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¿Está listo México para su próximo gran huracán o terremoto?

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Con su larga estela de muerte y destrucción en el Caribe y la costa este de EE.UU, el huracán Sandy será recordado como uno de los más devastadores de la historia reciente.

Mientras escribo este blog, Sandy ha causado cien muertes y más de 50 000 millones de dólares en daños.

Después de vapulear a Cuba, Haití y Jamaica, Sandy viró hacia el noroeste en vez de seguir una trayectoria hacia el poniente, obviando así la costa del Golfo de México.

¿Pero, qué hubiese pasado si esta “tormenta perfecta” se hubiese dirigido hacia México? O si, Dios no lo quiera, una nueva tormenta tardía se formara en las aguas calientes del Golfo y azotara las ciudades costeras de México?

¿Estaría México en condiciones de soportar tal tormenta?

Siempre es difícil tejer hipótesis sobre algo que no ha sucedido. Sin embargo, puedo decir con certitud que México está mucho mejor preparado que anteriormente para soportar huracanes del tipo de Sandy.

He aquí las razones. De un tiempo a esta parte, el país ha realizado un trabajo arduo en prepararse contra los desastres naturales. Y lo ha hecho en dos áreas principales: predicción de daños, y seguro y financiamiento ante riesgos.

México está muy consciente de que su vasto territorio figura entre los de más alto riesgo de desastres en el mundo. Ofrezco unas cifras sólo para poner esto en perspectiva: más de 90 terremotos de magnitud 4.0 o más (en la escala de Richter), impactan a los mexicanos cada año -esto representa nada menos que el 6 por ciento de los terremotos de todo el mundo. Por otro lado, más del 50 por ciento del territorio del país está expuesto a fuertes terremotos.
Y además, están las tormentas.

Los ciclones tropicales son los riesgos meteorológicos más peligrosos, especialmente en el Golfo de México y el Caribe, donde su población e infraestructura crecen más rápido que el promedio del país.

De cara a estos fenómenos, México se ha visto obligado a desarrollar respuestas innovadoras.

Para comenzar, el país ha dado saltos cualitativos en la evaluación de riesgos a través de lo que se conoce como cálculo probabilístico.

Si R-FONDE, R-AVISA y SICAVA le suenan como trabalenguas, no se preocupe ni se rompa la cabeza pensando en su significado. Sólo piense que estas siglas enredadas son el fundamento de la respuesta pionera de México en materia de prevención de desastres.

Estos temas son francamente para los "clavados". Pero vale la pena echarle un vistazo por el valor que representan.

R-AVISA es un sistema de monitoreo de tormentas ligado a la NOAA, que estima las pérdidas materiales y humanas. R-FONDEN calcula pérdidas de eventos naturales en todo México y SICAVA es una herramienta de web que automatiza el reporte de daños desde el momento mismo en que ocurre un desastre. Todos estos mecanismos permiten la movilización rápida de recursos para la prevención y respuesta ante desastres, según detalla el reciente estudio "Mejoramiento del análisis de riesgos de desastres para fortalecer la resiliencia financiera".

Tecnológicamente hablando, México está a la cabeza en reducción de riesgos y control de daños. Los mexicanos y latinoamericanos saben muy bien el precio de no ser proactivo. El costo acumulativo de los desastres de la última década suman la friolera de 25,000 millones de dólares.

Los desastres naturales presentan una enorme carga al presupuesto federal de la Nación. Lo cual me lleva al segundo pilar de la exitosa estrategia ante desastres de México: seguros ante riesgos.

Justo el mes pasado, México emitió un nuevo bono de catástrofe, en respuesta al éxito de su bono anterior del 2009. El "MultiCat México 2012" es un instrumento de US$315 millones que provee cobertura ante huracanes y terremotos. Lo interesante de estos bonos es que le permiten a los gobiernos adquirir fondos y protección de los mercados financieros en lugar de tomar fondos de los cofres públicos.

En otras palabras, con esta acción México garantiza fondos externos para desastres naturales, incluso antes de que ocurra cualquier catástrofe.

Tal como lo hizo el bono de 2009, el Multicat 2012 provee cobertura de seguro ante riesgo de terremotos en cinco zonas geográficas y ante riesgo de huracanes en tres regiones a lo largo de las costas del Atlántico y del Pacífico.

México empieza a gozar de una gran reputación en el mercado de bonos catastróficos. En esta transacción México consiguió mejores términos que en 2009 y, en líneas generales, fue bastante competitiva en contraste con reaseguros más tradicionales. Obviamente, esto se debió también al crecimiento del mercado de bonos catastróficos, y al apetito de los inversionistas para diversificar ante los riesgos principales cubiertos por otros bonos similares (vientos y terremotos en EE.UU). Pero está claro que México es una propuesta atractiva en estos muy competitivos mercados de bonos.

Estamos muy comprometidos con los esfuerzos de México por convertirse en un lugar más seguro y resistente a los riesgos naturales.

Es por ello que apoyamos su estrategia nacional de gestión de riesgos bajo el “Programa de Prevención y Atención de Desastres Naturales”. En una escala global, estamos apoyando al gobierno a posicionar el tema de gestión de manejo de riesgos como un tema prioritario en la agenda 2012 del G20.

Como dicen los mexicanos: "Más vale prevenir que lamentar", lo cual en este en este contexto se refiere a que la prevención y buenas políticas salvan vidas y nos permiten ahorrar dinero.

Comments

Muy interesante el artículo de Gloria M. Grandolini sobre la preparación de México ante eventos de la naturaleza. Lamentablemente habla mucho sobre prevenciones económias, pero nada sobre lo que México ha hecho para proteger sus habitantes de catástrofes naturales. ¿De qué me sirve un proyecto R-XYZ si mi casa se me fue por el huracán? ¿O que se me vino abajo el techo por un temblor? Me parece muy necesario de identificar zonas propensas a huracanes en donde se prohibe la construcción de casas residenciales. Simplememnte para proteger la población. En zonas propensas a terremotos ha de construirse con códigos de construcción adecuados para que a la hora de un sismo la gente no se dañe porque se les desplomó su propia casa. Identificar zonas propensas a inundación y prohibir que en tales zonas se construyan viviendas. Tales zonas, quizá, puedan usarse para la agricultura, por ejemplo. Muchas gracias por su atención. Ernesto Leffelaar

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