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Una década de alianzas público-privadas en América Latina y el Caribe: ¿qué hemos aprendido?

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Foto (derecha): Amarin Jitnathum / Shutterstock

La región de América Latina y el Caribe registra una brecha de infraestructura: necesita invertir al menos el 5 % del producto interno bruto (PIB) para atender sus necesidades en ese sector, pero actualmente invierte solo la mitad de ese porcentaje. Por decirlo de manera suave, los sectores público y privado y las entidades multilaterales que operan en la región aún tienen mucho que mejorar.

A partir de 2005, y gracias al esfuerzo conjunto de estos actores, las alianzas público-privadas (APP) volvieron a ser una herramienta ampliamente utilizada. Hasta fines de la década de 1990, América Latina y el Caribe era la región en la que más proliferaban estos mecanismos. En ese momento, las inversiones se desplomaron debido en parte a las reacciones adversas provocadas por la implementación deficiente de las APP.

Impulsados por la disminución del precio de los productos básicos y el aumento del déficit fiscal, así como por la mejora de las condiciones para implementar APP, muchos países establecieron organismos específicos y fortalecieron las regulaciones, con lo que las inversiones mediante APP crecieron de USD 8000 millones en 2005 a USD 39 000 en 2015. En total, en apenas una década, la región de América Latina y el Caribe ha registrado inversiones de USD 361 300 millones en alrededor de 1000 proyectos de infraestructura enmarcados en APP, mayormente en los sectores de energía y transporte.