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ENVIADO POR Emilio Orlando Avilés EL

Según vuestros informes, la pobreza en Honduras esta distribuida casi equitativamente en el área rural y urbana.
La falta de una política incluyente (todos los sectores y áreas) no permite crear la sinergia necesaria para sacar el país adelante.
Los más de 250,000 pequeños agricultores de granos básicos que luchan por su seguridad alimentaria, pueden salir adelante a través de un programa o proyecto que se maneje con transparencia. Este debe hacer uso de los recursos que el gobierno de Honduras tiene en su haber. Un Banco que brinde el acceso al financiamiento requerido es indispensable. La falta de tenencia de tierra y de equipo es un problema para ser beneficiario de dicho financiamiento. El IHMA para reducir la intervención de los intermediarios en la cadena de valor, debería dirigirse a firmar contratos de compra venta con esos pequeños agricultores (incremento en el precio de L100 por qq); sin olvidar que estos agricultores no producen grandes cantidades de granos. Los contratos de compra venta, deberían ser aceptados por BANPROVI como garantía, y con esto eliminar la falta de acceso a dinero. La SAG y todas las ONG´S debería de prestar servicios de supervisión, apoyo técnico, educación, etc. hasta que la producción se obtenga. El IHMA, entra de nuevo en el rol, al brindar los servicios de limpieza, secado, análisis de calidad en laboratorio, almacenamiento, pesaje y trasporte desde el lugar de producción (para evitar de nuevo el acaparamiento). IHMA comercializa todo el producto con micro empresarios destinados a brindar servicios a la Secretaría de Educación (Merienda escolar), Secretaria de Seguridad (alimentación a los efectivos del ejercito, de la policía nacional, de las personas privadas de libertad), a la Secretaría de Salud (alimentos para los enfermos), al BANASUPRO (vende a las familias mas desposeídas), finalmente puede elaborar contratos con los diferentes supermercados a fin de ofrecerles productos limpios, de calidad, embolsados con su logo y marca. De igual manera, se puede vender al sector agroalimentario. Al romper la falta de ingresos en las familias de esos pequeños agricultores, vamos a combatir la inseguridad alimentaria, la pobreza, la distribución inequitativa, la falta de educación y los cordones de pobreza de las áreas urbanas. El pequeño agricultor que tenga asegurada la venta de su producción, con el financiamiento que requiere, tendrá aliciente para luego buscar a mejorar sus niveles de productividad.