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Aumentar la resiliencia de los refugiados y ayudarlos a reconstruir sus vidas con dignidad

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© Dominic Chavez/World Bank

En el Día Mundial de los Refugiados, rendimos homenaje a los rostros de la resiliencia: madres, padres, esposos, esposas y niños, que huyeron de horribles circunstancias, y que continúan luchando todos los días para reconstruir sus vidas con dignidad.

En momentos en que el número de desplazados por los conflictos aumenta a máximos históricos, es fácil perder de vista los rostros detrás de las estadísticas. Pero, recientemente, ha habido un cambio radical en la manera en que el mundo está manejando esta crisis, poniendo a la gente en primer lugar, y haciendo posible que los refugiados trabajen o vayan a la escuela y lleguen a ser autosuficientes, que formen parte integral del desarrollo de los países anfitriones.

Nuestros estudios indican que, en la actualidad, casi el 90 % de los refugiados vive en el mundo en desarrollo, y que más de la mitad de ellos han estado desplazados por más de cuatro años. No solo eso: dado que los refugiados huyen a la localidad segura más cercana, suelen terminar viviendo en sitios remotos en los países de acogida, donde las comunidades locales quizás están en condiciones similares de pobreza que ellos, y las oportunidades económicas son escasas. Esto puede derivar en una competencia por los recursos, agravando a veces las tensiones.

Los países en desarrollo que han acogido a refugiados durante años están profundamente conscientes de esta realidad, y muchos están cambiando su enfoque sobre el tema. Por ejemplo, Uganda (i) —el mayor país anfitrión de África con 1,3 millones de refugiados— aplica una de las políticas más progresivas en el mundo: los refugiados pueden recibir tierras, trabajar y moverse libremente, establecer negocios, y acceder a servicios públicos como educación y atención de salud.

En Etiopía, (i) donde actualmente residen 800 000 refugiados en 25 campamentos, el Gobierno se comprometió a tomar nueve medidas en septiembre pasado para emprender una serie de reformas ambiciosas, entre ellas permitir que los refugiados puedan gradualmente vivir fuera de los campamentos, y proporcionar permisos de trabajo y acceso a los servicios. También se ha propuesto establecer un parque industrial en el que el 30 % de los puestos de trabajo sería ocupado por refugiados. En Chad, (i) el Proyecto de respuesta de emergencia a la crisis alimentaria y ganadera (i) financiado por el Banco Mundial está ayudando a 70 000 refugiados a comenzar a reconstruir sus vidas. Daniel Debah, un refugiado que vive en este país, usó una pequeña subvención para semillas de maní sin cáscara proporcionada por dicho programa y logró cultivar lo suficiente para mantener a su familia y obtener un “ingreso seguro”.

¿Por qué ocurren estos cambios? Los países anfitriones están cada vez más conscientes del tema de la seguridad en los campamentos y, al mismo tiempo, se dan cuenta que la presencia de refugiados puede generar oportunidades económicas. También comprenden que la mala gestión de las crisis podría tener un efecto desestabilizador en la situación política del país. La combinación de reuniones de alto nivel, como la Cumbre de las Naciones Unidas sobre Refugiados y Migrantes realizada en septiembre pasado, con la disponibilidad de nuevos recursos ha ayudado a impulsar las reformas.

Para el Grupo Banco Mundial, esto es una tendencia positiva. Con el fin de apoyar nuestra misión de poner fin a la pobreza extrema y promover la prosperidad compartida, la asistencia que proporcionamos se ha centrado principalmente en la creación de empleos y oportunidades que beneficien a los refugiados y a los países de acogida por igual. Estamos destinando USD 2000 millones procedentes de la Asociación Internacional de Fomento, el fondo del Banco Mundial para los países más pobres del mundo, para apoyar a los países de ingreso bajo que procuran llevar adelante estos cambios normativos.

Los países de ingreso mediano también se han visto afectados, como se observa en el conflicto sirio. Albergan a alrededor de 6 millones de refugiados en el mundo, pero sin el apoyo de financiamiento en condiciones concesionarias tienen dificultades para cubrir los costos de la afluencia repentina de personas. Con el fin de subsanar este déficit, el Servicio Mundial de Financiamiento en Condiciones Concesionarias (GCFF), (PDF, en inglés) puesto en marcha el año pasado en conjunto con las Naciones Unidas y el Grupo del Banco Islámico de Desarrollo, ha dispuesto USD 1000 millones para asistir a los refugiados y las comunidades anfitrionas en el Líbano (i) y Jordania, (i) así como en otros países de ingreso mediano en el futuro.

Más de 40 000 refugiados sirios ya han recibido permisos de trabajo gracias a un proyecto de USD 300 millones apoyado por el GCFF dirigido a promover la inversión y la creación de empleos tanto para los jordanos como para los refugiados sirios. En el Líbano, el GCFF está apoyando un proyecto por un monto de USD 200 millones cuyo objetivo es generar empleos en el sector de la construcción para los trabajadores libaneses y los refugiados sirios y, al mismo tiempo, construir carreteras que conectarán a las regiones menos desarrolladas con los centros de actividad económica.

Estos mecanismos de financiamiento innovadores pueden ayudar a que el impulso de cambio se traduzca en acción. Existe margen para desarrollar instrumentos financieros y de mitigación de riesgos que ayuden a movilizar recursos del sector privado. Esto podría incluir el aprovechamiento de los recursos de la diáspora o el desarrollo de instrumentos y mecanismos de eliminación de riesgos en el sector privado, tales como financiamiento combinado, seguros contra riesgos políticos y garantías parciales contra riesgos.

Por supuesto, no deberíamos subestimar la complejidad y la magnitud del desafío. Uganda, incluso con sus políticas progresivas, enfrenta otra crisis: 20 000 personas procedentes de Sudán del Sur arribaron semanalmente solo en marzo. Se espera que lleguen otros 500 000 refugiados para fines de año. Necesitamos hacer más por los países que están en riesgo de recibir afluencias recurrentes de personas a fin de ayudarlos a avanzar de medidas de respuesta a la crisis a medidas para aumentar la resiliencia y mejorar la preparación.

El ministro de Finanzas, Planificación y Desarrollo Económico de Uganda, Matia Kasaija, es un testimonio viviente de lo que se puede hacer. “No hay nada tan deshumanizador que ser un refugiado. Te conviertes en nada; no tienes ningún estatus”, dijo al contar su experiencia como exrefugiado durante las Reuniones de Primavera del Grupo Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI). “Tratamos de que estas personas se instalen para que puedan vivir una vida normal”, agregó.

Tenemos una oportunidad para lograr un cambio real en las vidas de los refugiados y las comunidades de acogida. El año 2018, hasta que se apruebe un pacto mundial sobre refugiados, será crucial para reunir a la comunidad internacional en torno a estos esfuerzos.

En el largo plazo, nuestra meta final es crear sociedades más estables que ofrezcan oportunidades para todos, de modo que las personas no se vean obligadas a huir. Y esta es una meta que podemos realmente lograr.

Este blog se publicó originalmente en LinkedIn el 20 de junio de 2017. (i)

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