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El retorno al lento crecimiento

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Con el lento crecimiento económico del 2013 y la previsión de un registro igualmente frustrante en 2014, América Latina completará un trienio de desempeño económico insatisfactorio. La verdad, sin embargo, es que estos resultados han sido la corroboración de un desempeño que ha sido mediocre a partir de las reformas de mercado.

Entre 1990 y 2013 la expansión del PIB ha sido de solo 3,3% por año, que se compara muy desfavorablemente con el 5,5% alcanzado entre 1950 y 1980, durante la etapa de industrialización dirigida por el Estado. El único sub-período realmente excepcional fue 2003-2007, durante el cual dicho registro alcanzó el 5,6%.

Pero desde 2008, y pese a un año extraordinario (el 2010), la expansión de la economía de la economía de la región ha retornado a un promedio del 3,2%.

Ya es hora, por lo tanto, de enterrar el concepto de “la década de América Latina” o “la década ganada”. La verdad es que hubo un lustro extraordinario, el que precedió a la crisis financiera del Atlántico Norte que se inició a mediados de 2007 y se desencadenó con toda su fuerza con la quiebra de Lehman Brothers en septiembre de 2008. Este período fue aún más extraordinario en materia social, gracias al inicio de una tendencia a la mejoría de la distribución del ingreso en un conjunto cada vez más amplio de países. Por eso la pobreza se redujo del 43,9% en 2002 a 33,2% en 2008, de acuerdo con los registros de la CEPAL.

El lustro extraordinario de 2003-2007 fue posible gracias a la conjunción, única en la historia de la región, de cuatro efectos externos extremadamente favorables: el rápido crecimiento del comercio internacional, el inicio de un super-ciclo de altos precios de productos básicos, el retorno a un financiamiento externo abundante y barato, y las oportunidades que brindaron Estados Unidos y España, entre otros países, a los migrantes latinoamericanos.

De esas condiciones, ya desaparecieron dos con la crisis internacional: el rápido crecimiento del comercio y las oportunidades para los migrantes. Los precios de productos básicos han comenzado a flaquear después de alcanzar su pico en 2011 y el financiamiento externo se ha tornado menos favorable desde los anuncios del giro de la política monetaria norteamericana hacia una menos expansionista en mayo de 2013.

Lo que esto indica es que la economía latinoamericana ya no cuenta y no contará con el “viento de cola” que facilitó que saliera temporalmente del marasmo que la ha caracterizado durante el último cuarto de siglo. Hacia adelante dependerá de lo que construya con sus propias fuerzas y, cabe agregar, no meramente confiando en más reformas de mercado, cuyos resultados han demostrado ser insatisfactorios.

Esto es posible con un giro que incluya cuatro elementos. El primero, y más importante, es la puesta en marcha de políticas de desarrollo productivo y tecnológico ambiciosas, orientadas a cambiar la estructura productiva hacia ramas con mayor contenido tecnológico. Algo se ha hecho en los últimos diez o quince años, pero muy poco en la mayoría de los países. Dado la debilidad previsible de los mercados internacionales, el segundo es confiar más en los mercados de la región. Esto exige tomar en serio la integración regional y superar las múltiples divisiones que por razones políticas hemos creado.

El tercer elemento es un esfuerzo de gran escala en infraestructura física, donde las inversiones en las últimas décadas han sido la mitad o menos de lo que se considera deseable, contribuyendo al atraso notorio en materia de competitividad. Por último, será necesario continuar en los esfuerzos por mejorar la equidad, donde se ha avanzado, pero queda mucho por hacer para evitar seguir siendo la región con mayores niveles de desigualdad en el mundo.

* Profesor de la Escuela de Asuntos Internacionales y Públicos y Miembro del Comité de Asuntos Globales de la Universidad de Columbia. Previamente Secretario General Adjunto de las Naciones Unidas para Asuntos Económicos y Sociales, Secretario Ejecutivo de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y Ministro de Hacienda, Agricultura y Director del Departamento Nacional de Planeación de Colombia. 

Comments

ENVIADO POR GUSTAVO ANTONIO GARCIA FLOREZ EL

Completamente de acuerdo con el profesor Ocampo. Solamente, adicionaría el real apoyo que debe brindar el Estado a la micro y pequeña empresa como gran generadora de crecimiento con equidad: el papel de apoyo de la universidad es tambien fundamental para el fortalecimiento de este tipo de empresas. De igual manera, hay que tratar de desalentar las altas tasas de interés que cobran el sistema financiero de los países ( por lo menos en Colombia ) es muy notable, que desincentiva enormemente a estas empresas.

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