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La inclusión empieza por casa: Una visita al Barrio 31 de Buenos Aires

Graciela Dora Broda's picture

A nuestro alrededor, las construcciones ilustraban un ensamblaje de piezas asimétricas, encastradas unas sobre las otras. Las escaleras se dibujaban como rulos sobre las fachadas con manchones de ladrillos pelados y ventanas enrejadas. La imagen, tan colorida como caótica, es parte del Barrio 31, la villa más céntrica de la Ciudad de Buenos Aires, y hogar de 45.000 personas.

Aunque ya había visitado Barrio 31 anteriormente, sí fue la primera visita de trabajo como parte del equipo del Banco Mundial que lleva adelante el proyecto de Transformación Urbana del Área Metropolitana (AMBA). En otras palabras, pude conocer de cerca e involucrarme en esa iniciativa a la que di apoyo administrativo desde mi escritorio. 

Esto fue posible gracias a un nuevo programa de capacitación práctica en los proyectos del Banco (ACS - Hands-On Training on Project Cycle), cuyo piloto empezó a implementarse en la oficina del Banco para el Cono Sur a fines de 2017. Se trata de una formación de seis meses que abre las puertas al personal administrativo a participar en instancias de preparación, implementación o finalización del proyecto, incluyendo al menos una visita de campo.

No es que el acceso nos fuera vedado antes, sino que el programa habilita el tiempo para hacerlo, abriendo un espacio en nuestra apretada rutina laboral.

Ni bien fue lanzada la idea, las gerentes del proyecto de transformación urbana, Catheryn Lynch y Beatriz Eraso Puig, me sugirieron sumarme. No lo dudé. Era una oportunidad para entender lo que no estaba escrito: las implicancias y los desafíos que afrontan quienes trabajan para transformar el Barrio 31.

Caminando por algunas de sus calles –muchas ahora pavimentadas- pude ver más que los avances en infraestructura. Además, tomé conciencia de los retos humanos de la transformación, es decir, de cómo influyen otros factores a la hora de introducir las mejoras. Sobre todo, la confianza.
Por ejemplo, que muchos de los vecinos van accediendo de a poco a que sus viviendas sean refaccionadas, una vez que vieron los buenos resultados. Y para construir esa confianza, y permitir la intervención en pos de una mejor calidad de vida, las negociaciones son constantes.



También pude verlo en los nuevos edificios ya habitados del reasentamiento de Containeras. Según nos contaron quienes trabajan allí, las viviendas edificadas con técnicas modernas, sin ladrillos, generaron dudas y descontento. Tanto, que los vecinos pateaban las paredes de sus casas nuevas para comprobar si las construcciones eran tan frágiles como se decía por el barrio. La escucha activa hizo que los nuevos edificios se construyeran con ladrillos.

El recorrido finalizó en los ex terrenos de YPF donde se construirán las casas para las personas que hoy viven en el bajo autopista, ya liberados de contenedores. Pero, en lo personal, el trayecto fue más allá del barrio y transformó mi relación con el proyecto. Después de caminar por sus calles serpenteantes, la transformación urbana del Barrio 31 ya no es una abstracción en un archivo sobre mi pantalla.