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Youth

Cómo las ciencias del comportamiento están ayudando a las adolescentes argentinas a pensar en su futuro

Vanina Camporeale's picture

De pequeña siempre supe que tenía que estudiar y trabajar como un medio para lograr mis aspiraciones. Y ese camino se iniciaba yendo al colegio, luego a la universidad y finalmente, haciendo un posgrado e insertándome en el mundo laboral. Supe del valor del esfuerzo y la perseverancia, pero también de la importancia que ejercieron en estas elecciones, mis padres, mis tíos y mis pares.

En uno de mis viajes al noroeste argentino, y frente a un grupo de chicas cuyo contexto les dificultaba pensar en sus aspiraciones, me enfrenté a algunas de las preguntas sobre mi propia adolescencia: ¿cómo elegí el camino que me trajo hasta el lugar donde estoy hoy? ¿Qué otra alternativa podría haber elegido? 

En el norte del país, una de cada cuatro adolescentes tuvo un embarazo antes de los 19 años y un 69 por ciento de ellas no lo decidió. Además, mientras en la Ciudad de Buenos Aires hay 30 nacimientos por cada 1000 adolescentes, en la provincia de Misiones, la cifra trepa a 91. Estas son tasas muy elevadas, comparadas con el promedio mundial que es de 51 por mil, y con la de países vecinos como Brasil (56 por mil).

La pobreza y la desigualdad, el sistema educativo y las normas relativas al género ejercen una gran influencia en la fecundidad en la adolescencia. Si bien Argentina avanzó mucho en los últimos 15 años, extendiendo los años de educación obligatoria, luchando contra prácticas discriminatorias y garantizando derechos de educación de salud sexual y reproductiva  a los jóvenes, aún queda un largo camino por recorrer.

Por el reconocimiento de la igualdad en el ejercicio de derechos de todas y todos

Sofía Guerrero Gámez's picture
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Día Internacional contra la Homofobia, Lesbofobia, Transfobia y Bifobia


En la actualidad, más de 70 países en el mundo criminalizan la homosexualidad y condenan los actos sexuales entre personas del mismo sexo con prisión. En los últimos años, son muchos los avances conseguidos en materia de igualdad, pero todavía queda mucho por recorrer. ¿Cómo se podría aportar una solución a estos problemas?

17 cursos sobre ciudades y desarrollo urbano disponibles en línea, y en español

Ana I. Aguilera's picture
ISTOCK

Gracias a Internet y los avances tecnológicos de la última década, hoy en día es posible estudiar en las universidades más prestigiosas del mundo a una fracción del costo o incluso de manera gratuita. El auge de los MOOCs (cursos masivos abiertos en línea, por sus siglas en inglés) en años recientes ha sido notorio, atrayendo a muchos que antes solo podían optar por el sistema de formación presencial, hasta el punto de llegar a competir por una buena parte del mercado en el sector educativo profesional.

Para muchos latinoamericanos, especialmente aquellos dedicados a la gestión pública, estudiar en las mejores universidades del mundo solía ser un sueño inalcanzable, pero ahora es posible. Si bien los temas y cursos de formación son cada vez más diversos y asequibles, la mayoría son en inglés y existe poco contenido disponible en español.

Para atender esta problemática, en los últimos años diversas instituciones y bancos de desarrollo multilaterales han liderado esfuerzos para crear y hacer disponible este tipo de contenidos y cursos en línea a funcionarios públicos, académicos, estudiantes, ONGs y el público general. A través de alianzas con el Instituto Tecnológico de Monterrey, la Universidad de Los Andes en Colombia y otras de las universidades más prestigiosas de la región, el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y CAF ofrecen una gran variedad de cursos en línea para ampliar la formación de profesionales en el campo del desarrollo sostenible de ciudades, disponibles a través de plataformas como EdX y Coursera.

Así siembran la tecnología los pequeños agricultores de Brasil

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Cleyton, Osni and Zenaide Meyer
La familia Meyer de Anitápolis, Santa Catarina
 

Despertarme con el graznido de unos gansos frente a mi puerta no era lo que imaginaba para comenzar el día. El ordeño de las 6 de la mañana, cuando la temperatura se acercaba a los 0°C, se vislumbraba como una desalentadora tarea inicial en mi pasantía de 12 horas como agricultor familiar en Santa Catarina, Brasil.

Salí de la habitación con varias capas de ropa encima y fui recibido con un mate caliente servido por Zenaide Meyer. Junto a su esposo, Osni, y su hijo, Cleyton, Zenaide administra una granja en Anitápolis, un municipio rural a unos 100 kilómetros al oeste de Florianópolis, capital del estado.

El propósito de mi visita era entender cómo un agricultor familiar toma decisiones con respecto a la adopción de nuevas tecnologías. La producción láctea es la principal actividad de los Meyer, aunque también crían tilapias en lagunas artificiales, así como gallinas, cerdos, árboles frutales y maíz para alimentar a sus vacas.

En 20 minutos ya habíamos ordeñado 40 vacas con los nuevos equipos que adquirió la familia hace dos meses, con el apoyo del programa Santa Catarina Rural. Anteriormente, debían recurrir al lento y trabajoso proceso de ordeñar las vacas a mano. “Decidimos adoptar este sistema automatizado no solo para mejorar la productividad y calidad de la leche, sino también porque Zenaide y yo estábamos teniendo problemas de espalda”, dijo Osni.

En la estación de alimentación de las vacas, la familia también invirtió en mejoras, pero esta vez fue Cleyton quien introdujo una nueva tecnología que controla mejor la nutrición del ganado y ayuda a prevenir las dolencias a las que están expuestas por el ordeño.

Con apenas 20 años, Cleyton participó de un entrenamiento para jóvenes agricultores que también contó con el apoyo del programa. “Después del curso, pude ver que con una inversión relativamente pequeña en equipos nuevos podía ahorrar en alimento y también reducir el número de vacas que sufren infecciones”, explicó Cleyton.

Otras granjas familiares en Anitápolis adoptaron nuevas tecnologías en los últimos años. Como resultado parcial de esto, en la última década se triplicó la producción de leche y la ciudad es ahora uno de los principales centros lácteos de Santa Catarina.
 

En Centroamérica, los jóvenes actúan en contra de un futuro violento

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YAV-meeting

"Me cansé de perder amigos a causa de hechos de violencia con armas de fuego y ver cómo el potencial de mi generación se pierde en prisiones y cementerios”. Estas son las palabras de Ángel Bolívar Araya Castillo, coordinador del Movimiento Jóvenes Contra la Violencia (JCV) en Costa Rica. Tuve el privilegio de encontrarme con Ángel esta primavera cuando él y seis jóvenes representantes del movimiento JCV llegaron al Banco Mundial para hablar de la importancia de la participación juvenil en la prevención de la violencia.