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América Latina debe asegurar que los esfuerzos anti-tabaco no se esfumen

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Hoy es el Día Mundial sin Tabaco, un momento en el que deberíamos reflexionar respecto a los tantos males que el tabaquismo nos trae aparejado, tanto como individuos como miembros de una sociedad.
 
Es por esto que cuando comencé a redactar esta entrada de blog, me pregunté: ¿por qué no podemos tener un Mes sin Tabaco, o mejor aún, una Vida sin Tabaco? En otras palabras, ¿por qué no estamos disfrutando de un mundo sin tabaco o una América Latina sin tabaco?


En los últimos años hemos avanzado bastante en términos de poner un freno al consumo de tabaco, pero aún queda mucho por hacer — especialmente teniendo en cuenta el costo terrible en vidas humanas y el aumento vertiginoso en los gastos de salud derivados de aquellas personas afectadas por el tabaquismo.
 
Permítanme realizar una rápida revisión de la situación en nuestra región — comenzando por las buenas noticias.
 
Varios países latinoamericanos están llevando a cabo una fuerte política de control del tabaquismo que incluye medidas impositivas, prohibición de fumar en lugares públicos, así como una mayor concientización respecto a los peligros del tabaquismo. 
 
Algunos de estos países son considerados como de alto desempeño a la hora de implementar las iniciativas del Convenio Marco para el Control del Tabaco de la OMS.  Argentina, Panamá y Uruguay, por ejemplo, son buenos ejemplos de un control estricto al consumo de tabaco, mientras que Brasil, Chile, México, Panamá, Perú, Uruguay y Venezuela son buenos ejemplos de países con duras etiquetas de advertencia respecto a los males del tabaquismo. Y Brasil y Uruguay son buenos ejemplos de tratamiento a la adicción al tabaco.
 
Uruguay es uno de los casos más exitosos de control del tabaco en la región. Como resultado de su fuerte política contra el cigarrillo, los datos de dos encuestas de hogar muestran que, entre 2006 y 2009, la prevalencia del consumo de tabaco entre los adultos de las áreas urbanas del país tuvo una de las mayores caídas registradas a nivel mundial, descendiendo en alrededor de 10 puntos porcentuales.Esto obedece al liderazgo del entonces presidente Tabaré Vázquez, quien nos dijo en una reciente presentación que, gracias a este notable cambio en la incidencia del tabaquismo, la mortalidad derivada de las enfermedades cardiovasculares descendió en el país.
 
Asimismo, Uruguay se convirtió en el primer país de ingreso medio en establecer espacios públicos libres de humo, un ejemplo seguido por otros países de América Latina y el Caribe.
 
Ahora la mala noticia. Muchos países latinoamericanos poseen el porcentaje más alto de adultos consumidores de tabaco, incluidos Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay. Y esto es especialmente preocupante entre las mujeres.  A medida que la tasa masculina disminuye, el tabaquismo entre las mujeres, especialmente las más jóvenes, está aumentando. En América Latina y el Caribe, el 16% de las mujeres jóvenes fuman, comparado con un 8% en los EE. UU. y 11% a nivel mundial. 

A nivel mundial, mientras que la venta de tabaco disminuye o se estanca en los países desarrollados, se acelera en los países de ingreso bajo y medio. La industria tabacalera ha llevado a cabo una agresiva campaña de comercialización en el mundo en desarrollo, muchas veces centrada en las mujeres y la juventud, distribuyendo cigarrillos gratis en eventos deportivos, musicales y otros.
 
Nosotros en la comunidad de la salud estamos trabajando duro para contrarrestar estas acciones.
 
Como parte de un estudio regional para la promoción de una vida sana, actualmente en preparación, el Banco Mundial y el Ministerio de Salud Pública de Uruguay están registrando el proceso para diseñar e implementar políticas de control contra el tabaquismo. Les puedo adelantar lo siguiente: las políticas de control al tabaquismo en Uruguay son el resultado de un fuerte liderazgo y el compromiso de los diseñadores de políticas, y esto incluye alianzas sólidas entre la sociedad civil, organizaciones internacionales, paraestatales, y agencias gubernamentales.
 
Nuestra Estrategia de Salud, Nutrición y Población considera que el control del tabaquismo es una de las principales actividades para lograr buenos resultados en salud, y que el aumento de la carga impositiva es una medida eficiente para contrarrestar el cigarrillo.  De esta manera, en alianza con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los EE. UU., la OMS y Bloomberg Philanthropies, hemos dado inicio a una iniciativa para apoyar los esfuerzos nacionales de control del tabaquismo, centrada en el aumento de la carga impositiva.
 
Por una cuestión de principios, el Banco no presta, invierte o garantiza inversiones o préstamos para la producción, procesamiento o comercialización del tabaco, e intenta ayudar a los países productores a que se diversifiquen más allá del tabaco.
 
El tabaco procesado y no procesado, maquinarias y equipos para el procesamiento del tabaco y servicios relacionados forman parte de la lista negativa de importaciones en los acuerdos crediticios del BM.
 
No es de sorprender entonces que la industria tabacalera siempre esté buscando formas de eludir todos nuestros esfuerzos.
 
Recientemente, las compañías tabacaleras intensificaron el uso de reglas comerciales para intentar detener y revertir las medidas de control del tabaquismo de algunos países, como informó el Centro para el Análisis de Políticas Comerciales y Sanitarias.  Es por ello que creo que los acuerdos comerciales en general, incluida la Alianza Transpacífica que se está negociando en este momento, debe garantizar el derecho de cada país de proteger la salud pública del cigarrillo. Asimismo, no deberían socavar la capacidad de cada país de ejercer su soberanía doméstica a la hora de adoptar o mantener medidas que apunten a la reducción del tabaquismo y evitar el daño que causa a la salud pública.
 
Mientras termino esta entrada de blog, me gustaría poder celebrar el Día sin Tabaco las 24 de la semana horas, los 365 días del año, por el resto de nuestras vidas.  Pero para logarlo  debemos tratar de asegurar que nuestros esfuerzos no se esfumen.