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Conectar con las personas detrás de las computadoras: mi experiencia sobre la gestión de riesgos de inundaciones en Buenos Aires

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Tras pasar varios años frente a una computadora todos los días, comencé a sentirme lejos de aquellas personas que constituían la verdadera razón de mi trabajo, que tiene el objetivo de construir un medio ambiente más seguro, sano y próspero. Hasta que un día, las personas que conocía fueron afectadas directamente por los problemas en los que estaba trabajando, y mi trabajo pasó a tener otro significado y otra urgencia.

Como especialista senior en agua y saneamiento del Banco Mundial, he estado en ambos lados del mostrador: como alguien que trabaja en temas de gestión de inundaciones, y también como una persona cuya vida ha sido afectada por las repercusiones de las mismas.

Antes de unirme al Banco Mundial, trabajé en la construcción, operación, calibración y análisis de los resultados de modelos computacionales de inundación. Luego en mi rol en el Banco, me involucré en la preparación de un proyecto de US$200 millones —el proyecto Apoyo a la gestión de riesgos ante inundaciones en la Ciudad de Buenos Aires—. Una de las mayores inversiones del programa en términos de infraestructura tuvo lugar en uno de los barrios más acaudalados de la ciudad. Dado que el Banco se proponía invertir tanto dinero en la infraestructura de un área tan acomodada, tuve que preguntarme: ¿qué relación tenía esta inversión con el doble objetivo del Banco de erradicar la pobreza extrema y promover la prosperidad compartida?

Esto quedó claro para nuestro equipo cuando estábamos definiendo los beneficiarios del proyecto.  Gracias a un sondeo realizado bajo un proyecto de transporte, supimos que alrededor de 1,7 millones de personas viajan diariamente a través de las cuencas objetivo —sin contar las 1,3 millones de personas que viven en las mismas—. De los viajeros diarios, el 50 por ciento pertenece a los quintiles de ingresos más bajos.  Sin dudas que el fortalecimiento de la gestión de riesgos ante inundaciones y una mejora en los sistemas de drenaje de la ciudad ayudarían a algunas de las comunidades más vulnerables del área.

Mientras trabajaba en este proyecto, me tomé licencia por maternidad. Cuando regresé a mi trabajo, tuve la suerte de conocer a una mujer para que cuidara a mi hijo.  Ella era mi único sistema de asistencia.  Si ella no venía a trabajar, yo tampoco podía.  Y debido a las inundaciones en Buenos Aires, fueron muchas las veces que ella no pudo llegar a trabajar. 

Esas inundaciones ya no eran modelos y gráficas de computación abstractos.  Pude ver cómo las inundaciones impactaban sobre la cuidadora de mi familia y, a su vez, en mi propia vida diaria.  Pude ver el rostro humano detrás del modelo de computadora. Comencé a pensar en la hipótesis de que las mujeres estaban entre los más afectados por las inundaciones. Las mujeres, como las principales cuidadoras de hogares, deben faltar al trabajo cuando una inundación les impide asistir a las escuelas, hospitales y servicios de cuidado para niños y ancianos.

En este sentido, el proyecto está ayudando a la ciudad de Buenos Aires a recopilar información desglosada por género para comprender mejor el impacto de las inundaciones sobre distintos grupos vulnerables, mujeres incluidas.

Este proyecto, que comenzó en diciembre de 2016, actualmente está en pleno desarrollo. A la larga beneficiará de manera directa a unas tres millones de personas que viven y viajan diariamente por la Ciudad, ayudando a personas como quien cuidaba a mi hijo a llegar al trabajo y asistir a escuelas e instalaciones médicas, y mejorará asimismo las condiciones de vida de miles de personas que viven en asentamientos informales.

Vea el video a continuación que realicé desde la obra del proyecto y manténgase informado de los avances del proyecto.
 
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