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¡Despacio! Hombres y mujeres trabajando

Maria Victoria Ojea's picture

Hace unos meses visité una ruta en el departamento de Caaguazú, en Paraguay. Al llegar, toda mi atención fue a parar a un gran letrero que decía: “Despacio, hombres y mujeres trabajando”.

Detrás del cartel pude divisar a un grupo de trabajadores, y entre ellos había dos mujeres jóvenes que abrían canaletas y empujaban carretas con tierra a la par de sus compañeros. Inmediatamente me pregunté si aún hoy, en los tiempos que corren, no es un poco anticuado sorprendernos de mujeres que realizan trabajos “de hombre”.

Tal vez sea un prejuicio, pero yo no dejé de asombrarme cuando conocí a Liz Rosales de tan solo 21 años quien vestía ropa pesada de pies a cabeza con casi 45ºC de temperatura, y me preguntó si no era yo la que tenía calor.

Liz es una joven diminuta que, a pesar de su corta edad, tenía claro que este trabajo le permitiría ahorrar dinero para cumplir su sueño de estudiar enfermería y poder darle un futuro mejor a su hijo de un año y medio.
 

¡Despacio! Hombres y mujeres trabajando

Tanto Liz como su compañera son algunas de las mujeres que trabajan en las microempresas contratadas para brindar una solución a las dificultades de conectividad del Paraguay, donde alrededor del 83% de los 60.000 kilómetros de rutas interurbanas son de tierra.

Hasta la fecha, más de 600 kilómetros de rutas se han rehabilitado y 140 kilómetros de caminos de tierra han sido mejorados. Todo este trabajo forma parte del proyecto Ñamopora Ñanderapé del Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones que cuenta con apoyo del Banco Mundial e incorpora la perspectiva de género.

Pienso que, más que rehabilitar rutas, mujeres como Liz se suman a las millones de latinoamericanas que en la última década se sumaron al mercado laboral y que con su trabajo derriban barreras de género y prejuicio.

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