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Me parece realmente muy positiva, enriquecedora, y acertada, esta iniciativa del Banco Mundial de consultar la opinión de los ciudadanos en relación a los grandes temas que concitan la preocupación nacional, y su visión sobre la participación del Banco Mundial en relación a ellos. ¡Vaya; es toda una novedad! En primer lugar, porque los ciudadanos siempre nos hemos sentido muy lejos de las decisiones que los organismos internacionales, llámense FMI, BM, BID, CAF, u otros, acuerdan con los gobiernos de nuestros países, lo cual hace que, o bien por falta de información o por no apreciar directamente los beneficios de esas decisiones, lo único que nos queda claro es que nos seguimos endeudando, pero nunca mejorando. Las frustradas experiencias pasadas, y más que nada el mal espejo que ha significado el FMI, son ejemplos más que contundentes. Y esto termina en un círculo vicioso: los gobiernos se desgastan, los organismos se desacreditan, y los ciudadanos terminamos frustrados. Los gobiernos pasan, las instituciones quedan. Y quizá dentro de los que terminan más desacreditados, por un tema de percepciones, son los organismos internacionales los cuales, a nuestros ojos, son todos “la misma cosa”, y dependen todos de los mismos victimarios. Además, en el fondo son organismos donde todos tenemos parte, pero nadie asume culpas. ¿Son realmente estos organismos los únicos victimarios de nuestros fracasos? No me lo creo. Hemos tenido políticos y gobernantes ineficientes e inescrupulosos que pasan por la historia de nuestros países como golondrinas de verano; sumando la ineficiencia de quienes piden con la complicidad de quienes prestan. Hace ya casi cuatro años, Peter, que yo retorné de Venezuela, donde viví durante los dieciocho años en que se gestó la Revolución Bolivariana de Hugo Chávez. ¡Cuántas experiencias valiosas me traje de esa dura realidad venezolana! ¿Socialismos? ¿Izquierdismos? ¿Qué validez tienen esas ideas e ideologías en los cambiantes y exigentes momentos actuales? Me permito asegurar, Peter, que si un país aprovechó y aplicó bien las lecciones de esas dolorosas experiencias sociales, sin duda es Uruguay. Y por ello me complace que organismos hasta ayer intrascendentes en nuestra percepción, como el BM, se preocupen al fín por nuestra opinión, y nos suministren esa elemental información que nos ilustra y nos enriquece a todos. Creo que las tres preguntas, origen de esta iniciativa - ¿Cuáles crees que son los desafíos más importantes del país? ¿Cómo los está abordando el Banco Mundial? ¿Cómo podemos contribuir en el futuro? -son muy acertadas. Y creo también – revisando los “Casos a estudio que muestra como ejemplo” - que el BM está realizando aportes bien interesantes, apuntando a desafíos neurálgicos del Uruguay. Las Escuelas de Tiempo Completo, en especial, son un formidable medio para continuar profundizando la inclusión social a través de la educación y la formación. Estos centros de educación son el semillero desde donde rescatar y formar los líderes juveniles para apartarlos del delito y la violencia, y ponerlos al servicio de la comunidad. Y éste es uno de los principales desafíos que enfrenta hoy el país. Aquí, yo le pediría un máximo esfuerzo al Banco Mundial. Sugiero, como complemento, la implantación de Centros Comunitarios para desarrollo de actividades deportivas, culturales y sociales, que motiven a adultos y adolescentes a reunirse, conocerse, desarrollar el sentido de pertenencia y elaborar estrategias y objetivos, comprometiéndose con la mejor calidad de vida para sus comunidades. En este sentido, el compromiso social es fundamental. Desarrollo de Cursos para jóvenes y madres jóvenes en formación de valores, y en labores que les permitan revalorizar su autoestima y la sustentabilidad de sus hogares. Reuniones comunitarias de evaluación y seguimiento de los objetivos trazados; charlas de formación en Liderazgo Comunitario, Mediación de conflictos, Aceptación del otro, etc. La idea es, mediante estos centros comunitarios, que los mayores encuentren un espacio donde expresar sus inquietudes y sus ideas, sintiéndose escuchados e incluidos, pero también comprometidos, y que a través del deporte los adolescentes llenen su ocio improductivo, retirándolos de los circuitos delictivos. Toda ayuda posible en cuanto a planes sociales que contribuyan a más y mejor calidad de vida en las comunidades más carenciadas del país, irán en beneficio de acortar las diferencias sociales y fomentar una más sana y productiva convivencia. La experiencia de Medellín en este aspecto, involucrando a las comunidades en el éxito de los proyectos, fue formidable, logrando reducir enormemente las tasas de homicidios. Durante mi estadía en Venezuela, y trabajando con las Asociaciones de Vecinos, fui promotor de un Programa de Seguridad Integral bajo el título “Convivencia sin violencia”, el cual fue muy alabado.. pero más tarde olvidado. Faltó voluntad política. Otra de las iniciativas que me permito sugerir es un Programa de apoyo a la recuperación de reclusos en las cárceles. Asistimos en estos momentos a varias e importantes iniciativas al respecto, las cuales merecen un especial apoyo para su efectividad y continuidad: *Remodelación de pabellones carcelarios destruidos en motines, y ahora rescatados por los mismos reclusos; *Capacitación y reinserción de ex -reclusos en el mercado laboral mediante convenios con la empresa privada; *Fortalecimiento de establecimientos de reclusión tipo granjas productivas autosustentables, con cursos, talleres, y charlas de inducción motivadoras. Estas actividades cumplen varios objetivos: a) contrarrestar el ocio improductivo (uno de los principales males que aquejan a los reclusos); b) devolverles su autoestima haciéndolos sentirse útiles y preparándolos para su reinserción social; c) reconectarlos con la sociedad al ahorrarle ingentes recursos en obras y en su propio mantenimiento. Considerando el resto de las iniciativas y programas en los cuales el Banco Mundial tiene participación, y aunando la participación del BM con el gobierno y la sociedad, no tengo dudas de que además de mejorar la eficiencia en el diseño y la ejecución de las políticas internas, podemos lograr que Uruguay se convierta en ejemplo de construcción de políticas públicas. Lo cual constituiría un motivo de orgullo, para todas las partes. Considero que Uruguay ha tenido una enorme transformación en los últimos años. Hoy, es un país estable, creíble y confiable. Sus fortalezas están en el apoyo a la iniciativa privada, el respeto a la propiedad, y los valores democráticos. Sus principales desafíos están en seguir mejorando la productividad, tanto en la producción como en los servicios, y en la búsqueda de un sano equilibrio tendiente a una mayor equidad a través de políticas de inclusión social. Para ello es imprescindible mejorar la educación, la formación de valores, y aprovechar al máximo el capital humano, su mayor capital. Con el máximo deseo de que estas reflexiones y sugerencias puedan aportar conceptos a esa enriquecedora iniciativa del Banco Mundial, les saludo con mi especial consideración. Cordialmente; Alberto Rodríguez Genta