrucción costó USD 3.600 millones, según el Ministerio de Vivienda y Urbanismo de Chile. De acuerdo con las evaluaciones de daños y pérdidas ocasionadas por los desastres, el sector vivienda es uno de los más afectados a causa de eventos climáticos y de otros tipos, principalmente inundaciones, terremotos, deslizamientos e incendios forestales. En el periodo comprendido entre 1990 y 2011, las pérdidas mínimas asociadas con el sector vivienda en 16 países de América Latina y el Caribe alcanzaron unos USD 53 mil millones.
 
En la región de América Latina y el Caribe, una cuarta parte de la población vive en barrios pobres, asentamientos informales que se caracterizan por la prevalencia de viviendas de baja calidad. Las familias que residen en estos asentamientos informales corren mayor riesgo de sufrir los impactos de desastres naturales. Los programas gubernamentales destinados a proveer vivienda nueva no siempre alcanzan a las poblaciones en los quintiles más bajos. Sin acceso a alternativas de vivienda asequible, los hogares no tienen otra opción más que construir progresivamente sin asesoramiento técnico y frecuentemente  en zonas propensas a los desastres naturales.


Tradicionalmente, las políticas públicas y los programas de vivienda en Latinoamérica han promovido en su gran mayoría subsidios directos para la adquisición de vivienda nueva para el beneficio de familias de bajos ingresos.  Si bien se ha avanzado significativamente para reducir el déficit cuantitativo de viviendas, los esfuerzos para reducir el déficit cualitativo no han alcanzado la misma escala e impulso. Por ejemplo, desde 2003 solo el 15 por ciento de la cartera de subsidios de vivienda en Colombia se ha asignado al mejoramiento del hogar.
 
Entonces, en este contexto, ¿cómo pueden los países y ciudades de América Latina y el Caribe asegurarse de que las viviendas sean más asequibles y resistentes a los desastres naturales, especialmente para los pobres? Para abordar esta cuestión, el Grupo del Banco Mundial organizó una reunión en torno al tema "Mejorar las políticas de vivienda para aumentar la asequibilidad y mitigar los riesgos climáticos y de desastres" en Washington DC del 22 al 23 de marzo.
 
El evento, organizado por la Práctica Global Social, Urbana, Rural y de Resiliencia y patrocinado por el Mecanismo Mundial para la Reducción del Riesgo de Desastres (GFDRR), reunió a autoridades del sector provenientes de 14 países incluyendo  Argentina, Belice, Chile, Colombia, Dominica, Guatemala, Granada, Honduras, Jamaica, México, Paraguay, Perú, Santa Lucía y Estados Unidos, así como expertos internacionales, del sector privado y ONGs.
 
Tras dos días de discusiones productivas, se identificaron grandes oportunidades para los hacedores de políticas públicas en la región:

  • Alinear los esfuerzos de mejoramiento estructural con mejores incentivos para los propietarios de viviendas. El vincular la formalización de la propiedad con las iniciativas de mejoramiento estructural - ya sea para otorgar mayores niveles de seguridad jurídica o para permitir a los propietarios hacer un mejor uso económico de sus activos - puede alentar a los residentes en viviendas informales a invertir en modernizar las mejoras, siempre y cuando exista una combinación de subsidios del gobierno y préstamos asequibles para estos propósitos. Actuar ahora tiene sentido económico: invertir US $ 1 en la rehabilitación de vivienda ahorra US $ 4 en su reconstrucción.
  • Involucrar proactivamente a las instituciones microfinancieras para aumentar la asequibilidad y promover la resiliencia de la vivienda. Se debe incentivar adecuadamente al mercado de las microfinanzas para que estas mismas expandan sus servicios a familias de bajos ingresos, particularmente en mercados donde los beneficiarios están (voluntariamente) aprovechando recursos privados adicionales, incluyendo ingresos propios. Actualmente, la proporción de préstamos de mejoras para el hogar en las carteras de instituciones de microfinanzas fluctúa entre el 20 y el 30 por ciento.
  • Vincular las políticas de vivienda a la asequibilidad y la eficiencia energética. Las políticas para el mejoramiento de la vivienda pueden aprovechar la introducción de mejoras en la eficiencia energética con el objetivo de reducir las emisiones de carbono y mantener el calentamiento global por debajo del nivel crítico de 2 grados Celsius. Ambos objetivos pueden también llevar a ahorros significativos en los costes energéticos de los hogares y conducir a otros beneficios, como mejores condiciones de salud, en particular para las mujeres y los niños.

El informe Banco Mundial-GFDRR "Invertir en resiliencia urbana" recomienda que los gobiernos municipales promuevan políticas locales que fomenten la resiliencia. Para Latinoamérica y el Caribe, acciones para transformar el riesgo urbano a resiliencia es un gran paso para construir ciudades más seguras. También se suma el esfuerzo del Grupo Banco Mundial y de otros socios para el desarrollo en integrar la gestión del riesgo de desastres en programas y proyectos de mejoramiento de barrios precarios que favorezcan una vivienda más asequible para todos.
 
¿Cómo ha mejorado su ciudad, país o región las políticas de vivienda para beneficiar a los pobres y aumentar la resiliencia del sector vivienda contra los riesgos naturales? Háganos saber publicando un comentario.