Syndicate content

En Centroamérica, los jóvenes actúan en contra de un futuro violento

Jessica Gallegos's picture
Esta página en: English
YAV-meeting

"Me cansé de perder amigos a causa de hechos de violencia con armas de fuego y ver cómo el potencial de mi generación se pierde en prisiones y cementerios”. Estas son las palabras de Ángel Bolívar Araya Castillo, coordinador del Movimiento Jóvenes Contra la Violencia (JCV) en Costa Rica. Tuve el privilegio de encontrarme con Ángel esta primavera cuando él y seis jóvenes representantes del movimiento JCV llegaron al Banco Mundial para hablar de la importancia de la participación juvenil en la prevención de la violencia.


El movimiento JCV del que Ángel forma parte es una iniciativa regional dirigida por jóvenes cuya misión es promover la seguridad en Centroamérica mediante la concientización, la movilización comunitaria y el impulso de un cambio de política a nivel nacional y regional. JCV es especialmente interesante dado que fue creado por jóvenes cansados de ser señalados como víctimas y autores de hechos violentos, en lugar de ello se propusieron encontrar soluciones a este asunto.

“Como docente, al preguntarles a los jóvenes qué querían ser cuando fueron grandes, me estremecía que muchos de ellos respondieran que querían ser pandilleros o sicarios. Supe que tenía que hacer algo”, dice Aleyda Guadalupe Méndez Gálvez, respondiendo a por qué ingresó al movimiento JCV. Si bien estas palabras pertenecen a Aleyda, bien podrían ser las palabras de cualquier otro joven de la región centroamericana, donde los jóvenes representan la inmensa mayoría de las víctimas y autores de crímenes.

En un extremo, allí donde la tasa de homicidios es elevada y donde el uso de armas de fuego y el crimen organizado bajo la forma del tráfico de drogas juegan un papel sustancial, 1 en 50 hombres será asesinado antes de alcanzar la edad de 31. (ONUDD, 2011) Sin embargo, dentro de esta tragedia subyace una oportunidad. Dado que los jóvenes experimentan la violencia de manera tan cercana, tienen una motivación y visión únicas a la hora de pensar programas de prevención de la violencia.

El Movimiento JCV, por ejemplo, hoy en día cuenta con sucursales en los siete países centroamericanos y más de 200 miembros activos; también han sido invitados para presentar sus recomendaciones sobre políticas en el Foro Presidencial de la Región Centroamericana — muchas de las cuales fueron adoptadas a nivel local, nacional y regional.

Iniciativas como JCV nos recuerdan qué tan poco estamos haciendo para empoderar a los jóvenes y cuánto lograríamos si los jóvenes se involucrasen en los diálogos en torno a ellos.  En palabras de Aleyda: “los jóvenes no deberían pensarse como el ‘futuro’, somos el presente y en el presente —con perseverancia y compromiso— podemos fomentar la prevención de la violencia”.
 
La Importancia de la participación de los jóvenes

Los jóvenes son los más cercanos a y los más afectados por la violencia, sin embargo, cuando pensamos en Prevención de la violencia la gente muchas veces piensa en policía, armas y cárceles. No muchos piensan en los jóvenes. La realidad es que muy pocas veces se recurre a los jóvenes para hallar soluciones, muchas veces las decisiones en torno a la agenda de la Prevención de la violencia juvenil se toman en contra de los jóvenes, en lugar de con y para ellos.

Es importante reconocer que los jóvenes no son solo autores y víctimas del crimen; también pueden ser movilizadores, pensadores y promotores de políticas para su prevención. Sin embargo, para hacerlo de manera seria hay que brindarles espacio y oportunidades a los jóvenes para que jueguen un papel activo —no como observadores— sino como colaboradores activos y formuladores de políticas.

No es suficiente con invitar a los jóvenes a la mesa de discusión, tener una buena cantidad de jóvenes participando no significa que esa participación sea de calidad. Una participación juvenil de alta calidad significa un proceso de participación juvenil a la hora de tomar decisiones que afectan sus vidas. Esto puede tomar varias formas (comités, grupos, reuniones, etc.) pero debe contar con la participación activa de los jóvenes. Es un lugar común concluir que gracias a un gran número de actividades juveniles, y debido al número de jóvenes en ellas, esta participación está teniendo lugar. (Checkoway, 1994).

Las organizaciones internacionales, los gobiernos nacionales y locales están en una posición ideal para empoderar a estos jóvenes, proporcionándoles un espacio donde puedan participar de manera significativa. La capacidad de actuar de los jóvenes no es una opción si pretendemos darle seriedad a la agenda de la Prevención de la violencia juvenil. Los profesionales, académicos y tomadores de decisiones tienen mucho que aprender de los jóvenes. Solo tenemos que aprender a escucharlos.
 
* Puede conocer más respecto a al Movimiento Centroamericano Jóvenes contra la Violencia en los sitios web regionales y nacionales más abajo:
 

Añadir nuevo comentario