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De la crisis a la resiliencia: Ayudar a los países a encarrilarse

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Hace apenas dos semanas, los ciudadanos de Sierra Leona celebraron en su país el fin de la transmisión del ébola (i) con aclamaciones y bailes en las calles de Freetown. Es un hito digno de celebración en un país que sufrió cerca de 4000 muertes por el virus mortífero.
 
Noticias como esta de Guinea, Liberia, y Sierra Leona (i) son un recordatorio de cuán importante es no bajar la guardia frente a brotes futuros y seguir apoyando a los países mientras sus economías se recuperan. Tomemos el caso de Bindeh Kamara, de Sierra Leona, una joven de 22 años, madre de cuatro hijos que perdió a su marido a causa del ébola. Sin su ingreso, Bindeh tuvo que esforzarse para pagar la comida, la ropa, y la matrícula escolar de sus hijos.

La historia de Bindeh no es única. El costo principal del brote han sido las muchas vidas perdidas. Pero los efectos socioeconómicos de la crisis también han acabado con los avances en materia de desarrollo logrados con tanto esfuerzo en los países afectados. Un informe (i) reciente estima que la pérdida de trabajadores de la salud por el ébola podría aumentar la mortalidad materna en Guinea, Liberia y Sierra Leona a tasas vistas por última vez hace 15 a 20 años. El virus también causó graves pérdidas a la agricultura ya que los agricultores abandonaron sus campos, llevando a la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Programa Mundial de Alimentos a estimar (i) que cerca de 1 millón de personas podrían pasar hambre.
 
Durante el año pasado, la Asociación Internacional de Fomento (AIF), el fondo del Banco Mundial para los más pobres, movilizó USD 1170 millones para los tres países más afectados por el ébola. Más de un tercio de este financiamiento provino del Mecanismo de Respuesta a las Crisis (CRW, por sus siglas en inglés) de la AIF, que ayuda a los países a responder a las crisis excepcionalmente graves.
 
El financiamiento ayudó a Guinea, Liberia y Sierra Leona a contener la propagación de infecciones, garantizando más trabajadores de la salud, suministros médicos y medicamentos, pruebas de laboratorio aceleradas, campañas de educación sobre el ébola, vigilancia y entierros seguros. También ha ayudado a las comunidades afectadas por la enfermedad a hacer frente a las consecuencias humanitarias y económicas, proporcionando alimentos y suministros básicos a más de 700 000 personas en las zonas en cuarentena y 10 500 toneladas de maíz y semillas de arroz a más de 200 000 agricultores de los tres países.
 
La capacidad del Banco Mundial para responder rápidamente a la crisis (i) del ébola se vio reforzada por el compromiso de nuestros accionistas de reservar financiamiento para responder a las crisis graves en los países más pobres, que tienden a ser más vulnerables a los efectos de los desastres naturales y las crisis económicas. El CRW fue una importante innovación que creó un flujo de fondos predecible y de rápido despliegue. En un año del ciclo actual de financiamiento de la AIF, todos los fondos del CRW habían sido asignados para ayudar a los países a responder no solo a la crisis del ébola, sino también a los ciclones en Vanuatu y Tuvalu, las inundaciones en Malawi y las Islas Salomón, y el terremoto en Nepal.
 
Una vez que la crisis inmediata ha terminado, se sigue trabajando para reconstruir comunidades y economías más resilientes. En los países afectados por el ébola, el apoyo de la AIF está ayudando a crear capacidad de adaptación ante futuras crisis a través de sistemas de salud más sólidos, acceso a agua potable e instalaciones de saneamiento, mejores sistemas educativos, y fuentes más confiables de electricidad. También está ayudando a personas como Bindeh a volver a levantarse. Un programa de transferencias de dinero en efectivo la está ayudando a iniciar un pequeño negocio, proporcionándole una fuente sostenible de ingresos para atender a su familia y continuar su educación.
 
La crisis del ébola nos enseñó que una respuesta rápida es fundamental para salvar vidas. Pero también reforzó una lección básica: para evitar futuras crisis, debemos seguir apoyando a los países en el largo plazo y ayudarlos a construir un futuro más resiliente.
 
 

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