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Septiembre 2013

Seamos la generación que termine con la pobreza

Jim Yong Kim's picture
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Tal vez no lo crea, pero la pobreza extrema está en retirada. En 1990, el 43% de los habitantes del mundo en desarrollo vivía con menos de US$1,25 al día. En la actualidad, la tasa mundial de pobreza se ha reducido a menos del 20%. Si el mundo puede evitar caer en la autocomplacencia y mantener el impulso del lado de los pobres, tenemos una oportunidad real de poner fin a la pobreza extrema en el curso de una sola generación: esta generación.

En el Grupo del Banco Mundial, el primer objetivo es terminar con la pobreza extremaantes de fines de 2030. Nuestros 188 países miembros hicieron suya esta meta. Estamos colaborando estrechamente con ellos, así como con el sector privado, los grupos de la sociedad civil y otras organizaciones internacionales para lograrlo. Pero también necesitamos su ayuda. Todos podemos desempeñar un papel, a través de la educación, la participación política, y por medio de la acción. Lo que necesitamos es un movimiento mundial para hacer que la presente generación ponga fin a la pobreza extrema; en otras palabras, necesitamos un enorme respaldo público en todo el mundo para mantener a todos centrados en el mismo objetivo.
Cero pobreza para 2030

Ampliar los seguros de salud asequibles: Muchas recetas diferentes para el mismo plato

Jorge Coarasa's picture

             A baby in Ghana rests under a bed net to prevent malaria. (c) Arne Hoel/World Bank
El debate sobre la manera de garantizar buenos servicios de salud para todos, asegurando al mismo tiempo la asequibilidad, no es nuevo.

Sin embargo, en el último tiempo ha adquirido un nuevo impulso bajo el concepto de la cobertura universal de salud (UHC, por sus siglas en inglés).  Las discusiones sobre la UHC son controvertidas, y como señaló (i) Tim Evans recientemente: ‘"Gran parte del debate se bloquea en la disyuntiva de si el sistema se financiará con ingresos públicos, impuestos, o contribuciones a los seguros".

Mujeres a la vanguardia de la acción en materia climática

Rachel Kyte's picture
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Mussarat Farida Begum Mussarat Farida Begum tiene un pequeño salón de té en Garjon Bunia Bazaar, una comunidad rural de Bangladesh. Como parte de un programa que ha ayudado a ese país a llevar energía eléctrica a más de 2 millones (i) de familias rurales y tiendas de ingreso bajo, Mussarat compró un sistema de energía solar para uso doméstico por US$457, con un pago inicial de US$57, y un crédito por el resto. Ella paga el préstamo en cuotas semanales con el dinero que gana al poder mantener su negocio  abierto después de oscurecer, ya que ahora cuenta con iluminación. Su salón de té está prosperando y su familia vive con mayor comodidad gracias al aumento de sus ingresos. Ahora tienen electricidad en el hogar y sus hijos pueden estudiar en la noche.

Por qué escribo un blog

Shanta Devarajan's picture
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Mujeres en India recogen agua. © Curt Carnemark / World BankEste blog fue publicado primero en inglés aquí: Future Development

Escribo un blog por un motivo muy simple: los pobres son pobres porque no los defienden ni los mercados ni los Gobiernos. Cuando fallan los mercados —por ejemplo, suministrando bienes públicos de manera insuficiente, como el drenaje de un pantano o la fumigación aérea contra la plaga de langostas— es sabido que los Gobiernos intervienen, proporcionan el servicio, y se llevan el crédito por ello. Pero cuando el Gobierno falla —por ejemplo, los maestros de escuelas públicas están ausentes de las aulas, (i) o los médicos gubernamentales no atienden en los centros de salud públicos (para obligar a los pacientes a usar las clínicas privadas que cobran por sus servicios), (i) o los costos del transporte aumentan debido a un monopolio de la industria de carga por carretera (i) que está ligada al partido gobernante— no queda claro quién solucionará el problema. Porque estas fallas del Gobierno son el resultado de intereses políticos poderosos que usan el sistema a expensas de los pobres. Los dirigentes que tratan de corregirlas corren el riesgo de perder las próximas elecciones.

Una escuela llamada Uruguay: Cómo manejar la crisis de Siria sin comprometer las inversiones en desarrollo a largo plazo

Simon Thacker's picture

Es fácil olvidar el comienzo de las clases cuando los titulares de prensa destacan la violencia y la agitación política en Oriente Medio y Norte de África. Los niños, desde el Mashreq hasta el Magreb, han iniciado el retorno a la escuela. Los padres compran útiles escolares para los más pequeños y millones de adolescentes están recorriendo un camino que puede forjar su futuro profesional. Esta semana, el blog del Banco Mundial Voces presenta “Regreso a la escuela 2013”, una serie centrada en los desafíos que maestros y estudiantes enfrentan en la región, y las políticas y programas que pueden cambiar a una generación. Esperamos sus comentarios.

Alguna vez estuvo en los terrenos de la embajada de Uruguay en el Líbano, y de ahí le quedó el nombre. En la actualidad, la escuela primaria Uruguay se encuentra en un edificio nuevo ubicado en una zona bulliciosa y completamente diferente de Beirut. Es difícil reconocerla como un colegio a primera vista ya que se trata de un inmueble de siete pisos que se encuentra entre otras construcciones de altura de oficinas y fábricas en una importante avenida.
 
El silencio reina en su interior. Los estudiantes acaban de partir hacia sus vacaciones de verano y no se escucha ninguno de los ruidos característicos de una escuela: la tiza sobre la pizarra, los maestros dando clase, los alumnos susurrando o, a veces, riendo. Solo permanecen allí la directora y el personal clave, organizando el término del año escolar.

Prácticas de laboratorio y aprendizaje: Aumentar la innovación en el Grupo del Banco Mundial

Aleem Walji's picture
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Aleem Walji, director de Laboratorios de Innovación (i) del Banco Mundial, fue entrevistado recientemente por Forbes (i) y Skoll World Forum (i) sobre la innovación y el desarrollo. Este blog destaca algunos de los puntos clave de dicho encuentro.
 
Cuando ingresé al Banco Mundial a fines de 2009, me preguntaron cómo podíamos respaldar la innovación de manera más sistemática. Comenzamos basándonos en la Política de acceso a la información del propio Banco, que fue fundamental para nuestra iniciativa de Datos de libre acceso. Cuando pusimos nuestros datos a disposición del mundo en un formato legible por máquina, aptos para realizar búsquedas y posibles de reutilizar, en abril de 2010, los usuarios acudieron en masa. En cuestión de meses, teníamos más tráfico en nuestro catálogo de datos que la página de inicio del Banco Mundial.