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Hacer crecer a las clases medias

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Desde la Gran Recesión de 2008, existe un sentimiento generalizado de malestar entre la clase media norteamericana. Sus ingresos están prácticamente estancados, los niveles de empleo no se recuperan y la brecha entre ellos y el fabulosamente rico 1% de arriba sigue creciendo.

Aunque si miramos al sur del Río Bravo, el panorama es muy diferente. En los últimos diez años, la pobreza moderada (menos de US$4 al día) en América Latina y el Caribe disminuyó de más de 40% a 28%.

Y si considera que la clase media latinoamericana abarca a aquellas personas que viven con entre US$10 y US$50 por día (por persona), entonces ese grupo aumentó en un 50%: de 100 millones a 150 millones de personas — casi un tercio de la población. (Ver Imagen 1) 

Éstas son cifras mayores. ¿Qué hay detrás de este notable proceso de transformación social en un continente que hasta hace poco era sinónimo de estancamiento? Un estudio del Banco Mundial publicado esta semana apunta a las causas más próximas: un crecimiento económico sostenido aunque no espectacular junto a una menor desigualdad.

Esta última no tiene precedentes, según los datos de que disponemos: el coeficiente de Gini disminuyó en 12 de los 15 países analizados por el informe. Y en muchos casos esa disminución fue de cinco puntos o más.

A su vez, detrás del crecimiento y la reducción de la desigualdad se encuentra una extraña combinación de un entorno internacional benigno, mejores políticas fiscales y monetarias (en la mayoría de los países), una menor prima salarial para trabajos cualificados y políticas sociales que al fin fueron diseñadas para alcanzar realmente a los pobres.

Sin embargo, el estudio no pinta un panorama totalmente positivo. Es cierto, América Latina progresó de manera significativa en los últimos diez años. Sin embargo, según la propia definición de los autores — basada en el ingreso necesario para obtener un mínimo de seguridad económica —, menos de uno de cada tres latinoamericanos pertenecen a la clase media.

Casi el setenta por ciento sigue siendo pobre o bien vive en un limbo muy numeroso de entre US$4 y US$10 al día llamado clase vulnerable. Este grupo es ahora la mayor clase económica de América Latina — abarca tanto al ciudadano latinoamericano mediano como el modal.

Además, el estudio indica que esta es una región en donde el nacimiento aún importa y mucho. La educación, el ingreso y la posición social de los padres siguen siendo buenos indicadores del lugar donde uno terminará. Indicadores demasiado buenos...

Se da una paradoja (aparentemente) interesante: la última década tuvo bastante movilidad ascendente en términos de ingreso, pero mucho menos movilidad intergeneracional a largo plazo. Este es un lugar del mundo donde las oportunidades siguen estando distribuidas de forma muy desigual.

Por lo tanto, ¿qué pasará en los próximos diez años? ¿Qué pasa si los precios de las materias primas bajan, y la demanda de lugares como Europa o China se estanca? ¿Puede América Latina seguir progresando en materia social?

Lo que ocurra con el crecimiento seguramente tendrá repercusiones. Sin embargo, el informe sostiene que la respuesta podría depender de cómo esta nueva clase media se relaciona con el resto de la sociedad y los Estados que la gobiernan.

Las pequeñas clases medias de antaño eran prácticamente indistinguibles de las élites y se sentían cómodas con un contrato social fragmentado y desconectado. Fuera de Brasil y Argentina, normalmente pagaban pocos impuestos, recibiendo servicios públicos muy malos a cambio.

Solo que no les importaba: ellas renunciaban a la salud y educación públicas, en algunos lugares incluso pagando por servicios de seguridad y generación eléctrica privados.

¿Mantendrán las nuevas y más grandes clases medias ese mismo patrón? Podrían buscar otro equilibrio, en donde los impuestos tal vez sean un poco más altos, pero los servicios públicos también podrían mejorar — y por lo tanto no ser algo a lo que haya que escaparle.

¡Imagínense un sistema de salud y escuelas públicas que la clase media elija y no evite! Este nuevo contrato social no solo podría ser conveniente para ellos, también lograría que la amplia mayoría, aún pobre o vulnerable, siga teniendo la posibilidad de movilidad ascendente que hemos observado en los últimos diez años.
 

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