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Los granjeros, ingenieros, trabajadores de la salud y docentes que están ayudando a reconstruir Haití luego del huracán Matthew

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Visitamos la región más afectada para conocer cómo sus comunidades se recuperan tras la tormenta del 4 de octubre de 2016.

Dos meses después de que el huracán Matthew devastara las provincias meridionales de Haití, ya están en marcha los esfuerzos de reconstrucción. En algunas áreas se pueden observar paneles de metal corrugado brillando bajo el sol, que tapan los agujeros de los techos arrancados por el huracán el 4 de octubre de 2016.

Lo que alguna vez fue el granero del país, un paisaje verde y frondoso, terminó en un mosaico de tonalidades rojas y marrones tras el paso de los fuertes vientos y lluvias de Matthew que arrancaron árboles, dañaron plantíos, caminos y dejaron sin techo a la mayoría de las casas.

Por suerte, la naturaleza siguió su curso, los bananos y la vegetación en general comenzaron a crecer, devolviendo el verde al campo.

Únase a nosotros en un viaje virtual a las tres regiones más afectadas para ver cómo los haitianos se recuperan en cinco áreas clave:

En el campo, donde se perdió hasta un 90% de los cultivos en algunas áreas, los productores han decidido sembrar nuevamente, a tiempo para la cosecha invernal.

 
Un productor sembrando en Plain des Cayes.

La plaine (planicie) de Cayes es el área agrícola de Haití. Se estima que alrededor de 600.000 haitianos padecen de inseguridad alimentaria, por lo que la máxima prioridad de estos productores es recuperar, tanto como sea posible, la cosecha invernal.

“Creemos que el futuro será bueno para nosotros. Los campos están a punto de ser arados y una vez que terminemos, sembraremos. Espero podamos estar abastecidos”.

Muchos productores rurales utilizan ganado vacuno para arar los campos.

En apoyo a este esfuerzo, un proyecto del Banco Mundial les proporcionó semillas y fertilizantes a más de 3.000 agricultores y pequeños productores. También está ofreciendo servicios gratuitos de arado para preparar los campos y acelerar el proceso de siembra, a la vez que está ayudando a recapitalizar a los proveedores locales que han sido contratados para arar.

Un proveedor mide las semillas de frijol negro para un beneficiario.

Las inundaciones que se registraron trase el paso del huracán también dañaron canales de irrigación claves al arrasar sus muros de contención, los cuales se llenaron con el sedimento y los escombros que bajaron de las montañas.

Las iniciativas de trabajo por dinero para reconstruir esos canales no solo proporcionan oportunidades laborales claves para las comunidades locales, sino que también, una vez reabiertos, los canales de irrigación proporcionarán el agua tan necesaria para los cultivos.

Trabajadores en Camp Perrin limpiando los restos de la inundación del canal de irrigación.

Antes de Matthew, apenas el 65% de los haitianos urbanos y el 48% de los que habitan en áreas rurales tenían acceso a agua potable. El huracán Matthew afectó el acceso al agua de 700.000 personas.

En Simon, en el departamento Sur, un sistema hídrico comunitario, que incluye quioscos de agua, apoyado por la DINEPA con financiamiento del Banco Mundial, proporciona agua potable a unas 60.000 personas (a través los quiscos) y 400 familias (que gozan de un suministro de agua en casa).

 

Un ingeniero de agua clorina el tanque de agua que se alimenta de un sistema de agua administrado por la comunidad en Simon.

“Luego del huracán, las otras fuentes de agua no eran buenas. Había demasiada agua en todos lados, y estaba sucia. Esta agua (de un quiosco) nos salvó”.

Una mujer junta agua de un quiosco.

El transporte terrestre representa el 80% de todo el movimiento de bienes y personas en Haití, con una red vial de alrededor de 3.400 km que conecta un extremo del país al otro.

Sin embargo, durante la temporada de huracanes esta conexión es particularmente vulnerable a las inundaciones causadas por las por el exceso de las lluvias.

Miembros de una comunidad caminan sobre una calzada improvisada.

El puente Ladigue en Petit-Goâve fue uno de los afectados. Luego de 36 horas de lluvias continuas, el río creció a causa del agua que bajaba de las montañas y arrasó con el puente, cortando el acceso vial a las provincias de Sud, Grand’Anse y Nippes.
 

Haití tiene dos tipos de ríos, los cursos de agua permanentes y los intermitentes. El río Ladigue es uno de los intermitentes, ya que se llena rápidamente con el agua de lluvia que baja desde las montañas, pero una vez que la tormenta pasa su caudal se reduce a un hilo.

El río retrocedió, permitiendo que se trabajara en la reparación del puente.
El agua subió hasta la mitad de este árbol.

El huracán Matthew incrementó el riesgo de cólera y enfermedades transmitidas por el agua. El costo del huracán en el sector salud es elevado, y se estima que las pérdidas lleguen a un total de US$56 millones.

La lucha contra las enfermedades transmitidas por el agua, o “maladies D”, como se las conoce en Haití, sigue siendo una de las principales prioridades del país.

“Podemos erradicar el cólera”

El centro Sainte Camille proporciona tratamiento gratuito a personas que padecen de cólera o diarrea. También lleva a cabo campañas de concientización y actividades para reducir el riesgo en la comunidad.

Previo al huracán las mejoras en atención y prevención del cólera redujeron la tasa de mortalidad de la enfermedad en Haití a menos de 1%.

Una enfermera trata a un paciente de cólera en Puerto Príncipe.

Los miembros de la comunidad también tomaron la posta, y comparten consejos y técnicas de prevención en conversaciones y reuniones comunitarias como el mercado local y las escuelas.

Una mujer aprende el lavado correcto de manos.

Alrededor de 3.400 escuelas sufrieron daños por el huracán Matthew, de las cuales 500 fueron completamente destruidas. Para asegurar que los alumnos no abandonen la escuela tras el huracán, el Banco Mundial en colaboración con la Alianza Mundial para la Educación, el Banco de Desarrollo del Caribe y el Banco Interamericano de Desarrollo, está financiando programas de alimentación escolar, rehabilitación de escuelas dañadas y exenciones de matrícula hasta alcanzar a los 50.000 alumnos en las áreas afectadas.

 

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