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Djibouti

El uso de la tecnología funciona para solucionar los problemas de los pobres; simplemente tenemos que hacerlo bien

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© Sarah Farhat/Banco Mundial

Siempre que viajo, uno de los signos alentadores que observo es la diferencia que está marcando la tecnología en la vida de millones de personas marginadas. En la mayoría de los casos, esto sucede a pequeña escala, sin atraer la atención y de cientos de maneras diferentes, mejorándose silenciosamente las oportunidades de progreso denegadas a las comunidades remotas, las mujeres y los jóvenes.

Y debido a que esto pasa desapercibido, me atrevo como optimista que soy a insinuar que estamos en el inicio de algo importante, un lento “tsunami” de cosas positivas. Permítame mencionarle algunas de las razones por las que creo esto.

Djibouti: el lugar donde confluyen el desplazamiento forzado y la migración

Varalakshmi Vemuru's picture
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En el contexto de una próxima reunión de alto nivel de la ONU para analizar los grandes desplazamientos de refugiados y migrantes, este blog ofrece una perspectiva en terreno acerca de la situación de Djibouti con respecto a los flujos de refugiados y migrantes. Para preparar el Proyecto de respuesta de desarrollo a los impactos del desplazamiento, visité el campo de refugiados de Ali Addeh en la región de Ali Sabieh, que ha albergado principalmente a refugiados de Somalia durante más de dos décadas. También visité la ciudad de Obock, que ha acogido a refugiados de Yemen en el campo de refugiados de Merkazi después de la crisis de 2015, y tomé contacto con migrantes del Cuerno de África que viven en la ciudad.
En Ali Addeh, se aprecian dos realidades sorprendentes. La primera se relaciona con las sequías que hicieron disminuir la cantidad de ganado que poseían los pastores de las comunidades de acogida locales. Esto los dejó más vulnerables y empobrecidos que los refugiados en los campamentos. Una refugiada que buscaba leña hizo hincapié en que las comunidades de acogida locales necesitaban urgente apoyo e intervenciones de desarrollo.
El puerto de Obock, punto de partida del viaje. (Foto: Benjamin Burckhart)

La segunda realidad se relaciona con la ausencia casi total de hombres y mujeres de entre 16 y 30 años de edad, tanto en los campos de refugiados como en las comunidades de acogida. En las conversaciones que sostuve, quedó claro que este grupo al ver las pocas oportunidades económicas en el entorno local se había trasladado a la capital en búsqueda de empleos informales, poco calificados y con baja remuneración. Cuando hicimos un seguimiento de estos jóvenes, encontramos que muchos quedaron varados en “Balbala”, un barrio precario contiguo a Djiboutiville, la ciudad capital. Sus pocas habilidades y la falta de recursos los habían dejado más vulnerables que antes. Algunos, por supuesto, habían continuado el viaje hasta Obock para explorar la posibilidad de viajar a Oriente Medio y Europa.

El futuro está en las manos de ella

Bassam Sebti's picture
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Shams es descrita como una niña de ideas fuertes. Ella es alegre y está llena de energía. Sueña con un gran futuro, y ayuda a los niños y los alienta a aprender y jugar.

Pero Shams no es una niña real. Se trata de un títere y es uno de los personajes ficticios más populares del programa infantil Iftah Ya Simsim, (i) la versión árabe de la famosa serie de TV Sesame Street, (i) de larga permanencia en Estados Unidos y que empezó a transmitirse en el mundo árabe en los años ochenta.

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